SIBELIUS 4

La “Sinfonía Nº 4 en la menor”  Op.63 fue escrita lentamente a partir, como se ha visto, de 1909 y terminada en el mes de abril de 1911. La obra se estrenó el mismo año en Helsinki. El público difícilmente comprendió la obra y la recepción no fue tan calurosa como la de sus anteriores obras. Su orquestación utiliza dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagots, cuatro trompas, dos trompetas, tres trombones, timbales, glockenspiel y la cuerda normal.

Se trata de una obra de un intenso dramatismo, difícil de asimilar a la primera escucha. Muy diferente de las melódicas primeras sinfonías, fáciles de comprender para el gran público. Recuerdo que en mi juventud fue la primera sinfonía que escuché de este autor y me pareció en aquella época, que la música de Sibelius era verdaderamente difícil de escuchar. Realmente es una obra que necesita ser escuchada varias veces, para poder comprender la profunda poesía que se desprende de sus enigmáticas notas.

El primer movimiento, tempo molto moderato, quasi adagio, empieza de modo sombrío con una especie de fatal llamada del destino, como decía su autor. Luego el violoncello presenta el tema principal que se desarrolla en forma canónica. Entonces el tema pasa al metal, reafirmándose. El segundo tema presentado por el viento tiene mas fortaleza. Una llamada en eco de la trompa termina la exposición. En el desarrollo los temas son tratados por la cuerda, hasta que fuertes acordes del viento inician la recapitulación en sentido inverso hasta dejar a la cuerda sola con su tema inicial.

El segundo movimiento, allegro molto vivace, corresponde al scherzo. En principio parece ser mas alegre que el anterior, pero al llegar al trio reaparece la atmósfera tenebrosa. La repetición de la primera parte se realiza en forma muy abreviada, terminando de un modo bastante brusco.

El tercer movimiento, tempo largo, está construido en forma tripartita. En un principio se llamaba “Pensamientos de un caminante”, pero Sibelius eliminó todos los títulos al considerar que la obra no era en ningún modo programática. Los pensamientos resultan ser desoladores, creándose una atmósfera extrañamente vaga, como dice Harold Truscott en sus comentarios, como un alma perdida que busca un refugio final. En la parte final parece reflejarse un ligero soplo de esperanza.

El último movimiento, allegro, está escrito en forma de rondó. Empieza con gran energía, con un tema característico por el uso de las cuatro notas del glockenspiel (campanillas). Un tema que aporta algo de optimismo dentro de la oscuridad anterior. El uso del violoncello solista también es peculiar. El tema principal se intensifica, llegando en momentos a iluminar la escena. Pero nunca acaba de definirse enteramente. Al final del movimiento retorna el sentimiento de desolación, terminando con grises acordes de la cuerda.

Sibelius intenta, sin salir de la tonalidad, buscar una nueva forma de expresión en la música. Comprende que no puede seguir por la línea de un neo romanticismo como el de Richard Strauss, pero no comulga con las ideas de la destrucción de la tonalidad que corren en su época.

Por una parte parece describir la atmósfera de las desoladas regiones del norte en el final del otoño, pero además los pensamientos de Sibelius en aquella época eran bastante amargos. Acababa de salir de una grave enfermedad y en el ambiente se encontraban motivos que anunciaban el próximo advenimiento de una gran guerra.