WEINBERG 6

La “Sinfonía Nº 6 en la menor”  Op.79 fue terminada en 1963 siendo estrenada el 12 de noviembre del mismo año, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Moscú y el coro de niños de la Escuela Coral de Moscú dirigidos por Kiril Kondrachin. Además se realizó su primera grabación en disco.

Es la primera de un conjunto de seis sinfonías que utilizan componentes vocales. Está dedicada a su hija Victoria, utilizando un coro infantil en el segundo, en el cuarto y en el quinto movimiento. Se trata de una obra muy expresiva y de carácter intimista dedicada a los niños. La forma sinfónica está tratada con mucha libertad.

El primer movimiento, adagio sostenuto, empieza con una melodía pensativa presentada por las trompas, respondida por un tema vacilante de la cuerda acompañada por pizzicatos. El tema se va intensificando pasando finalmente a los violoncelos, que lo continúan de un modo sombrío. Entra la madera y el metal llevando el tema a su clímax. El tema continúa en la cuerda acompañada por golpes de timbal. Un solo de flauta realizando caprichosos arabescos interrumpe la acción. Luego el motivo para a la trompa y después al clarinete. La recapitulación es empezada por la cuerda baja, que nos lleva a una polifonía, terminando con una disonancia de la flauta y cuerdas.

WEINBERG S6El segundo movimiento, allegretto, empieza con una idea presentada por madera y cuerdas, que da paso al coro infantil. Cantan un tema despreocupado acompañados por grupos instrumentales. Un solo de oboe da paso a otro de violín acompañado por los timbales. El coro termina su actuación mediantes fragmentos temáticos. Reaparece el solo de violín interrumpido por la trompeta, que junto con la percusión realizan la coda.

El tercer movimiento, allegro molto, empieza con un potente tema rítmico presentado por el metal y la percusión. Los violines se unen a esta frenética danza, que pronto es recogida por toda la orquesta. La madera en su registro agudo inicia un tema de aspecto sardónico, acompañada por la cuerda y luego por una intervención del xilofón. Reaparece el tema inicial en la madera y cuerdas. Pronto interviene con fuerza la totalidad de la orquesta que nos lleva hacia una agresiva coda.

El cuarto movimiento, largo, empieza mediante violentas fanfarrias del metal y la percusión, antes de dar paso al coro infantil. Cantan un tema plañidero que se va intensificando progresivamente. El clímax está marcado por el metal y la percusión. Luego se tranquiliza mediante el tema principal interpretado por la madera. La música nos lleva directamente sin interrupción al siguiente movimiento.

El último movimiento, andantino, nos presenta un reflexivo tema mediante los violines. El coro infantil entra con un sencillo tema. Reaparecen temas anteriores cuando el coro está en silencio. El coro va ganando relevancia acompañado por la cuerda. Un solo de violín acompañado por la cuerda baja y los timbales nos conduce hacia el éxtasis. Las trompas y la cuerda recapitulan el tema inicial, terminando con una suave disonancia de madera y cuerda.

Una sinfonía menos abstracta que la anterior, poseyendo elementos descriptivos que intentaremos analizar seguidamente. La obra trata de los niños, concretamente de los niños judíos, presentando el primer movimiento su tema principal. Un tema triste como la suerte que les ha sido reservada. Pero se elevará de la obscuridad hacia la luz, en una llamada a la esperanza.

El segundo movimiento se basa en un poema de Lev Kvitko (1890-1952), que habla de la habilidad de los niños para sobrevivir. Un niño construye un violín a partir de desperdicios, tocando delante de una audiencia formada por animales y pájaros. Toda una lección de humanismo mostrando a los animales superiores a muchos humanos.

El tercer movimiento es puramente instrumental. Corresponde al scherzo de la obra con su sarcástico trío, al estilo de Shostakovich. Nos muestra una alegría rota por el dolor, que aparece en el próximo movimiento con toda su crudeza.

El cuarto movimiento es una nueva versión del quinto número de las "Canciones Judías" que compuso Weinberg en 1944, sobre un poema de Samuil Galkin (1897-1960). Una trágica reflexión, que nos presenta de un modo gráfico lo que antes había sido un hogar, ahora  convertido en una tumba para los niños asesinados y que un día servirá como memorial para las futuras generaciones.

El último movimiento tiene un ambiente consolador. Se basa en un poema de Mikhail Lukonin (1918-1976), tratado como una canción de cuna. Nos presenta a los niños, tanto del presente como del futuro, del Mississippi al Mekong, pidiendo poder dormir en la confianza de un brillante y fructuoso futuro. Un grito a la esperanza.

Shostakovich estaba tan impresionado con esta sinfonía, que la utilizaba como ejemplo para sus clases. Dicen que exclamó que era una obra que él la hubiera firmado. Su ciclo de canciones "De la poesía popular judía" Op.79 lleva casualmente el mismo número de opus que la sinfonía de Weinberg.

Entre los dos amigos se estableció una competición entre el número de sus obras. Cuando Shostakovich termina su décimo cuarteto de cuerda cuenta a un amigo, que finalmente ha podido avanzar a Weinberg que solo tenía nueve. En el caso de las sinfonías tenía 13 cuando Weinberg empezaba su séptima.