RUFINATSCHA 4

La “Sinfonía Nº 5 (4) en si menor” fue compuesta en Viena en 1846 y estrenada en la misma ciudad, posiblemente en el mes de octubre del mismo año. Pero otras averiguaciones nos dicen que se estrenó en el lunes de Pascua del año 1852 en el Wiener Musikverein bajo la dirección del compositor durante un concierto dedicado a su obra. Actualmente conocida como cuarta es una obra de madurez escrita cuando su carrera vienesa estaba en pleno desarrollo.

Esta sinfonía de Rufinatshada junto con la primera, fueron presentadas en nuestra época por primera vez durante el verano de 2006 en la Basílica de la Abadía de Stams, en una actuación entusiasta de la Cappella Istropolitana de Bratislava bajo la dirección de Edgar Seipenbusch.

El primer movimiento, allegro, escrito en forma sonata empieza con el tema principal construido mediante una apasionada melodía ascendente, que nos conduce a un emocional clímax. Continúa con un segundo tema con un carácter más relajado, que después de un nuevo breve clímax nos retorna al tema principal. Sigue con el desarrollo de los temas y después de una pausa nos conduce a la sección de recapitulación. El primer tema regresa seguido por el segundo hasta que el movimiento termina con una inquietante repetición de la melodía inicial. Un movimiento que evidencia la próxima llegada de las sinfonías de Bruckner, con toda su dignidad y grandeza.

El segundo movimiento, scherzo, molto vivace, trio, allegro, sigue el estilo de Bruckner colocándolo en segunda posición. El scherzo sigue un ritmo impetuoso con tempestuosas interjecciones. El trío posee un carácter más relajado mediante su tranquila melodía antes de que retorne el scherzo.

El tercer movimiento, adagio, nos presenta una amplia melodía que va incrementando paulatinamente su expresión, recordando de alguna manera el movimiento lento de la novena de Beethoven. Es el corazón emocional de la sinfonía.

El cuarto movimiento, finale, allegro, escrito en forma sonata empieza con un tema impetuoso, que es seguido por un segundo tema melódico con cierto ritmo de danza. Los temas son desarrollados con maestría y la recapitulación pone un digno final a la obra.

Una sinfonía escrita en un periodo romántico de transición después de Beethoven, que nos conducirá hacia Brahms y Bruckner. Es lamentable que no aparezca entre las obras de repertorio.