LA SINFONIA EN ITALIA

salieri

 

6 – La sinfonía en Italia

Aunque la sinfonía se originó en Italia, los compositores italianos mostraron escaso interés por el género. En un país cuyo máximo interés estaba en el teatro lírico, sus compositores se dedicaron principalmente a la ópera, situación que se ha mantenido hasta nuestros días, con escasas excepciones. Hablaremos de algunos compositores que apenas aportaron algo al género.

  

Luigi Boccherini (1743-1805) nació en Lucca, marchando a estudiar a Roma a los 13 años, destacando en la práctica del violoncello. Junto con su padre en 1757 se inscriben en el Hoftheater de Viena. Aunque en 1759 regresa a Italia, vuelve a Viena al año siguiente donde tiene sus primeros éxitos como compositor, llegando a ser conocido por la emperatriz María Teresa. Después de un nuevo regreso a Italia vuelve a Viena por tercera vez en 1764. Este mismo año es admitido en la capilla musical de Lucca. En Milán participa en un famoso cuarteto de cuerda junto a Manfredi, Nardini y Gambini. Su amistad con el violinista Filippo Manfredi lo llevaría a París emprendiendo su carrera de concertista.

A principios de 1767 llegó a París donde publicó su primera sinfonía. Su primer gran éxito se produce en un concierto, junto con su amigo Manfredi, celebrado en los Concerts Spirituels de la Sale des Suisses, en las Tullerias, el 3 de marzo de 1768. Su estancia en París fue corta ya que en el verano del mismo año partían para España.

El motivo del viaje era una invitación del embajador español. En aquella época España estaba gobernada por Carlos III de Borbón, que no era muy aficionado a la música. Manfredi logró colocarse al servicio de Don Luís, infante de España y hermano del rey. Al poco tiempo Boccherini también entró en la corte de Don Luís, buen aficionado al arte musical. En julio de 1769 se realizaron algunos conciertos en el teatro de Los Caños del Peral, donde se interpretó una sinfonía concertante de Boccherini, la Op.7, por la orquesta de aquel teatro de Opera. En 1770 firmaba un ventajoso contrato como compositor para Don Luís, con la autorización de Carlos III. Entre las obras compuestas en 1771 se encuentran las Sinfonías Op.12.

En 1776 Don Luís se casa con Doña María Teresa Vallabriga, a pesar de estar destinado a la carrera eclesiástica. El enfado de su hermano le obliga a retirarse al palacio de las Arenas de San Pedro, cerca de Avila. Boccherini que también se había casado lo acompaña. Este período fue para el músico parecido a la estancia de Haydn en Esterháza. Allí compuso las Sinfonías Op.35 en 1782, en tres movimientos influidas por la música de Haydn, ya conocida en España. Pero su felicidad acaba de repente en 1785. Muere su esposa y al poco tiempo Don Carlos.

Boccherini tuvo que pedir protección al rey por los servicios prestados y logró una pensión, con la cual pudo continuar dedicándose a la composición. Su fama había llegado a la corte de Prusia para la cual escribió una serie de obras, en 1786, entre las cuales había solamente una sinfonía.

Otro de sus mecenas fueron los duques Benavente-Osuna que rivalizaban con los duques de Alba con sus salones musicales. María Josefa Benavente-Osuna, de carácter más moderno que el folclórico de la casa de Alba, tenía una pequeña orquesta privada y para esta orquesta compuso las Sinfonías Op.37 en 1786, que se alternaban con las de Haydn. Su cargo terminó en enero de 1787. Tuvo también relación con Ignaz Pleyel que publicó varias obras suyas, pero su sentido comercial disgustó a Boccherini que no quería escribir obras más sencillas solo para que alcanzaran un mayor éxito de venta. Sus últimos años de vida transcurrieron en Madrid de forma bastante precaria. Su contribución mayor fue en la música de cámara.

La “Sinfonía en do menor” Op.41 fue compuesta en 1788 con un formato parecido a las sinfonías de Haydn. Destaca el segundo movimiento, Pastorale en forma de rondó A, B, A, C, A, B, A con ecos franceses. El tema principal recurrente A es de una dulzura acariciante. El minuetto contiene movimientos de danza popular que nos recuerda el ambiente español. Termina con un allegro dotado de energía vital.

  

Antonio Salieri (1750-1825), natural de Legnano, cerca de Verona, estudió en Venecia y en 1766 se trasladó a Viena como protegido del compositor de la corte Florian Gassmann. Introducido en la corte del emperador José II logró en 1774, a la muerte de Gassmann, ocupar su plaza. Su interés se concentró en la ópera, llegando sus obras a ser representadas en París. En Viena ocupaba un lugar privilegiado en una época en que se encontraban allí los más importantes compositores del momento, Haydn, Mozart y luego Beethoven y Schubert. Una leyenda lo relaciona con el hecho de haber envenenado a Mozart. En realidad era su gran rival en la ópera, pero estos rumores no tienen ningún fundamento.

Después de ser director de la ópera de Viena se retiró al campo de la enseñanza. Entre sus alumnos encontramos a Beethoven, Schubert y al joven Liszt. Murió en una época en que su música estaba totalmente desfasada.

Solo se le conocen dos sinfonías, lo cual nos habla del poco interés que sentía por el género. La“Sinfonía Veneciana” era en realidad la obertura de su ópera “La scuola de’ gelosi” datada en 1778 y construida por los clásicos tres movimientos. La “Sinfonía ‘Il Giorno Onomastico’” fue escrita en 1775 y es de mayor dimensión, con una orquestación mas elaborada. Dotada de cuatro movimientos sigue la línea clásica vienesa, pero adornada por el gran melodismo italiano, como se puede comprobar en sus solos para viento. Destaca su lírico Larghetto y el allegro final con su tema de felicitación.

  

Niccolò Zingarelli (1752-1837) es conocido por sus obras para el teatro lírico, como era de esperar de un italiano. Estudió con Cimarosa y fue maestro entre otros de Bellini. Su contribución al campo de la sinfonía, a pesar de ser importante, es poco conocida. Compuso 12 sinfonías en tres movimientos, 57 en un solo movimiento y 15 que dejó sin terminar.

El primer grupo de 12 sinfonías fue compuesto durante su estancia en Milán entre los años 1781 y 1789. Se conocen como las Sinfonías Milanesas. Su estilo e instrumentación es la clásica, cuerda, dos oboes y dos trompas.

La “Sinfonía milanesa en re menor” denota la influencia de Haydn y el movimiento del Sturm und Drang. Mientras que la “Sinfonía milanesa en mi mayor” es de influencia mozartiana, como se puede comprobar en los acentos de su primer movimiento.

En los últimos años de su vida, transcurridos en Nápoles, de 1815 a 1836, escribió 57 breves sinfonías en un movimiento, un allegro de sonata precedido de una introducción lenta. Era la moda italiana de escritura sinfónica, parecida a la obertura operística, como un retorno a sus orígenes. Compositores como Rossini también la emplearon. La paleta orquestal usada es más amplia que en sus primeras sinfonías, usando además de los instrumentos habituales, flautas, fagots y clarinetes. Sigue en la línea de Haydn, usando temas inspirados en Mozart, a pesar de la época tardía de su composición.

La “Sinfonía en re mayor” posee una gran vivacidad rítmica, con un constante juego de los instrumentos de viento, especialmente de las flautas y el oboe. Mientras que en la “Sinfonía en mi bemol mayor”, los papeles principales están reservados al clarinete y a la trompa. En el allegro las flautas desarrollan un tema inspirado en Mozart.

La “Sinfonía fúnebre en do menor” está fechada en Torre del Greco en 1836. Es una obra de tonos lúgubres que anuncian la muerte, cosa que se producía un año después. Pero a pesar de ello conserva los ritmos italianos que la liberan en parte de esta tristeza.

 

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