USTVOLSKAYA 2

La “Sinfonía Nº 2” (True And Eternal Bliss) fue terminada en 1979 siguiendo un estilo bastante próximo al de sus tres composiciones anteriores. Está orquestada para seis flautas, seis oboes, seis trompetas, trombón, tuba, piano y percusión. Además usa una voz solista, que realiza la recitación de unas palabras sueltas. Su título se puede traducir como Verdadera y eterna Felicidad.

Los textos de sus sinfonías dos, tres y cuatro, pertenecen a una antología de la literatura medieval latina publicada en Moscú en 1972. Escritos por el monje benedictino Hermanus Contractus de Reichenau (1013-1054). Como su nombre indica se trata de un noble alemán paralítico que se distinguió por su saber de tipo enciclopédico, pero su corta vida no le permitió llegar a la cumbre alcanzada por Hildegarde von Bingen, por ejemplo. Pero los textos escogidos son totalmente banales.

La sinfonía está escrita en un único movimiento presentándose como un ritual sonoro sin tener mucho que ver con la definición de la sinfonía clásica. En las indicaciones anexas a la partitura señala que el cantante recitador debe ir vestido enteramente de negro.

Empieza con un martilleo del piano acompañado por fuertes golpes de la percusión. Pronto se agrega el viento en forma de clústers. El cantante como en una súplica recita tres veces la palabra Gospodin, que significa Señor. El piano continúa dominando la escena con su martilleo implacable. Después de una pausa se repite la palabra Gospodin.

El metal se vuelve más insistente, repitiéndose nuevamente la palabra Gospodin. En la parte central los golpes de la percusión llegan a su mayor potencia. Después de un nuevo silencio, el recitador repite con insistencia varias palabras, que significan eternidad y verdad. La parte final, puramente instrumental, actúa como un postludio meditativo. En la coda el recitador pronuncia suavemente la palabra Gospodin acompañado por la flauta.

Del grupo de sus sinfonías con nombres religiosos es la más larga, durando unos quince minutos. Una música alejada de todo sentimentalismo. Un grito de protesta con violentas partes, actuando como una súplica con las palabras dirigidas a Dios.