PETTERSSON S 10

La “Sinfonía Nº 10” fue compuesta entre 1970 y 1972. Diseñada durante los nueve meses que permaneció ingresado en el hospital expresa todo su sufrimiento de este trágico periodo. Está considerada como la más dura de sus sinfonías. El propio compositor la describía como un puñetazo en plena cara.

Compuesta en un solo movimiento de una forma más condensada que en sus precedentes sinfonías, dura unos 27 minutos. Para efectos descriptivos ha sido dividida en cinco secciones. La primera sección empieza con una exposición de breves secuencias en forma de rápidas ideas cambiantes. Estas ideas se van repitiendo de un modo confuso alcanzando su climax, pero sin llegar nunca a su triunfo. Después de un descenso de la tensión entramos en la segunda parte. Continúan las repeticiones en forma obsesiva creando un clima depresivo alucinante. El ritmo se va incrementando en la parte final que nos conduce a la tercera sección. La música se hace más áspera mostrando toda su brutalidad.

PETTERSSON S 8Un cambio característico lo encontramos al inicio de la cuarta sección. La música parece dulcificarse expresándose en formas más amplias. Pero pronto aparece una nueva diabólica marcha que nos conduce hasta una forma extrañamente lírica, como si quisiera surgir un himno a la esperanza. La percusión lo acompaña con su típico ritmo de marcha fúnebre. Pero la idea no llega a triunfar plenamente. Al inicio de la última sección encontramos otra de las conocidas islas líricas de su autor. Un claro himno es iniciado por la cuerda y desarrollado por la orquesta. Pero al contrario de sus anteriores sinfonías, las fuerzas diabólicas vuelven al ataque en la sección final. Nuevamente aparece un motivo de esperanza pero violentas entradas de la percusión y explosiones de los metales lo destruyen. Un frío acorde dice la última palabra para terminar en un brutal silencio.

Se trata de una obra difícil por su aspereza, reflejando los terribles momentos vividos por su autor. Una obra tremendamente pesimista, que al contrario de sus anteriores obras no concede casi ningún respiro, terminando trágicamente, prácticamente como en el modo de su comienzo.

Durante la temporada 1994-95 esta sinfonía se interpretó dentro de un ciclo de conciertos dedicados al compositor sueco. Comprendieron 63 conciertos interpretados en 27 ciudades de Renania-Westfalia. Se demostró que la actitud del público frente a su música era menor que la despertada en algunos críticos locales.

Durante la composición de su sinfonía Pettersson escribe una serie de pensamientos, algunos de los cuales traducimos a continuación por su carácter clarificador.

Hay que temer a la muerte, pero no a la misma muerte. Hay que temer a la vida y al hombre, su crueldad hacia sus semejantes.

El ángel de la muerte es una imagen poética llena de hipocresía. La muerte no tiene nada que ver con la misericordia, por el hecho de que ella tiene un poder de atracción superior, escondido detrás del sufrimiento y la enfermedad. En el momento preciso en que su oponente, la fuerza vital, se encuentra debilitada. El fin primero era la vida, no la muerte. Cuando llega, llega como un decreto gubernamental. No la puedo aceptar como mía, pues no está conforme con mi voluntad de vivir. La muerte, mi sombra fiel, es sin embargo más fuerte que yo. ¿O se trata de EL en persona, el Dios que experimenta consigo mismo, como un hombre, en otra forma de vida?

En el túnel de la muerte donde vivo actualmente, no existen los hombres, ni los dioses, no existe nada vivo excepto yo, solitario y abandonado de Dios.

En el mundo hospitalario en que actualmente vivo, me doy cuenta de la posesión de una fuerza singular. Estoy sentado en la cama, componiendo una música que no tiene nada que ver con el mundo de la última estación, una música llena de una vida que le es propia. Mi alrededor me fuerza, como ha sido siempre durante mi vida, a volverme profundamente en mi mismo, para llegar a las raíces de mi existencia. Que algo en mí guarde su integridad, sin dejarse destruir, me llena de asombro, como si fuese un milagro.

Mi muerte me pertenece, solo es mía. Vosotros podéis protegeros de vuestros miedos y del miedo a la muerte, ayudados por la Iglesia, la sociedad y los parientes, sin ninguna misericordia desinteresada. Vosotros, que no conocéis el sentido de la expresión “higiene mental”. Se puede guardar el alma tan pura como el cuerpo.

Con esta serie de frases creemos que no es necesario añadir otra explicación para intentar captar el sentido de su obra. Representa el periodo más pesimista y oscuro en la vida de Pettersson.