PETTERSSON 8

La “Sinfonía Nº 8” fue compuesta entre 1968 Y 1969. No se estrenó hasta el 23 de febrero de 1972, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Estocolmo dirigida por Antál Doráti. La obra está dividida en dos movimientos. Su primera grabación analógica se realizó en 1977 interpretada por Sergiu Comissiona dirigiendo la Baltimore Symphony Orchestra. Cuando Pettersson escuchó la retransmisión radiofónica de la obra declaró que la interpretación era ideal y que la cinta grabada podía servir como master para su grabación comercial. Por razones técnicas los primeros compases del segundo movimiento se encuentran separados en la primera cara del LP, lo cual fue autorizado por el propio compositor. El original presentado por el sello Polar, apareció en 1980 con el sello Deutsche Grammophon.

Sergiu Comissiona, el gran director rumano, que murió el 5 de marzo de 2005 en un hotel de Oklahoma, horas antes de actuar como director invitado en un concierto de la Orquesta Filarmónica de Oklahoma,  ha sido un gran defensor de la música de Pettersson.

El Movimiento I empieza con una melodía lírica totalmente tonal. Una amplia melodía, que seguirá durante todo el movimiento, empieza de un modo misterioso, para ir aumentando gradualmente su actividad. Se va desarrollando mediante amplias armonías tonales. Contiene pasajes muy aéreos junto con otros donde se intensifica la expresión. Encontramos las típicas repeticiones de motivos tan características de Pettersson. La música nos conduce hasta su climax, acompañada por la percusión con su trágico ritmo de marcha, para luego desmoronarse. Pero la melodía es interrumpida nuevamente por frenéticos gritos del metal. Este ambiente algo inestable continuará hasta el final, sin recuperar nunca el lirismo inicial.

El Movimiento II empieza gravemente, usando después de la introducción dramática las frases atonales, como un medio para expresar sus sentimientos. El dramatismo musical incrementado por el uso de la percusión, expresa un sentimiento de dolor, desesperación y depresión. Violentas frases se repiten con insistencia. En la parte central el movimiento se tranquiliza, desarrollándose una amplia sección en un ambiente bastante inestable. Momentos expresivos se suceden con otros más violentos con sus acostumbrados ritmos fúnebres que en ningún caso llegan a ser marciales. Todo ello desemboca en un trágico sentimiento de resignación. La sección final, correspondiente a la resolución del conflicto anímico, se mueve entre repeticiones de formas corales e hímnicas. Termina con un epílogo casi religioso, durante el cual la música cae en la profundidad de la desesperación.

Una sinfonía, que si no llega a la gran expresividad de las dos anteriores, su carácter más tonal puede servir para quién quiera iniciarse en el estilo de su autor. El primer movimiento, lleno de frases de gran expresividad, nos presenta un gran tema, como el de una desarrollada canción, que continúa durante casi todo el movimiento. En el segundo movimiento nos presenta todo su drama vital como un patético grito de desesperación.

La obra de Pettersson posee una gran tristeza, aunque algunas veces contenga una desvanecida idea de esperanza, como una extensión de una vida de dolor. Reproducimos una frase de su autor junto a su traducción.

Jag är ingen tonsättare, jag är en ropande röst (något som ej fǻr glömmas), som hotar att dränkas i tidsbullret.

(No soy un compositor. Soy una voz  gritando, (algo que no debe olvidarse) que amenaza  ahogarse en el ruido de los tiempos).