RUEDA 1

La “Sinfonía Nº 1" (Laberinto) fue compuesta en 2000 para la Joven Orquesta Nacional de España, (JONDE) y está dedicada a Mette Perregard. La obra ha representado España en las Variaciones Europeas para todas las Jóvenes Orquestas de Europa, acto organizado en Ámsterdam por la EFNYO en el año 2000.

Proemio, es un breve preludio que da paso a los movimientos de la sinfonía.

El primer movimiento, Acceso, se basa en la obsesiva repetición de la nota mi central que va creciendo siendo la puerta de acceso al laberinto. El éxtasis creado nos permite la entrada al recinto.

Sphinx I, actúa a modo de puente al segundo movimiento, conteniendo la clave críptica de la siguiente sección.

El segundo movimiento, Nel labirinto, se basa en una amplia melodía que se extiende desde el registro grave al agudo. La melodía se ramifica, se multiplica, adentrándonos dentro del laberinto en forma de diversos paisajes sonoros.

Sphinx II, consiste en un nuevo puente enlazando los movimientos. Una música tranquila que nos anuncia la base del siguiente movimiento.

El tercer movimiento, Newhere New-here, consiste en una música estática como si se hubiera detenido el tiempo. Nos encontramos perdidos dentro del laberinto, encerrados y envueltos en una música que va evolucionando sobre sí misma. Termina con la música desapareciendo dentro de su propio laberinto.

Sphinx III, es el último breve puente que nos conduce al movimiento final.

El cuarto movimiento, Minotauro, se basa en el hombre con cabeza de toro que se encuentra en el centro del laberinto como símbolo de los orígenes de la cultura mediterránea. Figuras rítmicas de la percusión nos hablan de fuerzas primitivas. Una sección empieza mediante unos aplausos que nos indican ritmos mediterráneos. Sigue con motivos que nos sugieren elementos árabes, integrados en nuestra cultura. Unas notas afirmativas cierran la obra. Finalmente se ha logrado salir del laberinto.

Una sinfonía compleja que nos demuestra la evolución del género. Totalmente separada de los principios básicos que la regulan, nos demuestra que a pesar de todo el género no muere. Se transforma pero el fondo es el mismo que en la época clásica, una obra sinfónica en varios movimientos que muestran una cierta unidad y coherencia. Variaciones temáticas y elementos contrastantes marcan la línea de una sinfonía.