BEETHOVEN Sinfonía 9

La “Sinfonía Nº 9 en re menor” Op.125 tiene un largo período de gestación. Beethoven deseaba hacer un cambio en la forma, desde la composición en 1812 de sus últimas sinfonías. Entre 1817 y 1818 esboza el primer movimiento y el scherzo. La Missa Solemnis reclama toda su atención y abandona la sinfonía. En 1822 la Philharmonic Society de Londres le pide una nueva sinfonía y durante el verano reemprende la composición de la obra. Compone los tres primeros movimientos pero continúan las dudas en el cuarto. Finalmente decide intercalar la parte cantada con solistas y coro. Es la primera vez que se emplean las voces en una sinfonía. Terminada en 1824, se estrena en el teatro de Porta Carintia, Kärtnerthortheater de Viena el 7 de mayo bajo la dirección de Michael Umlauf.

La obra empieza con un allegro maestoso en tono menor, expresando profundidad y dramatismo. Los compases iniciales, marcados por intervalos primarios, sugieren el nacimiento del primer tema a partir del caos. Esta técnica mas tarde será seguida por Bruckner. Los dos temas empleados en la exposición crean un clima trágico. La exposición no se repite, siguiendo un desarrollo muy expresivo, hasta llegar a la reexposición y terminar con una coda que remarca el sentido del movimiento.

Sigue un scherzo situado en el segundo movimiento, que continúa transmitiendo la atmósfera del primero, una pieza enérgica que prolonga el clima de la anterior coda trágica, pero sin llegar nunca al melodrama. Posee un trio contrastante, en el que se respira una atmósfera de felicidad, antes de que el scherzo se vuelva a adueñar de la tensa situación.

El adagio contiene dos temas idílicos con sus variaciones. Destacan unos solos de trompa compuestos expresamente por Beethoven para el instrumentista de la cuarta trompa. En la parte final se escuchan dos compases patéticos del principio de la obra, pero el movimiento termina en un ambiente de apacible calma.

El movimiento final, allegro presto, necesita una explicación suplementaria. Encontramos el famoso tema de la alegría, un tema que por su semejanza se deriva de la segunda parte del lied Seufzer eines Ungeliebten und Gegenliebe WoO 150, compuesto entre los años 1794 y 1795. La “Fantasía para coro, piano y orquesta” Op.80 compuesta en 1808 toma como tema de su segundo movimiento finale, el mismo tema del lied, presentado primeramente por el piano y al que siguen unas variaciones en que interviene la orquesta, para terminar con una brillante intervención de los coros. Esta obra puede representar una fase preparatoria del final de su sinfonía. El tema es sencillo, cercano a la música popular, pero su nobleza lo ha convertido en uno de los temas más famosos de toda la historia de la música.

El movimiento empieza con un presto dramático representado el caos, seguido de un recitativo de los violoncelos. Después de su repetición, siguen las citas a los tres primeros movimientos, separados por el recitativo de los violoncelos. Como cuarto movimiento escuchamos el famoso tema de la alegría. Un nuevo comienzo es interrumpido por los sonidos del caos inicial. Entonces el barítono en recitativo entona la frase “O Freunde, nicht diese Töne!” y al terminar el recitativo presenta el himno de la alegría que luego es repetido por el coro. El recitativo hace de puente entre la realidad terrenal y la alegría celestial.

Beethoven pone música a una selección de la oda de Schiller “An die Freude” (A la alegría). Consta de cinco variaciones, a las que añade música turca a partir de la tercera, destacando una doble fuga coral, que une los versos “Freude,... Tochter aus Elysium” con “Seid umschlungen Millionen” (dejadme abrazaros, millones). Termina con una gran coda acelerando el ritmo, en la cual, en la última frase cantada por el coro, Beethoven invierte el texto de Schiller, dejándolo en “Tochter aus Elysium, Freude, schöner Götterfunken” (Hija del Elíseo, alegría, hermosa luz divina), cantando la frase en maestoso, dentro de la coda en prestissimo. Es como si quisiera dirigir a la humanidad hacia Dios.