PETTERSSON 14

La “Sinfonía Nº 14” fue terminada en 1978 en su vivienda de funcionario, como se ha dicho, una cómoda planta baja rodeada por un pequeño jardín. No se estrenó hasta el mes de noviembre de 1981, después de la muerte del compositor, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Estocolmo dirigida por Sergiu Comissiona. En Alemania se presentó el 7 de mayo de 1988 interpretada por la Orquesta Sinfónica de la Radio de Berlín dirigida por Johan Arnell, grabada discográficamente por el sello CPO.

PETTERSSON S 14En la sinfonía cita uno de sus “24 Barfusslieder”, la segunda de las Canciones Descalzas, escritas durante los años 1943 a 1945, empleando textos propios. Un lieder recurrente en diversas obras suyas, algo parecido a los utilizados por Mahler en su obra sinfónica.

La obra sigue el modelo de su anterior sinfonía pero con una extensión más limitada. Construida en un solo movimiento con unos 47 minutos de duración, no utiliza la gran batería de percusión acostumbrada. Además de timbales y celesta, emplea solamente triángulo, tambor, platillos y tam-tam. Después de una agitada introducción siguiendo su agresivo estilo a que nos tiene acostumbrado, continúa con una sección de un tipo más intimista, dominada por la cuerda. Contiene instantes casi camerísticos de un delicado lirismo. Una nueva sección empieza con un crescendo seguido por un ostinati de breves frases repetidas, que nos lleva a una explosión de los metales. Los gritos de rabia alternan con situaciones más resignadas. De esta manera, continua con una nueva sección lírica delicada, con breves intervenciones solistas. Sigue con un nuevo ostinati de forma rítmica, que desemboca en una expresiva frase lírica. Una nueva sección con cierto carácter heroico nos lleva a una situación más dramática. Nos encontramos con un continuo claroscuro, donde van alternando situaciones duales, dramatismo frente a resignación y cierta esperanza, como una imagen de la propia vida.

Si consideramos a la obra dividida en dos mitades, la segunda parte empieza con una intensa marcha fúnebre marcada por la percusión, que termina en la desesperación, pero con alguna referencia a la esperanza. Continúa mediante secciones con un extraño contrapunto que esconden amplias melodías. La música nos lleva a una nueva isla lírica, interrumpida por tensos motivos. Un nuevo pasaje de características camerísticas, contrasta con una nueva explosión de los metales. La cuerda inicia una nueva parte con amplias líneas, que nos conduce a una de las secciones más delicadas de la obra. Varias veces es interrumpida por los estallidos dramáticos, pero la frase melódica vuelve a resurgir. En la parte final la lucha entre estos elementos dramáticos y líricos se acentúa, como si fuera una lucha entre la parte tonal y la atonal, considerando al atonalismo como efecto dramático. Esta confrontación nos lleva a la coda, que termina con un acorde en do mayor, seguido por un silencio, sin una clara declaración de vencedores o vencidos.

Una obra menos dura que sus anteriores sinfonías, albergando algunos cantos a la esperanza. A pesar de la continuidad de su característico estilo, nos parece una obra más abordable, tanto por su duración como por su menor agresividad, conteniendo delicados espacios líricos. A pesar de poseer rasgos tonales, su estilo propio la convierte en una de las obras mas avanzadas del pasado siglo.