PISTON 6

La “Sinfonía Nº 6” fue compuesta en 1955 para la celebración del 75º aniversario de la fundación de la Boston Symphony Orchestra. Se estrenó el 25 de noviembre de 1955, con la citada orquesta dirigida por Charles Munch. La obra está dedicada al anterior director de la orquesta, Serge Koussevitzky y a su mujer Natalie. Está orquestada para madera por triplicado, cuatro trompas, tres trompetas, tres trombones, tuba, timbales, percusión, dos arpas y cuerda. Una orquestación clásica, que como podemos observar, se repite a lo largo de sus sinfonías.

El primer movimiento, fluendo espressivo, está escrito en forma sonata. Empieza con un amplio tema modestamente presentado por la cuerda y viento. Escalas descendentes de las arpas nos conducen a un segundo tema que se desarrolla mediante una rica orquestación. Finalmente nuevas escalas del arpa nos devuelven al motivo inicial

El segundo movimiento, leggerissimo vivace, corresponde al scherzo. La orquesta resaltada por la percusión presenta un activo tema denotando ansiedad mediante sus giros rítmicos. La música llega a un exaltado climax, para luego terminar serenamente.

El tercer movimiento, adagio sereno, empieza con una base formada por los bajos de la cuerda, sobre la que emerge el tema principal en el violoncello, para pasar luego a los otros instrumentos. Un tema ampliamente melódico que precede al segundo interpretado por la flauta. Continua con un desarrollo completamente sereno, a pesar de llegar a un climax más intenso. El tema principal en el violoncello nos conduce a la coda.

PISTON S6El último movimiento, allegro energico, posee un carácter vivamente tonal, con ecos de influencia del jazz en sus formas sincopadas. Está formado por dos temas de carácter contrastado, un primero sumamente vivo precede al segundo más melódico, con la intervención colorista, entre otros instrumentos, de la flauta y arpa. Una brillante coda cierra la obra.

Una obra pensada para los instrumentistas de la orquesta de Boston, como nos cuentan las propias palabras del compositor. “Cada nota que ponía sobre el papel, la escuchaba en mi cabeza con una claridad extraordinaria, como si estuviera interpretada al mismo tiempo por los que debían interpretar el fragmento. En muchas ocasiones tenía la impresión que los propios instrumentos escribían las melodías y que yo solo los seguía. No interpreté al piano ni una sola nota de esta sinfonía para no romper el encanto”.