BRIAN Sinfonía 1

La “Sinfonía Nº 1”  (The Gothic) fue compuesta en un periodo de varios años terminándola en 1929. Una obra sinfónico coral de larga duración que emplea inmensos recursos orquestales. Por su duración consiguió que entrara en el Guinness Book of Records como la sinfonía más larga escrita hasta entonces.

La obra no se estrenó hasta el 24 de junio de 1961, por una orquesta amateur dirigida por Bryan Fairfax. Su estreno con una orquesta profesional tuvo que esperar hasta el 30 de octubre de 1966, cuando fue interpretada en el Royal Albert Hall de Londres por los miembros de la BBC dirigidos por Sir Adrian Boult. Entonces el compositor había cumplido los 90 años.

Su instrumentación requiere una enorme orquesta con 32 instrumentistas en la madera, 24 en la sección de metal, dos timbaleros, una percusión con 17 músicos, celesta, dos arpas, órgano y una sección de cuerda ampliada. Además son necesarios dos trompas, dos trompetas, dos trombones, dos tubas y timbales, para cada una de las cuatro bandas adicionales. En total casi 200 ejecutantes en la orquesta. En la parte vocal intervienen un conjunto formado por siete coros y cuatro solistas.

La sinfonía está dividida en dos partes, cada una de ellas comprendiendo tres movimientos. Como dice su título, se trata de una visión sinfónica de la Época Gótica (1150-1550), un periodo de gran expansión de los conocimientos humanos, con episodios gloriosos y otros terribles. La primera parte que puede verse como un preludio de la segunda, está centrada en el Fausto de Goethe y es únicamente instrumental. Fausto representa el arquetipo del hombre de la edad gótica. Buscador de los conocimientos ocultos y místico ambicioso.

La segunda parte es mucho más larga que la primera y Brian se inspiró en la enorme fuerza que representan las catedrales góticas y la música que se interpretaba en su interior. Realiza una interpretación del Te Deum por cuatro solistas vocales, dos coros dobles, cuatro bandas de metales y una extensa orquesta como se ha visto anteriormente.

La partitura está precedida por dos líneas en alemán del Fausto de Goethe:

Quién lo ha intentado con todas sus fuerzas

Este hombre podemos redimirlo

El primer movimiento, allegro assai, está escrito en la forma sonata. Empieza con oscilaciones en los violoncellos y un potente y nervioso primer tema, realzado por el metal y la percusión. El segundo tema ofrece un fuerte contraste. Presentado por el primer violín tiene un cierto aire folclórico. El tema se hace más lírico al ser tomado por la orquesta. La sección de desarrollo es mas dura, basándose en los motivos iniciales, combinándose con nuevos elementos. La orquestación se hace más original en el tratamiento de los temas. Un breve tema reemplaza al segundo, ofreciendo el oportuno contraste antes de empezar la recapitulación. Una encantadora cadencia para el violín solo, repite el segundo tema original. El movimiento se hace más impetuoso, con golpes de la percusión. En los últimos compases la entrada del órgano presenta una espectacular coda.

El segundo movimiento, lento espressivo e solenne, es un gran procesional lento. Consta de dos elementos principales. Un ritmo marcado por las tubas y timbales y una noble melodía en forma de marcha, iniciada por las violas y violonchelos. Los dos elementos sufren un desarrollo compitiendo entre ellos. En la parte central el ritmo cambia bruscamente, presentando un tema parecido al que escribirá Vaughan Williams años mas tarde para representar las ventiscas en su Sinfonia Antartica. El tema se amplifica considerablemente hasta llegar a la recapitulación del motivo de la marcha inicial, interpretado por el tutti de la orquesta. El climax final se desvanece en la sombra, presentando una coda para trompas y tubas. Un sostenido del clarinete bajo nos conduce directamente al siguiente movimiento.

El tercer movimiento, vivace, corresponde a un scherzo interpretado muy libremente. Empieza con un motivo bruckneriano en forma de ostinato, presentando una serie de elementos contrastados. El principal de ellos consiste en una misteriosa llamada de las trompas, que después de una pausa, se desarrolla de modo tempestuoso. Sigue una sección más lírica que termina en otro violento pasaje, que en lugar de la recapitulación presenta una nueva sección de desarrollo. Una extraña cadencia para el xilófono acompañado por los timbales, se convierte mas tarde en un politonal ostinato. Una figura de cuatro notas descendentes en el trombón lleva la música hacia su climax. Le sigue una coda de gran calma con una misteriosa llamada de la trompa.

La segunda parte de la obra consiste en el Te Deum dividido en tres partes. En ellas Brian emplea todas las fuerzas de la orquesta, solistas vocales y coros. Comprende los movimientos cuarto, quinto y sexto de la sinfonía.

El cuarto movimiento, allegro moderato, sigue el texto del Te Deum Laudamus, expresando las alabanzas por la naturaleza y actos de Dios. El coro introduce la primera frase siendo contestada por el cuarteto solista. Continúa con una fanfarria orquestal. Sigue con una masiva entrada de todos los ejecutantes, interpretando de forma optimista y con heterofonía el tema. Luego en vez de desarrollo continúa con una serie de motivos contrastantes en los coros. Con las palabras Sanctus se llega a un nuevo climax. Las palabras Te per orbem... son cantadas de un modo lleno de calma por los coros a capella o sea sin acompañamiento orquestal. La música toma el ritmo de marcha para la frase Patrem inmensae majestatis, llegando luego a un breve climax. Aparecen unas llamadas de las trompetas que se aceleran en forma de una fanfarria para dar paso a la frase Tu Rex gloriae Christe. Luego las mismas palabras son cantadas de un modo reflexivo. Sigue un canon de forma cromática, que llega al climax con la frase Tu devicto mortis aculeo. La última parte del movimiento consiste en una compleja heterofonía, que con la frase Tu ad dexteram Dei sedes, in gloria Patris, llega a una majestuosa conclusión.

El quinto movimiento, conocido como Judex, consiste en un adagio molto solenne e religioso. Su texto solo contiene una frase, Judex crederis esse venturus, creemos que Tu debes ser nuestro juez. Los cuatro coros cantan a capella, formando densos tejidos y clusters. Luego la soprano solista repite el texto y los coros empiezan un difícil pasaje polifónico de gran complejidad y disonancia, divididos en veinte partes. Una vocalización de la soprano introduce una fanfarria para trompetas. La orquesta interviene por primera vez en el movimiento en forma de una extraña marcha. Los cuatro coros repiten el texto de modo separado, acompañados cada uno por cada una de las bandas de metal, con intervención de la orquesta realizando comentarios. Luego la orquesta empieza una sección de desarrollo que gradualmente crece en intensidad, apoyada por la percusión. En la parte final reaparecen los coros cantando de forma misteriosa y polifónicamente, para llegar al potente climax final. Todos los elementos se unen, incluyendo las cuatro bandas en la resplandeciente coda.

El sexto y último movimiento, moderato e molto sostenuto, es el más extenso de todos. Empieza con la frase Te Ergo Quaesumus. El texto contiene elementos de alabanza y ruegos para el futuro. Un solo del oboe d’amore introduce la primera frase cantada por el tenor, que continúa con la primera estrofa, acompañado por la orquesta. Un breve interludio orquestal lo separa de la frase Aeterna fac cum Sanctis tuis in gloria numerari. Luego la orquesta empieza una especie de celestial danza a la que se unen los coros sin palabras, vocalizando. La soprano repite la frase anterior y luego la danza continúa. Los coros intervienen en una sección considerada de gran complejidad que termina en un climax. La frase de los coros Salvum fac populum tuum es cantada de modo antifonal a capella. La música se hace mas perturbada, contrastando con la siguiente sección cantada mas alegremente por el coro femenino con acompañamiento orquestal, Et benedic haereditate tuas. La respuesta es dada por el coro masculino cantando con grandiosidad Et rege eos. Luego el coro infantil interpreta con dulzura la frase, Per singulos dies benedicimus te.

Una melodía en forma de marcha es interpretada por nueve clarinetes apoyados por la percusión. Los coros cantan vocalizando, empezando por los bajos y terminando por los más agudos y luego participando todos los coros. Con la frase Et laudamus nomen tuum in saeculum saeculi , los coros alcanzan un nuevo climax de gran esplendor realzado por la orquesta y percusión. Luego reaparece la marcha de los clarinetes como recapitulación.

La atmósfera se oscurece con un aire de angustia, cuando el bajo canta Dignare Domine, die isto. Luego los coros a capella empiezan una doble fuga. La secuencia termina con tristeza. Entonces hacen irrupción las fuerzas infernales. Las bandas y el metal orquestal con seis timbales y la completa percusión realizan ataques diabólicos disonantes, que provocan agonizantes llamadas de los coros cantando Non confundar in aeternum. La coda final empieza con una triste melodía del violoncello. Después de una breve intervención orquestal, el tema es repetido por la trompeta en sordina. El coro murmura las palabras Non confundar in aeternum serenamente, sin llegar a la desesperación.

La duración de la obra es de una hora y más de cincuenta minutos. Una duración que se justifica por la intensidad de la obra. Dedicada a Richard Strauss contiene escasos elementos del compositor alemán. Es una recapitulación de la herencia del pasado unido a las demandas del futuro. En ella Brian hace una masiva reafirmación del idealismo inglés tan cruelmente golpeado por la guerra. Bruckner, Wagner, Strauss, Elgar y las primeras obras de Schönberg tienen una influencia en la obra. El texto de la segunda parte es un nexo de unión de toda la cultura occidental dividida por la guerra. En parte también refleja las crisis personales de su autor.