RUFINATSCHA

Johann Rufinatscha (1812-1893) nació en Mals en el Tirol del Sur, actualmente perteneciente a Italia, el 1 de octubre de 1812. Su padre campesino deseaba que su hijo hiciera la carrera eclesiástica pero el joven tenía otras ideas, deseaba ser compositor.

Recomendado por el fraile benedictino Martin Goller a los catorce años fue enviado al Conservatorio de Innsbruck entonces llamado Akademischer Musikverein, para estudiar violín, piano y teoría de la música, graduándose en 1832. Luego ingresó como profesor de dicho centro donde permaneció tres años escribiendo sus primeras obras.

Debemos realizar una aclaración sobre la numeración de las sinfonías de Rufinatscha. Al parecer nunca las numeró y al ser publicadas posteriormente se creyó que había compuesto seis sinfonías. De este modo se numeró la primera publicación en forma de disco. Posteriormente se demostró que la designada como tercera no existe con lo cual se ha reducido el número a cinco. La antigua 5 es actualmente la cuarta y la 6 es la quinta como se demuestra en un artículo escrito por el Dr. Franz Gratl, Conservador de la colección de música del Tiroler Landesmuseen de Innsbruck, y publicado en Septiembre de 2012 en la revista Der Schlern de Bolzano, en el Sur del Tirol italiano.

La “Sinfonía Nº 1 en re mayor” (Mein erstes Studium) fue compuesta en Innsbruck en 1834. Una obra de un estudiante como el propio compositor declara en su título, mi primer estudio. La obra se interpretó en Innsbruck en 1844.

El primer movimiento, grave, allegro con spirito, empieza mediante una introducción lenta dominada por un obsesivo motivo rítmico de siete novas reminiscencia vaga de la cuarta sinfonía de Beethoven. Continúa con un allegro que une el motivo introductorio a un tema con un carácter más lírico. Los temas se desarrollan y combinan ampliamente, hasta conducirnos a una emocionante coda.

El segundo movimiento, adagio, es de carácter lírico presentando una melodía con cierto carácter de Schubert y que desarrolla ampliamente, demostrando su juvenil talento mediante un diseño melódico y armónico muy expresivo.

El tercer movimiento, menuetto, allegro vivace, trio, più tosto meno allegro, es un breve movimiento con el que sigue la tradición clásica, con un minueto que en aquella época ya se encontraba desfasado.

El cuarto movimiento, finale, allegro, de carácter rítmico escrito en forma sonata posee dos temas, poco remarcables comparados con los anteriores movimientos, pareciendo muy convencional.

Se trata de una notable obra de un joven compositor de carácter conservador, evidente influenciado por la música de Schubert y Beethoven pero que empieza a mostrar características personales.

Deseando una mejor educación en 1835 se traslada a Viena para estudiar con Simon Sechter, que había tenido a Schubert entre sus alumnos. Para poder mantenerse Rufinatscha empieza a dar clases de piano y comienza a adquirir un nombre como compositor.

La “Sinfonía Nº 2 en mi bemol mayor” fue compuesta en Viena en 1840 y estrenada en la misma ciudad en febrero de 1844. Encontramos una mayor influencia de la música de Schubert debido a sus estudios con Sechter.

El primer movimiento, andante, allegro con brio, empieza con una sección lenta iniciada por un redoble de tambor y masivos acordes que nos recuerdan a Schubert. Continúa con un allegro en forma sonata con un vigoroso tema principal, al que contrapone un segundo de carácter melódico. Su amplio desarrollo nos prueba la capacidad del compositor.

El segundo movimiento, adagio con espressione, utiliza un tema amable deliberadamente prolongado por el compositor. Una segunda melodía aparece con un carácter algo más obscuro, pero estos negros nubarrones pronto se dispersan.

El tercer movimiento, menuetto, allegretto grazioso, continúa con el clásico minuetto y trío. Sigue el modelo clásico como si fuera una de las últimas sinfonías de Mozart. Un movimiento lleno de gracia con su trío en forma de un segundo minuetto.

El cuarto movimiento, allegro molto, escrito en forma de rondó contiene un robusto tema principal de estilo caballeresco lleno de alegría y fuerza, que se va repitiendo separado por diversos episodios intermedios.

Se trata de un gran adelanto en el tratamiento del género con respecto a su anterior sinfonía. El compositor más tarde rehízo algún material del primer movimiento para el final de su cuarta sinfonía en si menor, la anteriormente conocida como quinta.

La “Sinfonía Nº 3 en do menor” fue compuesta en Viena en 1846 y estrenada en la misma ciudad en el mes de septiembre de 1846 con gran éxito. Una obra que durante mucho tiempo se creía perdida. Se encontró durante una revisión en la biblioteca de la Innsbrucker Musikvereins en el año 2007. Pero solo existían las partes para cuerda.

En el año 1846 Rufinatscha había enviado una copia autografiada de la partitura de la Sinfonía en do menor a la Innsbrucker Musikvereins para agradecer su nombramiento como socio honorario, pero esta partitura no se ha encontrado. Se puede hacer una especulación de lo que pasó. Quizás se hubiera querido interpretar la sinfonía en Innsbruck y se encargó la confección de sus particelas. Al terminar la parte para la cuerda quizás se vio que era demasiado difícil para la pequeña orquesta de la ciudad y se abandonara el proyecto, por lo cual las partes para viento no existan.

En el año 2012 se celebró el segundo centenario del nacimiento del compositor. Para el concierto conmemorativo, las partes de viento para madera y metal y la sección para timbales fueron reconstruidas por el actual compositor tirolés Michael F.P. Huber. Esta sinfonía completada se estrenó el 24 de noviembre de 2012.

El primer movimiento, allegro, empieza con un moderato de carácter inquieto al que sigue un allegro escrito en forma sonata con un primer tema tormentoso. El segundo tema posee un carácter más lírico. La sección de desarrollo se realiza empleando fragmentos de ambos temas mezclándolos de manera ingeniosa hasta volver al tema tormentoso que inicia la recapitulación y finalmente nos conduce a la coda.

El segundo movimiento, andante, nos presenta una melodía típicamente al estilo de Schubert. El tema es interrumpido varias veces por un episodio marcial que esta vez nos recuerda a Beethoven, para luego continuar con el apacible tema anterior

El tercer movimiento, scherzo, presto, trio, piú lento, posee el estilo de los scherzo de Beethoven con su peculiar ritmo. El amplio trío de carácter lento está orquestado en su reconstrucción usando metal y percusión que es posible que el compositor no hubiera utilizado y que Huber se viese influido por su personal estilo. Termina con el regreso del tema del scherzo.

El cuarto movimiento, finale, allegro vivace, escrito en forma sonata posee un tema principal de penetrante ritmo y fuerza. Brevemente es interrumpido por un segundo tema con un carácter más melódico. Al final de la recapitulación el tema principal nos conduce a una potente coda. Un movimiento de estilo dramático que anuncia lo que más adelante escribirá Bruckner.

Una sinfonía que había alcanzado el éxito en su estreno la podemos escuchar ahora en una nueva versión que intenta conservar el estilo de Rufinatscha, pero que tampoco puede ocultar la propia intervención del compositor Michael Huber.

La obra antiguamente identificada como una perdida "Sinfonía Nº 3 en fa mayor" no existe. Al parecer actualmente existe un aria de concierto en fa mayor con una sección orquestal de obertura escrita en el mismo tono, que pudo ser tomada como el principio de una sinfonía sin identificar.

La obra anteriormente identificada como "Sinfonía Nº 4 en do menor" compuesta al parecer en 1846, de la cual solamente se conserva una adaptación para piano a cuatro manos de sus tres actuales movimientos, actualmente se conoce como "Tres movimientos de una sinfonía en do mayor", cuya versión orquestal presumiblemente nunca se interpretó. No está datada y se había identificado erróneamente como la "Sinfonía en do menor" actualmente conocida como la tercera.

Las dos últimas sinfonías son las que actualmente han cambiado de numeración. Como en las grabaciones, que se pueden conseguir actualmente, poseen la anterior numeración para no crear más confusión, en esta obra emplearemos los antiguos títulos.

Para concluir con estas confusiones diremos que actualmente tenemos cuatro sinfonías completas, las primera, segunda, cuarta y quinta, una, la tercera, cuyas partes para viento y percusión fueron reconstruidas en el año 2012 y un fragmento sin datar en tres movimientos del cual solamente se conserva una versión para piano a cuatro manos.

Desde estas páginas deseamos agradecer al Tiroler Landesmuseen por todos los datos y completas grabaciones de todo su material musical publicado, que nos han amablemente suministrado.

La “Sinfonía Nº 5 (4) en si menor” fue compuesta en Viena en 1846 y estrenada en la misma ciudad, posiblemente en el mes de octubre del mismo año. Pero otras averiguaciones nos dicen que se estrenó en el lunes de Pascua del año 1852 en el Wiener Musikverein bajo la dirección del compositor durante un concierto dedicado a su obra. Actualmente conocida como cuarta es una obra de madurez escrita cuando su carrera vienesa estaba en pleno desarrollo.

Esta sinfonía de Rufinatshada junto con la primera, fueron presentadas en nuestra época por primera vez durante el verano de 2006 en la Basílica de la Abadía de Stams, en una actuación entusiasta de la Cappella Istropolitana de Bratislava bajo la dirección de Edgar Seipenbusch.

El primer movimiento, allegro, escrito en forma sonata empieza con el tema principal construido mediante una apasionada melodía ascendente, que nos conduce a un emocional clímax. Continúa con un segundo tema con un carácter más relajado, que después de un nuevo breve clímax nos retorna al tema principal. Sigue con el desarrollo de los temas y después de una pausa nos conduce a la sección de recapitulación. El primer tema regresa seguido por el segundo hasta que el movimiento termina con una inquietante repetición de la melodía inicial. Un movimiento que evidencia la próxima llegada de las sinfonías de Bruckner, con toda su dignidad y grandeza.

El segundo movimiento, scherzo, molto vivace, trio, allegro, sigue el estilo de Bruckner colocándolo en segunda posición. El scherzo sigue un ritmo impetuoso con tempestuosas interjecciones. El trío posee un carácter más relajado mediante su tranquila melodía antes de que retorne el scherzo.

El tercer movimiento, adagio, nos presenta una amplia melodía que va incrementando paulatinamente su expresión, recordando de alguna manera el movimiento lento de la novena de Beethoven. Es el corazón emocional de la sinfonía.

El cuarto movimiento, finale, allegro, escrito en forma sonata empieza con un tema impetuoso, que es seguido por un segundo tema melódico con cierto ritmo de danza. Los temas son desarrollados con maestría y la recapitulación pone un digno final a la obra.

Una sinfonía escrita en un periodo romántico de transición después de Beethoven, que nos conducirá hacia Brahms y Bruckner. Es lamentable que no aparezca entre las obras de repertorio.

La “Sinfonía Nº 6 (5) en re mayor” fue compuesta en Viena en 1850 y estrenada posiblemente en la misma ciudad el lunes de Pascua de 1852. Actualmente renombrada como quinta es la última sinfonía escrita por el compositor.

El primer movimiento, largo, adagio, andante, allegro con fuoco, empieza con un redoble de timbal y acordes masivos, apareciendo un motivo de cuatro notas que se repetirá durante el movimiento y en otros movimientos, un esfuerza para la realización de una obra compacta. El movimiento continúa con un allegro en forma sonata. El primer tema consiste en una extensa melodía continua, mientras que el tema secundario es un vibrante motivo de cinco notas Estos dos motivos se combinan durante un extenso desarrollo, siendo el movimiento más largo escrito por el compositor, de dimensiones brucknerianas.

El segundo movimiento, scherzo, allegro ma non troppo, trio, introduce un tema de danza que se mueve con aspecto de felicidad. El tema es interrumpido por un tranquilo trío primero reservado a la madera y trompas siendo retomado por la cuerda. Termina con la vuelta del tema del scherzo inicial.

El tercer movimiento largo, presenta un profundo contraste con el anterior. Empieza con un aire trágico que continúa durante todo el movimiento. El motivo inicial está coloreado por clarinetes bajos, fagots, violas y violoncelos que aportan un ambiente sepulcral. Las frases melódicas de carácter grave son cortas y llenas de expresividad. El ambiente de profunda tristeza continúa durante todo el movimiento.

El cuarto movimiento, allegro moderato, allegro, allegro moderato, allegro vivace, nos devuelve el ambiente festivo. Escrito en forma sonata presenta un tema principal de carácter heroico y ritmo binario. El segundo tema posee un carácter más ligero con ritmo ternario. Durante el desarrollo el tema principal reaparece de forma marcial, interpretado por el metal y acompañado por la percusión. Después de una breve pausa, en la coda regresa el motivo de cuatro notas, unificando la sinfonía para terminar solemnemente con el tema marcial.

Una gran sinfonía que culmina la cadena de su desarrollo partiendo de Mozart y pasando por Schubert, que nos llevará a Bruckner y Brahms. Parece mentira que estas sinfonías de Rufinatscha no hayan entrado en el repertorio de las grandes orquestas.

Debo agradecer a mi colaborador José Ignacio Hormaechea, que me puso en contacto con el Tiroler Landesmuseen para descubrir su obra. Anteriormente la discográfica Chandos había editado un disco con la llamada anteriormente sexta sinfonía, interpretada por la BBC Philharmonic dirigida por Gianandrea Noseda, como primer volumen de una serie dedicada a las obras orquestales de Rufinatscha, pero este proyecto murió con este disco, quizás por no realizar una buena difusión de este desconocido compositor.

Además de sus sinfonías Rufinatscha también compone otras obras sinfónicas, como la "Obertura de la Novia de Messina" una extensa partitura según la obra de Friedrich Schiller, compuesta en 1850. De este mismo periodo parece ser su "Serenata para cuerda ". Su único concierto es el "Concierto para piano" también datado en 1850. Su última obra orquestal es la "Obertura Dramática" compuesta en 1878.

También compuso música de cámara, numerosas obras para piano y lieder. En estas canciones se puede descubrir un desgraciado amor que tuvo el compositor y que expresa a través de su música.

Cuando Brahms llegó a Viena en 1862 parece que pronto conoció a Rufinatscha integrándose en su círculo musical. Es curioso observar que después de este encuentro no escribió ninguna sinfonía. Podríamos concluir que la dificultad de poder superar a Beethoven que poseía Brahms se habría trasladado al compositor tirolés, pero por otra parte observamos que su crisis creativa había empezado mucho antes de conocer a Brahms.

Rufinatscha compuso poco durante sus últimas décadas de vida, dedicado especialmente a la enseñanza. En 1887 temiendo que su obra se perdiera al no poseer miembros familiares a quien dejar, realizó una donación de todas sus partituras al Tiroler Landesmuseen de Innsbruck. El compositor muere en Viene el 25 de mayo de 1893.