MENDELSSOHN 3

La “Sinfonía Nº 3 en la menor" Op.56 (Escocesa) se termina el 20 de enero de 1842. La gestación de esta obra fue muy larga, mucho mayor que la anterior. La primera idea surgió en 1829 durante su viaje a Escocia, añadiéndole algunas ideas en Londres. Su composición es paralela a la Italiana, pues la continuó durante su estancia en Roma en 1830 y 1831, pero sin avanzar demasiado. Durante diez años permaneció en espera hasta su finalización en 1842. Se estrenó en Leipzig por la orquesta de la Gewandhaus, el 3 de marzo del mismo año. Su publicación fue dedicada a la reina Victoria.

El primer movimiento, andante con moto, allegro un poco agitato, assai animato, empieza con una introducción lenta, que marca claramente el ambiente de la obra. En tono menor, sus notas oscuras nos pintan el paisaje nórdico donde se desarrolla la acción. Los primeros 16 compases fueron escritos en 1829. Mendelssohn se inspiró para estos compases, en las impresiones recibidas durante  su visita al palacio de Holyrood en Edimburgo, mientras contemplaba la capilla en ruinas, en que fue coronada la reina María Estuardo.

El primer tema del allegro continúa manteniendo el ambiente nuboso, pero a la vez con cierta solemnidad. Es presentado por los clarinetes y cuerdas. La transición nos pasa a un mayor dramatismo para presentar el segundo tema más rítmico. La coda de la exposición está basada en un tercer tema más melódico. Después de repetir la exposición, el desarrollo emplea los temas con amplio contrapunto, hasta llegar a la repetición del melódico tercer tema. Según la forma sonata, sigue la reexposición hasta llegar a la coda de carácter tempestuoso, con ondulaciones fantasmales en las cuerdas que terminan en stretta, pero finalmente se retorna, como para cerrar el ciclo, al motivo oscuro de la introducción.

El segundo movimiento, vivace non troppo. posee su tema principal presentado por el clarinete y repetido por la orquesta. Es una melodía pentatónica de origen folclórico, proveniente de las antiguas canciones gaélicas. El segundo tema es más estilizado y rítmico. La coda termina en pianissimo, como si todo hubiera sido el fruto de un sueño.

El tercer movimiento, adagio, escrito en forma sonata clásica, presenta sus dos temas muy contrastados. El primero es una suave melodía que endulza el ambiente, presentada por los violines, sobre el pizzicato del resto de las cuerdas. Sin transición, aparece el segundo tema, como una solemne y trágica marcha en modo menor, con el viento tocando en su registro grave.

El dramatismo aumenta cuando se interpreta en fortissimo por toda la orquesta. La exposición termina de modo melódico sobre una variación del primer tema. Durante el desarrollo se amplifica la tensión al tomar el mando el segundo tema. En la reexposición el primer tema es interpretado por los violoncelos aumentando su melodismo. Termina con una tranquila coda.

El cuarto movimiento, allegro vivacissimo, allegro maestoso assai, es una vigorosa danza, mezclada con melodías de sabor popular. El primer tema, de carácter escocés, es muy vivo y el segundo confiado al viento, presenta el debido contraste. En el desarrollo se mezclan los dos temas.

Terminada la reexposición aparece la coda, anunciada por llamadas enfáticas de toda la orquesta, pero es un falso final. El sonido se va apagando hasta quedar reducido a un diálogo entre el clarinete y el fagot, dando de nuevo el color nórdico al ambiente. Entonces aparece el allegro maestoso assai, presentando una especie de marcha triunfal derivada de la introducción de la sinfonía, con lo cual se cierra el círculo. El tema se repite en crescendo y de un modo solemne se termina la sinfonía.