PETTERSSON S 16

La “Sinfonía Nº 16” es la última completada por Pettersson. Se trata de una sinfonía singular, única en toda la producción de su autor, una obra para saxofón y orquesta. En el año 1979 Pettersson recibe una petición del solista de saxo Frederick Hemke para realizar una composición para saxofón. Pocos meses más tarde el compositor le envía la partitura de una nueva sinfonía, una obra que incluye la participación de un saxo alto como solista.

La obra se estrenó después de la muerte del compositor, en el año 1984, interpretada por Frederick Hemke con la Orquesta Filarmónica de Estocolmo dirigida por Yriy Ahronovitch. Años después el compositor sueco Anders Eliasson pide al saxofonista John-Edward Kelly la grabación discográfica de dicha sinfonía. Kelly al estudiar la partitura se da cuenta del empleo demasiado restringido de las capacidades que tiene el instrumento por parte de Pettersson. Según el solista, el compositor no conocía demasiado el instrumento, especialmente la extensión de sus registros. Muchas veces su voz quedaba ahogada por la orquesta. Entonces Eliasson sugiere al saxofonista si podía realizar una corrección de la obra con la ampliación de los registros del saxo. Finalmente Kelly realiza once correcciones que envió al director, el cual aprobó con entusiasmo los cambios realizados. Con esta partitura John-Edward Kelly realiza una nueva grabación de la sinfonía en 1995, junto a la Rundfunk-Sinfonieorhester Saarbrücken dirigida por Alun Francis.

Escrita como es habitual en un solo movimiento, puede dividirse en cuatro partes. La primera, frenetico, attacca, empieza con una ataque frenético de las trompas, junto a golpes rítmicos de los primeros violines. Pronto nos damos cuenta del carácter más meditativo de esta sinfonía, con respecto a las inmediatamente anteriores. A pesar de que todavía existen sus característicos rasgos de dureza. El saxo se funde con la orquesta como un instrumento más, destacando solo por su tesitura y la continuidad de su canto.

La segunda parte, sin ninguna pausa con la anterior, lleva el título cantabile espressivo, attacca. Representa el adagio de la sinfonía, conteniendo melodías más líricas, interpretadas por el saxo acompañado siempre delicadamente por la orquesta. El autor juega con las posibilidades cantabiles del instrumento solista. La tercera parte, sin título, empieza con una intensificación rítmica, con motivos más vivos interpretados por el saxo, acompañado seguidamente por los fuertes motivos rítmicos de la introducción. Un pasaje de tipo camerístico, protagonizado por el saxo, nos llevará a la última parte, que tampoco posee título. La orquesta intenta borrar los rasgos de lirismo iniciados por el saxo. Cuando llega la calma, el saxofón se encuentra solamente acompañado por la cuerda, formando una nueva isla lírica, una elegía para saxo y cuerdas que nos lleva a una tranquila coda.

Cuando compuso esta obra el compositor no sabía que sería su última obra completa, por ello no podemos compararla con la última sinfonía de Shostakovich de un parecido carácter. Presenta una síntesis de sus rasgos característico pero abandonando finalmente la agresividad y volviéndose más lírica. Su tranquilo final nos da la impresión de ser un dulce adiós a la vida.