ELGAR 2

La “Sinfonía Nº 2 en mi bemol mayor”  Op.63 fue compuesta entre los años 1909 y 1911, pero las primeras ideas parten de 1903. La obra está dedicada a la memoria de su Majestad el Rey Eduardo VII, como escribe al terminar la partitura el 16 de marzo de 1911.

En 1905 Elgar pronuncia una conferencia en la Universidad de Birmingham, en la que defiende a la Sinfonía no programática, como el sumo desarrollo del arte musical. Algunos compositores como Strauss, Debussy o Puccini piensan que la Sinfonía ha muerto, pero lo que es necesario es encontrar al genio que la resucite. En 1903 realiza un viaje a Italia con la intención de escribir una Sinfonía. Allí escribe una melodía que dará lugar al primer tema del último movimiento. En un nuevo viaje a Italia, concretamente a Venecia en 1909, cristaliza la idea de su nueva obra. En el movimiento lento representaría la calma del interior de la catedral de San Marcos, contrastando con el rondó que mostraría el bullicio reinante en el exterior de la plaza.

La obra está orquestada para tres flautas, una doblando piccolo, dos oboes, corno inglés, tres clarinetes, clarinete bajo, dos fagots, contrafagot, cuatro trompas, tres trompetas, tres trombones, tuba, timbales, percusión que incluye dos tambores, tambourine y platillos, dos arpas y la cuerda habitual.

La partitura de la obra contiene unas líneas del poema “Invocation” de Shelley que reproducimos a continuación.

Rarely, rarely comest thou,        Sorprendentemente, sorprendentemente llegaste tú,

Spirit of delight!                                      Espíritu del placer

El primer movimiento, allegro vivace e nobilmente, no posee un tema claro como el de su anterior sinfonía que unificaba toda la obra. El primer tema es compuesto por varias partes. Empieza con una exuberante melodía típica de Elgar con sus saltos y síncopas. Después del primer climax aparece una dulce melodía en los violines, acompañada por arpas, cuerda, maderas y trompas, que da lugar al segundo tema. Poco después el violoncello interpreta una delicada melodía. Este material se desarrolla según el personal modo de Elgar. Después de la recapitulación termina con una explosión del primer tema que cierra el movimiento.

El segundo movimiento, larghetto, presenta una melodía majestuosa y dolorida, como una especie de marcha fúnebre por la muerte del Rey. Entonces aparece el primer tema de un modo impresionante, en oposición al ritmo de marcha lenta con acompañamiento de los timbales. Las cuerdas presentan un nuevo tema de carácter contemplativo. Con todo este material Elgar crea un importante desarrollo alcanzando un gran climax. El final nos lleva a una tranquila atmósfera.

El tercer movimiento, rondo, presto, presenta un tema enérgico con poca alegría. Una melodía ondulante se desarrolla en fortissimo. En la sección central el oboe presenta una nueva melodía derivada del tema inicial. Después de un fuerte climax sigue una misteriosa sección de la que surge un nuevo tema. Una versión del tema ondulante del primer movimiento nos lleva hacia un brillante final.

El último movimiento, moderato e maestoso, está escrito en forma sonata. El primer tema es valiente y marcha con seguridad hacia delante. Después de varias repeticiones aparece el segundo tema de tipo majestuoso, pero con un cierto carácter dramático. Va creciendo hasta un climax, transformándose luego en el noble verdadero segundo tema. En el desarrollo se combinan los dos temas. Después de un gran climax, encontramos un cambio de tonalidad y la atmósfera se tranquiliza. Aparece una figura descendente en los violines, que se desarrolla hasta llegar a un nuevo climax. El ambiente se calma y empieza la reexposición, presentando calmadamente el primer tema. Va aumentando y se escucha nuevamente el segundo tema hasta llegar a una presentación de modo triunfal. Termina con una forma de epílogo, con sosegadas versiones del tema inicial, en una atmósfera de relajación y conformismo.

Aunque Elgar defendía la pureza en la Sinfonía escribió unas palabras sobre su obra: “Representa el apasionado peregrinaje de un alma... El último movimiento representa la salida final de su pasión en noble acción y las últimas dos páginas son la apoteosis y la eterna conclusión del peregrinaje del alma”.

Los dos movimientos centrales ideados en Venecia fueron modificados con tintes de dolor por la muerte del Rey, convirtiendo al segundo en una elegía fúnebre del final de la Era Eduardiana y perdiendo la natural alegría el tercero.