HOVHANESS 50

La “Sinfonía Nº 50”  (Mount Saint Helens) Op.360  fue terminada el 24 de enero de 1982 en recuerdo del desastre de la erupción del volcán Mount Saint Helens. La montaña pertenece a la cordillera paralela a la costa del Pacífico, conocida como Cascade Range, sobre la cual hemos hablado en su anterior sinfonía 29, estando situada en el estado de Washington a 154 km al sur de Seattle. Era conocida por los indios con el nombre de Louwala-Clough, significando montaña humeante. A principios del año 1980 tenía 2950 metros de altura con una esbelta silueta simétrica que le valió ser llamado el Fujiyama de América.

Después de haber estado 123 años sin actividad el 18 de mayo de 1980 por la mañana un terremoto desplomó su cara norte presionada por el magma que subía por su interior, quedando reducida a un enorme depósito de escombros. Esto produjo una devastadora explosión de gases, roca medio fundida y vapor de agua. El fragmento de montaña derrumbado sepultó para siempre el Spirit Lake con su agua convertida en vapor. El lago situado en la falda de la montaña había sido un lugar idílico, muy amado por los excursionistas. Una inmensa nube de ceniza cubrió el cielo y la explosión lateral causó una amplia devastación alcanzando los 30 km de distancia. La inesperada explosión causó la muerte de 57 personas, destruyendo casas, puentes, vías férreas, autopistas, calcinando extensas zonas de bosques.

SAINT HELENActualmente la montaña tiene 2550 metros de altitud, habiendo perdido en la erupción unos 400 metros. Fue la erupción más mortífera en la historia de los Estados Unidos.

La sinfonía de Hovhaness conmemora este hecho, pedida por el antiguo editor del compositor, CF Peters. La obra fue estrenada por la San Jose Symphony dirigida por George Cleve el 2 de marzo de 1984. La sinfonía logró un gran éxito, convirtiendo su movimiento final en una de las piezas más admiradas por el público en la década de los años 1980.

El primer movimiento, andante, empieza con un tema en la cuerda, que crece con la entrada de las trompas. Se desarrolla mediante amplias líneas melódicas. Sugiere la grandeza de la montaña, antes de la terrible erupción volcánica. Líricas melodías derivadas del tema principal son interpretadas por la madera. Una gran fuga es iniciada por la cuerda, como un canto de alabanza a la montaña.

El segundo movimiento, allegro, lleva el subtítulo Spirit Lake. Empieza con la intervención de la percusión en el estilo indio denominado jhala taranga, como se ha visto anteriormente en su sinfonía 39, para expresar las olas del agua. Líricas melodías interpretadas por el corno inglés y otros instrumentos del grupo de las maderas, intentan expresar la belleza natural que tenía el lago antes de su destrucción. En la parte final encontramos un dúo lírico interpretado por las flautas, acompañadas por acordes en pizzicato de la cuerda, terminando con la música acuática de la percusión.

El último movimiento, adagio, allegro, se subtitula Volcano. Representa el desastre que se produjo en la mañana del 18 de mayo. Empieza con un profundo himno interpretado por las trompas. Se escuchan misteriosos murmullos de la percusión. La flauta solista empieza unas frases como solista, que son brutalmente interrumpidas por una explosión de los tambores, que hará saltar de su butaca a más de un espectador. Empieza la música que representa la terrible erupción volcánica con violentas intervenciones del metal y la percusión. Impulsivos glissandos de los trombones y un caos de la cuerda anteceden a un triple canon formado por 20 voces utilizando el metal, madera y cuerda. La percusión pone su martilleante fondo marcando la destrucción que sigue y sigue. Empieza una rápida fuga sobre el motivo del himno inicial, que se mantiene sobre el continuo martilleo de la percusión. Finalmente el motivo principal se convierte en un himno de alabanza a la naturaleza.

Una sinfonía descriptiva, que después de expresar la belleza de la montaña y del lago destruido para siempre, nos relata la terrible erupción volcánica de un modo muy realista, terminando con un noble himno de acción de gracias. Según las propias palabras del compositor, un himno de alabanza al poder juvenil y a la grandeza de la cordillera de las Cascades, a la energía volcánica renovando la vitalidad de nuestro hermoso planeta, la viva tierra, con el poder vivificante que construye montañas, elevándose majestuosamente, perforando las nubes del cielo.

La composición de esta obra me produjo un tremendo malestar, por alguna extraña razón y la reescribí muchas veces, compuse tanto como dos sinfonías enteras que deseché completamente. Creo que el tema, de alguna forma me espantaba.