NORGARD 4

La “Sinfonía Nº 4”, fue compuesta en 1981 inspirada en la obra del dibujante suizo Adolf Wölfli (1864-1930), que el compositor descubrió durante una visita al Louisiana Museum of Art en Humlebeak, Dinamarca, durante el otoño de 1979. Este descubrimiento cambió radicalmente su estilo musical.

Adolf Wölfli, nacido en Berna, tuvo una infancia turbulenta. Víctima de abusos sexuales quedó huérfano a los diez años, interno en diversos orfanatos. Trabajó como peón agrícola y llegó a alistarse fugazmente en el ejército.

Acusado de pederastia fue encarcelado. Después de su liberación fue nuevamente arrestado por abuso de menores siendo ingresado en el hospital psiquiátrico Waldau de Berna, donde pasaría el resto de su vida.

Siendo víctima de psicosis y alucinaciones, inicialmente su comportamiento se describía como violento y agitado, razón por la que durante una etapa se le mantuvo en régimen de aislamiento. Algún tiempo después de su internamiento, Wölfli comenzó a dibujar. Por desgracia sus primeros dibujos no han sobrevivido, resultando por tanto difícil determinar el momento exacto en que emprendió su obra. Los dibujos más antiguos que se conservan, unos 50, fueron realizados entre 1904 y 1906.

Walter Morgenthaler, médico de la Clínica Waldau, se interesó por la labor de Wölfli, llegando a publicar en 1921 la obra Ein Geisteskranker als Künstler[1] con la que el enfermo sería presentado como artista. Quería demostrar que una persona con una enfermedad mental severa podía ser un artista serio y contribuir al desarrollo del arte.

La obra gráfica de Wölfli era iconoclasta, influyendo en el desarrollo del arte marginal o art brut. Wölfli produjo una impresionante cantidad de trabajos a lo largo de su vida, frecuentemente con los materiales más pobres e intercambiando obras menores por lapiceros y papel con los visitantes de la clínica.

Las imágenes creadas por Wölfli son complejas, intrincadas e intensas, extendiéndose hasta los mismos márgenes del papel. Como manifestación de su horror vacui, cada espacio vacío estaba ocupado por dos pequeños agujeros. Wölfli llamaba a las formas que rodeaban estos agujeros, sus pájaros.

Sus imágenes también contenían una dimensión musical fuertemente idiosincrática. Esta dimensión fue desarrollándose hasta desembocar en auténticas composiciones que Wölfli interpretaba con una trompeta de papel.

En 1912 había realizado planes para una obra musical con el título de Indischer Roosen-Gaarten und Chineesischer Hexen-See, que por razones obvias no pudo llevar a cabo. Nørgård tuvo suficiente con el título para inspirarse y escribir la obra que el artista no había podido realizar. Con el nombre de Hommage à Adolf Wölfli compone una sinfonía programática en dos movimientos.

El primer movimiento, Indischer Roosen-Gaarten, empieza con la base de una melodía que Nørgård había escrito para el poema de Wölfli Abendlied, canción de tarde. Las palabras de la canción forman un motivo descendente, que es llevado a los violines tomando formas desintegradas y colapsadas, efectivamente bastante tranquilas pero con una calma irreal.

La segunda parte del movimiento tiene como base el canto de un pájaro africano paseriforme del género Cossypha, conocido como robin-chat. Aparece primero suavemente en el piccolo y luego en un solo de violín. Constituye el tema más importante de la sinfonía. Nørgård tiene amplitud de miras en el hecho de que el pájaro no es indio ni chino. Según el compositor lo que cuenta son las cualidades musicales.

El tema me fascinó, porque tiene algo que pasa más allá de cualquier sistema, por así decir contiene lo existencial, paradoja de la alegría y del dolor. La ambivalencia se vuelve más acusada cuando el tema se despliega por el metal y la obscura madera.

El segundo movimiento, Chineesischer Hexen-See, sigue con brusquedad a primero. Desde el comienzo aparecen feroces ritmos guerreros. La irrealidad se ha vuelto terriblemente horrible. Durante el desarrollo de la música aparecen citas de música ajena.

El antiguo vals de salón Fascination, conocido de la orquesta edulcorada de Mantovani penetra en los metales en una grotesca versión. La música alocada de un Ländler suizo aparece como un eco de otra de las canciones sobre Wölfli escrita por Nørgård. Las terceras descendentes de la melodía tienen alguna cosa en común con el tema de la inextinguible de Nielsen, otra sinfonía que surge de una crisis vital con el conflicto y lo irreconciliable como principio portador.

Sin pausa somos arrastrados al borde del agua hirviente del lago de la bruja hasta que en el último momento escuchamos un nuevo motivo. Las cinco últimas notas de la sinfonía son un pequeño reflejo del motivo del canto del pájaro. Una sensación de que el Rose Garden ha estado allí todo el tiempo.

Una obra realizada durante un período de crisis existencial del compositor, en la cual el caos expresado por el dibujante le produjo un efecto liberador y una señal del camino que debería recorrer, escribiendo una obra totalmente polarizada.