SINFONIA Nº 6 EN SI MENOR

La “Sinfonía Nº 6 en si menor”  Op.54 fue compuesta en 1939 después de un tiempo de confusión expresado por las menciones del propio compositor. En el otoño de 1938 dice que ha empezado una nueva sinfonía que se llamará “Sinfonía Lenin para solistas, coros y orquesta” Op.53a, una obra monumental empleando los versos del poema escrito por Vladimir Mayakovsky, “Oda a Vladimir Ilyich Lenin” y el texto de varias canciones folclóricas. Pero al siguiente año decidió no continuarla, usando el material sinfónico para una nueva sinfonía que no contiene textos ni coros, ni ninguna referencia a Lenin. Empezada en el mes de abril de 1939 la terminó en octubre del mismo año.

La obra se estrenó en Leningrado el 21 de noviembre de 1939, interpretada por la Orquesta Filarmónica de Leningrado dirigida por Yevgeny Mravinsky, siendo recibida con entusiasmo por el público, especialmente su movimiento final. El 3 de diciembre la obra se presentaba en Moscú. En 1940 fue grabada en disco por la Philadelphia Orchestra dirigida por Leopold Stokowski.

Está orquestada para piccolo, dos flautas, dos oboes, corno inglés, dos clarinetes, clarinete en mi bemol, clarinete bajo, dos fagots, contrafagot, tres trompetas, cuatro trompas, tres trombones, tuba, timbales, pandereta, caja, triángulo, platillos, bombo, tam-tam, xilófono, arpa, celesta y cuerda.

La forma de la sinfonía es extraña, con un gran movimiento lento, seguido por dos rápidos, sin presentar la forma sonata clásica. El compositor declaró más tarde, que la obra era un deseo de comunicar el talante de la primavera, la alegría y la vida.  En mi sinfonía predomina un orden lírico y contemplativo.

El primer movimiento, largo, esta dividido en dos secciones. Empieza con una amplia melodía interpretada al unísono. Se trata de una melodía triste, que se desarrolla mediante largas frases de un intenso dramatismo. El movimiento llega a su trágico climax con un solo de trompeta. Entonces empieza la segunda sección, mediante un solo del corno inglés sobre distantes redobles de los timbales, en forma de una marcha fúnebre. El tema es llevado a un alto grado de expresión. En la parte central aparece un extraño solo de la flauta, en un estilo de música oriental ornamentado con arabescos. Luego empieza la recapitulación de forma abreviada. El primer tema reaparece mostrando un alto grado de desolación. La marcha fúnebre cierra el movimiento de un modo desolador, mostrando que no existe esperanza.

El segundo movimiento, allegro, corresponde al scherzo. Empieza en la forma de una alegre danza ligera. Pero se trata de una alegría pasajera, como nos muestran breves frases del violín. El clarinete bajo empieza un nuevo tema acompañado por los fagots, en la sección que correspondería al trio. Los colores se hacen más oscuros, llegando a un climax que suena grotesco, como de una pesadilla. La recapitulación es muy breve, desapareciendo casi totalmente la alegría del comienzo. Algunas frases nos recuerdan el primer movimiento, dando unidad a la obra. Una breve coda cierra el movimiento.

El último movimiento, presto, está escrito en forma de rondó. Empieza con una danza en forma de marcha, una especie de galop de music-hall, presentando la alegría externa del pueblo ruso. Una música que tiene la influencia de Prokofiev en su forma irónica, denotando una superficial alegría con sus ritmos tempestuosos. La danza llega a un exuberante climax de un modo bastante banal. Luego la cuerda lentamente vuelve a recuperar el ritmo inicial. La incorporación del metal nos lleva hasta una bulliciosa coda.

Encontramos similitudes entre Mahler y Shostakovich, teniendo en cuenta las diferencias temporales. El empleo de mezclas de temas aparentemente mundanos con otros de más trascendencia, con sus contrastes y sus partes grotescas. Ambos son maestros en la orquestación y desean expresar en sus obras ideas con cierta trascendencia. Sus obras arrancan siempre apasionadas discusiones, tanto en el campo estético como en el anímico. Podríamos hablar de Shostakovich como el Mahler soviético.

SOLDADOS 2Como siempre, Shostakovich por razones políticas nos oculta el verdadero sentido de sus obras. Cuando escribe la obra, Stalin firma el pacto de no agresión con la Alemania de Hitler, en el mes de agosto de 1939. Poco después ataca a Polonia. El ambiente se encontraba sumamente caldeado y la fuerza de la censura rusa aumentaba cada día.

La sinfonía se estrenó como hemos dicho en Leningrado, en el Festival de Música Soviética que incluía además el estreno de “Alexander Nevsky” de Prokofiev y la cantata de Shaporin “En el campo de Kulikovo”, dos obras de un directo sabor patriótico. En un principio Shostakovich quería presentar su “Sinfonía Lenin” al Festival, pero en cambio presentó una obra que no convenció demasiado a las autoridades soviéticas, que necesitaban obras para levantar el ánimo del pueblo en aquellos difíciles tiempos prebélicos.

No sabemos si los críticos soviéticos sospecharon el sentido real de la obra, pero lo cierto es que desapareció de los programas, a pesar de la respuesta favorable del público. Como siempre, intentaremos realizar una segunda lectura de la obra para descubrir su verdadero sentido. El régimen de terror se había apoderado de Rusia. Entre las nuevas víctimas se encontraba el gran director teatral Vsevolod Meyerhold, arrestado en el mes de junio de 1939, que había ayudado al compositor durante su juventud. La respuesta del compositor era evidente, aunque debía permanecer disfrazada.

En el primer movimiento nos presenta el alma rusa hundida por el sufrimiento, la soledad y el miedo. Intenta levantarse pero se hunde en un catastrófico climax. Una marcha fúnebre acompaña su cadáver. El final no otorga esperanza alguna. Es la desesperación más absoluta, la muerte.

El scherzo nos presenta una fugaz alegría. Su tono enigmático esconde una melancolía, que sobrepasando los elementos burlescos, se expresa más claramente en su delicada coda. Finalmente el último movimiento muestra la trágica realidad del mundo soviético. Sus danzas triunfales son vistas como la imagen propagandística de una alegría primaveral, que la dictadura ofrece al pueblo. Shostakovich nos presenta esta imagen de una vulgar realidad, engañada por las marchas deportivas, los films optimistas y la música ligera. Pero detrás de toda esta visión superficial se esconde la más terrible tiranía, la infamia más espantosa.

Poco tiempo después de terminar la sinfonía, Shostakovich escribe la “Suite sobre temas fineses” Op.56a, terminándola el 3 de diciembre. Pero el 30 de noviembre de 1939 las tropas soviéticas invaden Finlandia. Una nueva fatalidad sigue a la obra del compositor. Políticamente la obra no se podía dar a conocer y Shostakovich la esconde, sin que nadie se entere de su existencia. La obra permanece oculta durante más de sesenta años, siendo descubierta hace poco tiempo en la biblioteca de un musicólogo en San Petersburgo.

Durante el verano de 1940 empieza su “Quinteto para piano y cuerdas” Op.57, que termina el 14 de septiembre. Se estrenó en Moscú el 23 de noviembre interpretado por el Cuarteto Beethoven y el propio compositor al piano con gran éxito. El 16 de marzo de 1941 Shostakovich recibía el Premio Stalin por esta obra, convirtiéndose en una de sus partituras más interpretadas.

Otra obra que se pensaba que estaba perdida, es la música escrita en 1940 para el film “Las aventuras de Korzinkina” Op.59a. Gennadi Rozhdestvensky construye una pequeña suite con la música recuperada de los Archivos Centrales de Literatura y Arte de la URSS.

GUERRAEl ejército nazi invade la URSS el 22 de junio de 1941 empezando la llamada por los rusos “la gran guerra patriótica”. Leningrado sufre grandes bombardeos durante el verano, culminando en el mes de septiembre con la destrucción de la última línea férrea que une la ciudad con el resto del país. Leningrado se convierte en una ciudad asediada, una situación que durará 900 días y que costará la vida a casi un millón de personas.

Shostakovich trabajaba como bombero voluntario y escribía marchas y canciones patrióticas. Durante esta dramática etapa de la historia fue cuando compuso su siguiente sinfonía.