RUEDA 3

La “Sinfonía Nº 3" (Luz) fue compuesta en 2007 para la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias y su director titular Maximiano Valdés. Se estrenó en febrero de 2007, aunque su tercer movimiento no estaba terminado. Este movimiento titulado La Tierra se estrenó en el mes de junio del mismo año interpretado por la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla bajo la dirección de Pedro Halffter.

La primera grabación de la obra integral se efectuó el 21 de noviembre de 2008, interpretada por la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias dirigida por Maximiano Valdés.

Los primeros movimientos hacen referencia a los elementos básicos de la antigüedad, el fuego, el agua, la tierra y el aire. En el último se realiza la síntesis que dará origen a la vida representada como la luz.

El primer movimiento, El fuego, es de carácter agitado basándose en un ostinato de la cuerda sobre el que se superponen rápidas figuraciones de los vientos y notas más sostenidas de los metales. Este dinamismo de notas agitadas nos ofrece una visión musical del primer elemento, el fuego. Sin pausa enlaza con el siguiente movimiento.

El segundo movimiento, El agua, tiene carácter rítmico, basándose en un tema diatónico, que es la base de una serie de variaciones empleando recursos técnicos como inversiones, retrogradaciones, imitaciones entre otros. En la sección final el ritmo se acentúa terminando con una sugestiva sección lenta con intervención de la percusión y las maderas, con glissandos de los timbales, que sirve como puente hacia el siguiente movimiento.

El tercer movimiento, La tierra, empieza con la intervención de la cuerda en un ritmo frenético. Los distintos instrumentos se van incorporando en esta vorágine sonora. La segunda sección tiene carácter rítmico marcado por los metales y la percusión. Mientras, las maderas intervienen mediante arabescos con influencias del jazz. Continúa con un estrepitoso tutti orquestal con intervención de una sirena y variados glissandos. La última parte vuelve a la calma con trinos en piano, pero pronto retorna la intensidad sonora. Una breve y tranquila sección enlaza sin pausa con el siguiente movimiento.

El cuarto movimiento, El aire, contrasta con los anteriores por su calma. El violín y el violoncelo se convierten en solistas en su registro agudo, arropados por una atmósfera orquestal como si flotaran en una nube. La entrada de la orquesta en un crescendo parece cambiar las cosas, pero pronto se convierte en un plácido adagio, hasta que la música se disuelve. La última sección hace de puente hacia el último movimiento. Emplea las campanas tubulares y otros elementos metálicos para iniciar una coral de los metales que acaba en un crescendo.

El quinto movimiento, Hacia la luz, empieza con sonidos misteriosos, que sugieren un tiempo muy antiguo en el que vuelan pájaros desconocidos. Un crescendo nos eleva hacia las alturas hasta alcanzar un clímax de carácter heroico. Luego la música se disuelve en una línea aguda de los violines que pasa a los clarinetes. Empieza un descenso, una carrera hacia el vacío que atraviesa diversas densidades sonoras. En la parte final comienza un crescendo de tipo ascendente, como un intenso chorro de luz que va invadiendo todo el espacio recordando el tema heroico anterior. Termina con una disolución sonora sobre un acorde de la cuerda en armónicos.

El tercer movimiento, La Tierra, se estrenó como hemos dicho anteriormente en Sevilla durante un concierto en el que se interpretó junto a "Los Planetas" de Holst como un complemento a la suite, por lo cual puede interpretarse de forma separada.

La sinfonía se considera como la obra más importante escrita por el compositor hasta ahora. Una música que intenta plasmar en imágenes sonoras los estímulos visuales, llegando a formas de gran expresividad, empleando un lenguaje moderno en el que ha sabido integrar las formas del pasado.

El compositor se inspira para la composición de sus obras en pinturas. En la parte final de la sinfonía dice inspirarse en la obra del pintor inglés William Blake (1757-1827), con sus imágenes místicas.