FREITAS BRANCO 4

La “Sinfonía Nº 4 en re mayor”  fue compuesta entre 1944 y 1952. Dedicada a su discípulo Joly Braga Santos fue estrenada en 1956 por Pedro de Freitas Branco. Está orquestada para cuatro flautas, dos doblando piccolo, dos oboes, corno inglés, dos clarinetes, clarinete bajo, tres fagots, cuatro trompas, tres trompetas, tres trombones, tuba, tuba baja, timbales, percusión y cuerda.

El primer movimiento, andante, allegro, allegro vivo, usa el canto gregoriano, empezando por una forma de Kyrie interpretada por la madera apoyada por la cuerda. Continúa con un allegro construido en forma tripartita, comenzando con el tema principal interpretado por la cuerda en su registro bajo, continuando con un crescendo, que nos conduce a un clímax con la cuerda interpretando el tema, puntuado por fuertes acordes de la madera, metal y percusión.

La sección central o desarrollo empieza con una llamada al unísono de las cuatro trompas, contestada por el completo de la cuerda. Después de un nuevo clímax con acordes disonantes sincopados de toda la orquesta, regresa la primera sección en forma de recapitulación interpretada en su comienzo por los bajos de la cuerda. Una viva coda cierra el movimiento.

El segundo movimiento, adagio, se basa en una especie de moto perpetuo empezado en las cuerdas en su registro bajo. El simple tema principal es interpretado por el fagot que después de diversos cambios nos conduce al clímax del movimiento. Continúa con una secuencia ascendente de acordes, empezando en los registros bajos apoyados por suaves notas de los timbales que nos conducen a una solemne conclusión.

El tercer movimiento, allegro, allegro vivace, es un scherzo de forma tripartita. Empieza con un tema eminentemente rítmico. El trío tiene el ritmo del fandango, una melodía típica de la región del Alentejo donde tenía una residencia el compositor. La primera sección del scherzo se repite terminando tan abruptamente como había empezado.

El cuarto movimiento, allegro, empieza con una breve introducción basada en el tema del anterior scherzo. En un suave tempo de marcha nos conduce a una idílica melodía de los violoncelos en diálogo con las flautas, sobre trémolos de la cuerda. Como en el primer movimiento sigue una gran diversidad de secciones en forma de un gran desarrollo. El tema es interpretado por la cuerda baja. Antes de la recapitulación reaparece la introducción y el movimiento termina con solemnes secciones casi en forma de coral, interpretadas por madera y metal y también por toda la orquesta. Una solemne coda cierra brillantemente la partitura.

Es difícil expresar en este breve análisis el verdadero valor de la música, sus contrastes y orquestación. Especialmente la vitalidad de la obra, que representa la culminación de la monumentalidad de su música sinfónica, una forma romántica del neoclasicismo. Basada en el canto gregoriano en que empieza la obra y nos lleva a las secciones en forma de coral, es la más lograda de sus cuatro sinfonías.