NORGARD 8

La “Sinfonía Nº 8” fue compuesta entre 2010 y 2011. Su primera grabación, realizada en vivo en la Wiener Konzerthaus, tuvo lugar los días 16 y 17 de mayo de 2013, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Sakari Oramo.

El primer movimiento, tempo giusto, allegretto, poco allegro, molto distinto, a tempo, es el más largo, con un contenido que se desarrolla de un modo exuberante. Escalas resplandecientes suben y bajan. El compositor lo compara con motivos en espiral o con las pirámides escalonadas de Mesopotamia, los Zigurat, mientras que un horizonte se mantiene como el suelo central de la música.

Los motivos cambian de modo vivo mediante numerosas capas simultáneas sin ningún sentido de estricta regularidad. El proceso parece desarrollarse por sí solo. El tejido de sonidos se extiende de arriba hacia abajo y el cuadro de Nørgård se construye mediante ligeras pinceladas transparentes. Del creciente conjunto orquestal surgen grupos individuales, que se dibujan en forma de elementos concertantes, especialmente cuando cuatro flautas tienen un importante papel al pasar el movimiento a un ritmo de siciliana y hacia el final cuando un grupo formado por celesta, piano, vibráfono y glockenspiel surge con el efecto de una cadencia.

El segundo movimiento, adagio molto, più mosso, tempo I, adagio, toma la forma de un rondó en el cual las presentaciones del tema están separadas por intermedios rápidos y dinámicos. Según el compositor la música es sensualmente melódica, pero con innumerables facetas añadidas, no solamente mediante capas orquestales sino también en el modo en que el tema principal del movimiento aparece en tres formas diferentes.

El tercer movimiento, tempo primo, più mosso, tempo I, più mosso, molto distinto, lento visionario, presenta un tercer estado, el estado en el cual no tenéis nada que retener, según dice el compositor. El movimiento empieza sin descanso y sin fijarse al suelo. Las escalas ascendentes del primer movimiento lo persiguen de modo agitado e hiperactivo. Finalmente la orquesta se reúne alrededor del material precedente y los instrumentos se unen en un estático clímax marcado como lento visionario. Se trata de una apoteosis transitoria de la cual la música desaparece como por arte de magia en las esferas superiores, como si continuara allí fuera de nuestra comprensión.

El camino recorrido entre la primera y la última sinfonía de Nørgård parece enorme, pero no es solo cuestión de cronología. Según confiesa el compositor, cada una de mis sinfonías tiene su propia personalidad algo que no se puede repetir. La última sinfonía no tiene nada en común con la precedente, la agresiva séptima de 2006.

La octava sinfonía es transparente y lúdica, más luminosa y transparente que cualquiera de sus sinfonías. Al mismo tiempo es una sinfonía muy clásica. Sus tres distintos movimientos son arquetipos de la tradición clásica. Un primer movimiento complejo y activo, un segundo movimiento lento y un movimiento final rápido. El compositor los llama los tres estados posibles.

En algún lugar de mi pensamiento, la octava es como los tres estados posibles del ser. El primer movimiento es la sinfonía clásica, una flecha apuntando en una dirección, mientras que el segundo movimiento, aquí tenemos una situación donde se gira alrededor de una especie de carrusel sin fin en tres partes. 

Entonces ¿Qué es el tercer movimiento? Estaba muy preocupado por este motivo, algo que no sabía hasta que me puse a trabajar, pero de repente me encontré muy consciente del mismo. Es algo que no tienes nada que ocultar. Si se mira el tercer movimiento, su ritmo es decepcionante, porque parece que no posee pulso. Es como trozos de hierba que crecen. Sin embargo se ve una forma mientras se desarrolla. En mi espíritu el tercer movimiento era la única opción. Escribir un movimiento como este, totalmente abierto, crea una sensación de pánico. 

La obra se presentó públicamente el 20 de septiembre de 2012 interpretada por la Orquesta Filarmónica de Helsinki dirigida por John Storgårds. Una música compleja como la mayoría de la obra de Nørgård, bastante difícil de ser apreciada por el público, pero que abre un futuro a la música danesa, un futuro en busca de nuevos caminos y formas de expresión.