BRAGA SANTOS 4

La “Sinfonía Nº 4” Op.16  fue compuesta en 1951. Está orquestada para dos flautas, piccolo, dos oboes, corno inglés, dos clarinetes, clarinete bajo, dos fagots, contrafagot, cuatro trompas, cuatro trompetas, tres trombones, tuba, dos arpas, timbales, caja clara, bombo, triángulo, platillos, tam-tam y cuerda.

El primer movimiento, lento, empieza mediante una introducción lenta en forma de un trémolo bruckneriano de donde surge el tema principal interpretado por el fagot. La música crece hasta llegar a un primer clímax. Después decrece llegando a una pausa que da paso a la sección allegro con fuoco escrita en forma sonata, empezando mediante una célula rítmica en los bajos de la cuerda, intensificándose hasta llegar a un fortissimo, en el cual la madera interpreta el tema principal. Luego el tema es tomado por la cuerda y después de un breve desarrollo aparece el segundo tema en forma de una amplia melodía.

Continúa con la sección de desarrollo formada por diferentes bloques sonoros y después de un decrescendo nos conduce a la recapitulación, empezando mediante una célula rítmica marcada por la percusión, que nos conduce a un crescendo bruckneriano acompañado por trémolos de la cuerda. El movimiento termina con un potente acorde.

El segundo movimiento, andante, empieza como una especie de marcha fúnebre con una melodía obstinato interpretada por los registros graves. El tema principal es introducido por los clarinetes y luego tomado por toda la sección de madera con un fuerte contrapunto en la cuerda. Su desarrollo nos conduce a un intenso accelerando hasta llegar a su clímax.

La sección central nos presenta una melodía modal interpretada por la cuerda en sordina, acompañada armónicamente por los bajos del metal. La melodía se repite llegando a un nuevo clímax que da paso a la recapitulación de la primera parte del movimiento. En la coda la música desaparece en la distancia mediante timbales y percusión

El tercer movimiento, allegro tranquillo, corresponde al scherzo, que en este caso recibe la influencia de Sibelius haciéndose evidente en el primer tema. Empieza mediante trémolos de la cuerda y pizzicatos de los contrabajos. El tema principal es presentado por el oboe en forma melódica y el secundario por el ritmo de las maderas acompañado por la cuerda en pizzicato. Después de repetir la sección llegamos al trío, cuyo tema principal aparece como una canción folclórica. Luego el scherzo y el trío se repiten y la coda termina mediante un accelerando.

El cuarto movimiento, lento, es el más complejo. Su estructura se puede resumir en tres secciones. Una introducción lenta, un allegro con dos temas y una parte final en forma de coral. La primera sección lenta nos presenta un tema en forma de obstinato, que se va acelerando hasta conducirnos a la segunda sección, allegro con brio.

El primer tema es presentado de forma brillante por las cuatro trompetas. El segundo tema consiste en una danza folclórica, que nos conduce al desarrollo, a una sección melódica, alla breve y finalmente a la recapitulación, en la cual el material temático es presentado de forma más brillante. El tema folclórico crece terminando de manera brusca mediante un redoble de timbal. La última sección, epilogo, empieza mediante los bajos del metal, que preparan el gran tema en forma de coral que culmina la obra. De un modo parecido al final de la novena sinfonía de Beethoven se interpreta una solemne melodía, llamada por el compositor Himno a la Juventud, dedicada a las Juventudes Musicales, de las cuales el compositor fue uno de sus miembros fundadores.

Como en el caso de Beethoven el compositor pensó en terminar la obra con intervención de los coros. Cuando se acabó la interpretación de la sinfonía, con motivo de una convención de Juventudes Musicales en Lisboa, le añadió una sección en cuatro partes para coro mixto. Pero su interpretación original sin los coros es suficiente, destacando su brillante orquestación.