PETTERSSON 13

La “Sinfonía Nº 13” fue terminada en 1976, como resultado del pedido como hemos dicho anteriormente del Festival de Bergen, para la celebración del 25º aniversario del Festival. Debido a los problemas surgidos durante los ensayos no se pudo estrenar en dicha temporada. Finalmente se estrenó el 7 de junio de 1978 durante el concierto de clausura del Festival de dicho año, interpretada por la Orquesta Harmonien de Bergen, dirigida por Francis Travis. La obra está dedicada a Karsten Andersen, el director artístico de la citada orquesta.

Está orquestada para madera por duplicado, con piccolo, clarinete bajo y contrafagot, cuatro trompas, tres trompetas, tres trombones, tuba, timbales, cinco percusionistas y cuerda. La obra es una de las más densas y complejas de su autor. Construida en un único enorme movimiento de 67 minutos de duración se hace difícil su análisis, especialmente cuando su única grabación disponible en la actualidad no presenta ninguna división intermedia. Encontramos natural que no se pudiera interpretar en el tiempo previsto debido a la dificultad de sus ensayos.

Para facilitar su análisis se puede considerar dividida en seis partes, según indica el eminente crítico musical José Luis Pérez de Arteaga. La primera sección la titula como fanfarrias. Empieza con una entrada ebullescente de la cuerda, que se repetirá más tarde en la obra. Fanfarrias de las trompetas y cortos motivos de los trombones forman otros caracteres, que se encuentran rodeados de un material musical extremadamente concentrado. La primitiva agresividad de la música se va relajando, para conducirnos hasta la segunda sección que el crítico mencionado titula como secuencia lírica, sin que encontremos el título demasiado justificado. La música aumenta su agresividad que luego cambia hacia posiciones más tranquilizadoras. A la tercera sección le da el título de ostinato I, esta vez con más propiedad. La música se vuelve más tonal, con la repetición de un motivo con cierto carácter oriental. Se trata de la primera isla lírica. Luego aparece una cantilena en el violoncello. Un crescendo nos lleva a una violenta sección con intervención de la percusión y los metales. Los fuertes ritmos inestables se resuelven en una sección más apacible, pero la tensión pronto vuelve a aumentar en un nuevo estallido de furor para luego difuminarse en una especie de claroscuro cambiante.

A la cuarta sección le da el título de ostinato II, por empezar mediante un nuevo motivo repetido. La música alcanza un estado de mucha tensión. Luego continúa con una sección que acaso podríamos calificarla como más lírica, pero solamente en el fondo. La melodía oriental vuelve a repetirse en una nueva variación, antes de un período más reflexivo situado en la parte central de la sinfonía. Una melodía lírica se adivina en la parte final de esta sección. La quinta sección recibe por el crítico el nombre de progresivo decrescendo. Empieza con motivos repetitivos, en un clima menos agresivo que en anteriores momentos. Una figura en forma de himno empieza a perfilarse lentamente. La música se va dulcificando, a pesar de las continuas disonancias que la rodean. Un curioso episodio es el del extraño vals que nos sugiere, como si fuera un homenaje al pasado. La sección termina con una parte lírica interrumpida por breves motivos, que aumentando su carácter rítmico nos conducen hacia la última parte. Empieza con motivos aislados en la flauta. La cantilena lírica del violoncello inicia una segunda isla lírica, característica de toda la obra de Pettersson, esta vez por duplicado. Está inspirada en la obra de Berlioz Harold en Italia. La cuerda interpreta una amplia melodía, que puede ser considerada como el inicio de una extensa coda. A pesar del triste ritmo fúnebre que le acompaña, parece que el autor expresa un instante de felicidad o cuando menos de conformismo.

La escucha de esta obra nos invita a realizar una serie de reflexiones. Se trata de una obra muy densa, difícil de escuchar y de interpretar. Es lógico que la primera vez no se pudiera estrenar por falta de repetidos ensayos. La persona que se disponga a escucharla por primera vez la encontrará de una aridez insuperable. Necesita realizar un esfuerzo de concentración, si quiere penetrar en el fondo de esta música. En nuestro mundo escuchamos la música muchas veces como sonido de fondo, de un modo superficial. Es difícil poder concentrarse olvidando nuestro entorno. Pero sin esta concentración es imposible acceder a obras más complejas, cuya belleza no se encuentra en su superficie.

En otros campos artísticos podemos encontrar parecidos ejemplos. Si leemos una obra filosófica o poética como si fuera una revista o un periódico, nunca lograremos entenderla. Es difícil para el público actual, acostumbrado a las sensaciones directas, a los impactos que le produce el mundo audiovisual televisivo, en el que nos encontramos inmersos, concentrarse en una obra complicada. El público quiere gozar de una manera directa de las sensaciones que recibe, dándole una terrible pereza el tener que pensar, el desarrollo del pensamiento. Por esta causa la música que popularmente triunfa es la más directa, la más sencilla.

La música de Pettersson se ha vuelto en cierto grado menos agresiva que en anteriores sinfonías. No podemos afirmar que se trate realmente de una página feliz, pero a pesar del empeoramiento de su estado físico no queda reflejado en la obra. Quizás las ayudas recibidas y un estado de resignación, le produzcan algo de bienestar durante sus años finales. Otro de sus aspectos son las diversas citas de motivos de otras obras clásicas, de una forma bastante disimulada.

Terminamos el comentario de esta obra con la traducción de otro de los pensamientos de Pettersson, que como siempre lo convierten en un gran humanista.

Una gran parte de la humanidad no se interesa por la música y no es posible poderla educar en este sentido. La mayoría de la gente puede pasar de la música y del arte. No se puede exigir de alguien que se encuentra sentado en el metro bostezando, que vaya a una sala de conciertos y que escuche música. Vamos por el mundo con un cierto celo de misionero y creemos poder redimir al ser humano mediante la música. He tenido la ocasión de darme cuenta que ningún ser humano se vuelve mejor gracias a la música. Los mayores crápulas que he conocido poseían un sentido profundo de la música. El arte es algo irracional, no lo podemos negar. Algo estalla en tu alma y empiezas a cantar. Es de este modo como reaccionaron los esclavos negros y los soldados durante las guerras. Esto los hace avanzar, les da el suficiente coraje para seguir hacia adelante. Cuando hayamos podido superar nuestro propio terror y lo transformemos en arte, en este instante solamente, nuestra música poseerá un mensaje.

Pettersson vive en la casa que le había sido otorgada por el estado sueco, una costumbre de los países escandinavos para fomentar el arte que en otros lugares parecería una utopía. Por primera vez después de muchos años tenía acceso a un jardín y salir de las cuatro paredes en que por su invalidez había quedado encerrado. Su mujer asegura que los años pasados en el nuevo apartamento fueron los más dichosos que pasaron en el curso de su matrimonio, a pesar de que la enfermedad continuaba deteriorando su salud, agravada por la aparición de un cáncer.