GURIDI S

La “Sinfonía pirenaica” fue compuesta en 1945 siendo estrenada en febrero de 1946 interpretada por la Orquesta Sinfónica de Bilbao dirigida por Jesús Arámbarri. Está orquestada para madera, cuatro trompas, tres trompetas, tres trombones, tuba, percusión, dos arpas y cuerda.

GURIDI CDEl primer movimiento, andante sostenuto, allegro molto moderato, poco meno mosso, allegro moderato, está compuesto en la forma sonata, más o menos modificada. Empieza con obscuras frases de la cuerda presentando fragmentos del primer tema. En el comienzo del allegro aparece con más claridad, interpretado por la cuerda en forma de coral. El segundo tema de carácter lírico es una variación del anterior con un cambio de armonía.

Representa la ascensión a la cumbre, partiendo de los tonos sombríos del amanecer para ir aumentando la luz a lo largo de la subida. Durante el desarrollo aparecen frases más dramáticas, significando la dificultad y los peligros de la ascensión.

El segundo movimiento, presto non troppo, andante sostenuto, también en forma de sonata nos presenta un primer motivo en forma de danza. El segundo tema iniciando el andante es presentado por las violas con sordina, un tema con lejanos ecos de gregoriano. Luego es tomado por los violoncelos en diálogo con las violas. Su desarrollo nos conduce hasta su clímax. Termina con la recapitulación del tema inicial.

El tercer movimiento, allegro brioso, también como los anteriores está escrito en forma sonata. Nos presenta un tema rítmico que se repetirá como motivo principal del movimiento. El segundo tema de un carácter más plácido se asemeja a una variación del primero. Después de un trabajado desarrollo la recapitulación nos conduce a una brillante coda que remata de modo espectacular la sinfonía.

Una obra que se encuentra a medio camino entre el poema sinfónico y la sinfonía. Pero de un modo abstracto, pues no posee ningún programa determinado. Mediante una serie de melodías, basadas en parte en el folclore vasco, pretende ofrecernos una visión de sus montañas, presentándonos sus bellezas y sus peligros. Cada oyente puede imaginarse su propia interpretación.

Reproducimos la crítica del poeta Gerardo Diego, por ser la que más gustó al maestro: “Los aficionados de última hora, los que apenas conocían a Guridi por sus Diez melodías vascas, sabían bien que era un poeta del idilio escénico u orquestal. Pero ignoraban las tremendas simas de pasión que escondía la dulzura del paisaje cordial. Debieron de quedar abrumados, tundidos, después de la poderosa fuerza, galerna, borrasca, que se les vino encima. No se puede jugar con las cumbres. Ni todo ha de ser idilio y txistu y tamboril y ezpatadanza en la viña agria para el chacolí o en la pomarada roja para la sidra.  

Y ahora ya no era la viñeta primorosa, iluminada con minios, oros y brillos de clámide de insecto bizantino. Ahora se trataba de levantar a pulso la masa densa, geológica, mineral, y sostenerla como un Atlas sobre los hombros bien nivelados; de conseguir la totalidad panorámica sin detrimento de la hermosura concreta de cada rincón, de la lógica coordinadora, de la variedad de matices dentro de una misma gama, del Pirineo de la ceniza verde, que cantó Góngora. Y la música española cuenta desde ahora con un sinfonía que puede parangonarse sin miedo con las alpinas, cevenólicas o carpáticas de otros meridianos y altitudes ilustres de la orografía musical”.

Gerardo Diego (1896-1987). "Prosa musical"