BRITTEN

"SINFONIA DA REQUIEM"

La “Sinfonia da Requiem” Op.20 fue compuesta en 1940 después de una petición que tiene una curiosa historia. A principios de otoño de 1939 recibió un encargo del British Council para componer una obra sinfónica destinada a una celebración especial de un poderoso país.

El British Council, el Consejo Británico, es un ente público que tiene por misión la difusión de la lengua y cultura inglesa. Es parecido al Instituto Cervantes de España o al Goethe-Institut de Alemania.

Después de aceptar el encargo, Britten se enteró de que el país demandante era el Japón, cuyo gobierno había pedido obras a diversos compositores de algunos países, para la celebración del 2600º aniversario de la dinastía reinante.

La Familia Imperial del Japón es la dinastía hereditaria más antigua del mundo. La casa imperial reconoce a 125 monarcas, empezando por el legendario Emperador Jimmu, que la tradición data en el 11 de febrero del año 660 antes de Cristo. Sin embargo no existe una evidencia histórica de los 25 primeros emperadores. Esta dinastía continúa sin interrupción, pasando de padres a hijos, hasta llegar al actual Emperador Akihito. Según la Constitución del Japón el emperador es el símbolo del Estado y de la unidad de su pueblo.

El Japón había desarrollado un gran acercamiento a la música clásica occidental contratando a numerosos músicos para la formación de sus propias orquestas. Además de Britten otros compositores habían recibido peticiones de componer obras para la celebración del aniversario, entre ellos Richard Strauss y el francés Jacques Ibert.

Pasaron seis meses antes de que Britten recibiera el contrato del Japón. Este retraso hizo que solo le quedaran seis semanas para completar su trabajo. Mientras había empezado a escribir una sinfonía, la única obra que podría terminar a tiempo para la celebración de la fiesta en el año 1940.

En esta época Britten se encontraba en los Estados Unidos. Visitó al cónsul local para exponerle su proyecto, la Sinfonía de Réquiem. Sin recibir comentarios contradictorios terminó su obra, sin tener ninguna noticia sobre la misma durante los siguientes seis meses.

En el otoño de 1940 fue citado por el consulado del Japón para que leyera una carta enviada por el Vizconde Hidemaro Konoye, organizador de la celebración. En la carta se informaba al compositor que con su obra insultaba a una potencia amiga, al presentar una obra cristiana donde el Cristianismo era inaceptable. Tenemos miedo de que el compositor haya entendido mal nuestro deseo... La música posee un tono melancólico, tanto en sus modelos melódicos como rítmicos, que la hacen inaceptable para la interpretación en ocasión de nuestra ceremonia nacional.

Britten redactó una apropiada respuesta a la carta, diciendo que era un cristiano de una nación cristiana y que no deseaba de ningún modo insultar con su obra. Por otra parte no había tenido tiempo para escribir una obra nueva. Trasladada su réplica al consulado no tuvo ninguna respuesta. Poco tiempo más tarde llegó el ataque de Pearl Harbor rompiéndose las relaciones entre el Reino Unido y el Japón.

La sinfonía se estrenó el 29 de marzo de 1941 en el Carnegie Hall de New York, interpretada por la New York Philharmonic dirigida por John Barbirolli, siendo bien recibida por el público asistente. No se presentó en Japón hasta el 18 de febrero de 1956, interpretada por la NHK Symphony Orchestra dirigida por el propio compositor.

La sinfonía es una obra para orquesta en tres movimientos, que se interpretan sin interrupción, usando los títulos del Réquiem católico. Era la primera obra sinfónica importante escrita por el joven Britten.

Está orquestada para tres flautas, piccolo, dos oboes, corno inglés, tres clarinetes, clarinete bajo, saxofón contralto, dos fagots, contrafagot, seis trompas, tres trompetas, tres trombones, tuba, timbales, bombo, tambor, pandereta, platillos, látigo, xilofón, dos arpas, piano y cuerdas.

El primer movimiento, Lacrymosa, empieza con un lamento en forma de marcha lenta marcada por la percusión. El primer tema de ambiente doloroso es presentado por los violoncelos y contestado por un solo del fagot. El segundo tema consiste en una amplia melodía que nos conduce a su clímax. El tercer tema consiste en breves acordes alternados entre la flauta y los trombones. Después de la sección de desarrollo termina con la recapitulación de la marcha inicial. Mediante una nota sostenida se une al siguiente movimiento.

El segundo movimiento, Dies irae, correspondería al scherzo de la sinfonía. Un motivo rítmico adquiere el significado de una Danza de la Muerte. El motivo dominante es presentado por las flautas. Las trompetas presentan un rápido motivo de notas repetidas y el saxo un calmado motivo. Una melodía lenta es seguida por un ritmo sincopado del metal. Estos motivos van alternando, llevándonos a una serie de clímax que acaban desintegrándose y conduciéndonos sin pausa al movimiento final.

El último movimiento, Requiem aeternam, empieza muy lentamente mediante un motivo interpretado por las flautas acompañadas por la cuerda y las arpas. En la parte central la cuerda presenta una melodía ondulante hasta llegar a un breve clímax, para volver al tema inicial, acabando la obra mediante una larga nota sostenida del clarinete.

Empieza con un lamento en forma de marcha que nos conduce a un clímax, siguiendo con un movimiento central con sugestiones de una futura guerra y terminando con una reflexiva parte final con un optimista final de esperanza deseando la paz.

Según el compositor la obra no posee ninguna asociación con la liturgia. Describe sus movimientos como un lento lamento en forma de marcha, una especie de Danza de la Muerte y una final resolución.

La sinfonía fue compuesta a la memoria de sus padres y como una reacción contra la guerra que se avecinaba. Britten era un pacifista como se puede ver en un artículo publicado el 27 de abril de 1940 en el New York Sun. Transcribiendo sus palabras, Lo hago de forma en contra de la guerra, tanto como sea posible... No creo que se puedan expresar teorías sociales, políticas o económicas a través de la música, pero mediante la unión de la nueva música con frases musicales bien conocidas, pienso que es posible ir más allá de ciertas ideas... sobre todo estoy seguro de mi propia convicción en contra de la guerra cuando la escribo.

Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya

Jakub Hrusa              25/04/2014

Copyright © All Rights Reserved Francesc Serracanta 2014 Molins de Rei serracanta@historiadelasinfonia.es