USTVOLSKAYA 5

La “Sinfonía Nº 5” (Amen) compuesta entre 1989 y 1990, está orquestada para oboe, trompeta, tuba, violín, percusión compuesta por un cubo de madera y narrador. El texto es el clásico del Padrenuestro, recitado de un modo libre. La duración de la obra es similar a la de su tercera sinfonía.

Los golpes del cubo de madera abren un recitativo del oboe, pronto acompañado de la trompeta y de las palabras del narrador, empezando la clásica oración. Las palabras se interrumpen diversas veces por el recitativo del oboe. Una sección más violenta es iniciada por los golpes de la caja, con un recitado más apasionado. Continúa con una sección lenta pero con agresivas notas acompañando la narración.

En la parte central se repite nuevamente la sección violenta iniciada por la caja. Luego se repite de nuevo la sección lenta. Un solo de la tuba inicia la última parte, seguido del recitativo del oboe interrumpido por los golpes de la caja. Las últimas palabras del narrador son más dramáticas, acompañadas por agresivas notas de los instrumentos. La coda repite las notas del oboe acompañado por débiles golpes de la caja.

Con esta sinfonía se cierra el ciclo de obras de carácter religioso. Una música única dentro del repertorio sinfónico, si se le puede llamar así, difícil de comentar hasta para la propia compositora, que se expresa con las siguientes frases.

USTVOLSKAYA 2"Es extremadamente difícil de hablar uno mismo de su música. A mi habilidad para componer música no se corresponde necesariamente una disposición para comentar mis obras. Un punto de vista comúnmente sostenido dice que ambas habilidades se excluyen mutuamente. Ruego a todos los que aman verdaderamente mi música que renuncien a cualquier análisis teórico."

Una música llena de gemidos dolorosos, una música en la cual los sentimientos de piedad no existen, totalmente alejada del Parsifal de Wagner, la ópera de la redención. Algo que le hubiera encantado al filósofo Nietzsche.   [3]