RAUTAVAARA 8

La “Sinfonía Nº 8” (The Journey) (El Viaje),fue escrita en 1999 cumpliendo un encargo de la Philadelphia Orchestra que la estrenó el 27 de abril de 2000 en Philadelphia bajo la dirección de Wolfgang Sawallish.

El primer movimiento, adagio assai, andante assai, empieza con un motivo en los graves de la orquesta. El tema va aumentando gradualmente, hasta ser interpretado plenamente por las trompas. Este tema ascendente será el principal motivo de la obra, que se repetirá casi monotemáticamente. Después del desarrollo nos conduce a su climax, para ir desapareciendo gradualmente. Una música que crea un ambiente con un estilo impresionista.

RAUTA S8El segundo movimiento, feroce, es un virtuosístico scherzo. Una mezcla de ritmos desiguales nos conduce a lo largo del vivo breve movimiento a una coda donde se magnifican las disonancias.

El tercer movimiento, tranquillo, empieza con la presentación mediante la trompa del tema principal de la sinfonía. Una tranquila sección llena de poético misterio llena la parte central. En la parte final reaparece el tema inicial.

El último movimiento, con grandezza, sciolto, tempo primo, empieza con una variación del motivo principal interpretada por las trompas. El tema crece en solemnidad durante su desarrollo especialmente al ser interpretado por el metal. La sinfonía termina con una coda llena de grandeza.

Añadimos una parte del comentario del propio compositor sobre el nombre de su título, publicado en la fecha de su estreno. Según Milan Kundera, la música sinfónica es un viaje por el mundo, a través de paisajes constantemente cambiantes. Puede, creo, ser también un viaje a través de la vida humana. El título de la octava sinfonía, “El Viaje”, también tiene una razón concreta. Uno de los motivos del lento tercer movimiento es cantado en una de mis óperas con las siguientes palabras: “Este viaje continua… ¿De quién es?, ¿De alguien que vaga desde el final del viaje?... ¿Fuera del tiempo?...

Se trata de una obra poética que se basa en un viaje lleno de símbolos. En el primer movimiento recrea un ambiente marino lleno de paz y tranquilidad. Especialmente en su parte final nos habla del viaje a través de los mares. El segundo está lleno de fuerza vital. El tercero nos devuelve la poesía. Termina expresando el flujo monotemático de una manera amplia llena de grandeza. Termina, al contrario de lo que es común en las obras de Rautavaara, en fortissimo. La corriente nos conduce hacia el mar eterno. Su autor califica a la obra como una especie de autorretrato.