LLOYD

George Lloyd  (1913-1998) nació en St Ives, Cornualles de ascendencia galesa y americana, el 28 de junio de 1913. Sus padres aficionados a la música organizaban frecuentes conciertos. El niño creció en un ambiente musical.

Empezó a componer con solo 9 años y a los 14 empezó serios estudios musicales. Afectado por una fiebre reumática realizó gran parte de sus estudios en su casa. Su padre aficionado a la ópera le ofreció instrucción teatral.

Estudió violín con Albert Sammons y composición con Frank Kitson y Harry Farjeon, siendo alumno del Trinity College London.

La “Sinfonía Nº 1 en la menor” fue  escrita entre junio y julio de 1932. Su estreno fue en el mes de julio de 1932 interpretada por la Penzance Orchestral Society, pero la primera interpretación profesional se realizó el 29 de noviembre de 1933 por la Bournemouth Municipal Orchestra dirigida por el compositor. Sobre su obra escribe años después las siguientes frases.

Cuando compuse esta sinfonía, quería escribir una sinfonía, pero no quería que fuera una gran obra con los tres o cuatro movimientos habituales, porque en aquella época las grandes sinfonías eran consideradas pesadas y fatigosas.  Deseaba algo breve y penetrante, por ello la mía debería estar escrita en un solo movimiento. 

La forma evolucionada fue especialmente simple pero posee diversidad de extensiones. La orquestación es brillante y clara y por primera vez, en la sección final, me abandoné en la indulgencia de mi amor por los metales, una adicción que todavía conservo.

Escrita en un solo movimiento dividida en tres secciones con la primera conteniendo una introducción que también está dividida en tres partes seguidas por cinco variaciones. En total la podemos dividir en ocho secciones.

Introducción, vivace, andante, vivace, introduce un primer motivo rítmico de carácter vivo que dará carácter a toda la obra. La parte central está ocupada por el segundo tema de carácter melódico. Luego se retorna brevemente al tema inicial al que siguen sin interrupción cinco breves variaciones.

La Variación 1 nos presenta nuevamente el tema inicial sobre el cual se realizan las variaciones. La Variación 2 es de carácter rápido, incrementando la parte rítmica. La Variación 3 tiene un carácter reflexivo y lento, incrementándose luego su expresividad. La Variación 4 cultiva la parte melódica del tema con un cierto tono de nostalgia La Variación 5 recobra el carácter rítmico del tema, incrementando su fuerza mediante el uso del metal y la percusión.

El Andante con fervore, es un desarrollo del tema de la parte central de la introducción, constituyendo el movimiento lento de la sinfonía. Unido sin interrupción a la última variación nos presenta diferentes versiones del tema, una de ellas de carácter más dramático, antes de la versión altamente melódica que nos conduce a la coda que sirve de nexo de unión con la parte final de la sinfonía.

El Vivace, tempo primo, consiste en un fugato libre del tema inicial de la sinfonía. Consiste en una fusión entre el scherzo y el finale en forma de rondó, escrito en una estructura de variaciones. Un extenso final que acaso posee demasiadas variaciones que se hacen un poco repetitivas.

La “Sinfonía Nº 2 en mi mayor” fue escrita entre los meses de febrero y marzo de 1933, siendo estrenada en el mismo mes de marzo por la Eastbourne Municipal Orchestra dirigida por el compositor. Pero solo se interpretaron los tres primeros movimientos, La obra fue revisada en 1982. La primera interpretación completa tuvo lugar en enero de 1986 por la BBC Philharmonic Orchestra dirigida por el compositor.

El primer movimiento, con brio, está escrito en una forma modificada de sonata rondó. El primer tema es parecido por su carácter rítmico al tema principal de su primera sinfonía creciendo y desarrollándose. El segundo tema es presentado por el oboe acompañado por el pizzicato de la cuerda. Es de carácter alegre en forma de danza. Aparece un tercer tema que pronto se transfigura en una llamada malheriana de la trompa.

El segundo movimiento, largo, consiste en una serie de variaciones con intersecciones de pasajes libres. El tema, una cordial melodía, es presentado por los clarinetes. Lo más notable de la orquestación es la escritura para el primer violín  con un estilo sinuoso mediante un ornamentado arabesco. Con un sonido densamente cromático y con intensas frases el movimiento es llevado a la calmada coda subrayada por el violín.

El tercer movimiento, alla marcia, es una rápida marcha con un intricado ritmo que hace función de scherzo. Su naturaleza evasiva contrasta con el trío, un tema típico de Lloyd de carácter melódico que se desarrolla extensamente hasta llevarnos a una determinante coda.

El cuarto movimiento, andante, con malinconico, está dominado por una atmósfera de reflexión interior. Se compone de dos temas principales cuyo segundo es la melodía de una canción que el compositor había escrito sobre un poema de Byron, So we'll go no more a-roving.

Este carácter se rompe en un pasaje reposado, una viva y ligera versión del melódico trío del anterior movimiento, presentado por el piccolo acompañado por un desenvuelto staccato de los clarinetes. Esta melodía es metamorfoseada en una dulce amarga reminiscencia fugaz, Su distancia subrayada por su llegada en un modo diferente del de el acompañamiento, un raro experimento de George Lloyd en politonalidad. Esta melodía más tarde se yuxtapone a uno de los temas de marcha del tercer movimiento. Mediante el empleo de la politonalidad se obtiene un efecto dramático. En aquellos tiempos hacia ensayos por este medio pero lo he utilizado muy raramente desde entonces.

El efecto de esta secuencia, un tema de coral que es interrumpido tres veces por el piccolo continúa con otros fragmentos del tema de la marcha, es psicológicamente inquietante para el oyente.

La “Sinfonía Nº 3 en fa” fue  escrita en 1933 estrenándose el 29 de noviembre de 1935 interpretada por la BBC Philharmonic Orchestra dirigida por el compositor durante un concierto de Música Contemporánea.

Hace más o menos una docena de años que decidí destruir todo lo que había escrito anteriormente a mi ópera "Iernin". Tenía una hermosa hoguera y habría añadido a las llamas mis tres sinfonías. Sin embargo existía un problema, ya había compuesto siete sinfonías y no podía hacerme cargo de los cambios de nombre y numeración de las partituras y de las particellas orquestales. La manera más sencilla era revisar las tres primeras y abandonarlas a su destino. Esto es lo realicé con las Nº1 y Nº2, pero la tercera, la he dejado casi como estaba, a parte de algunas muy pequeñas adiciones. 

A los 19 años compuse las tres primeras sinfonías y en esta época, con toda la arrogancia de la juventud detestaba las largas sinfonías de un estilo romántico, excepto la segunda de Elgar la cual aun creo ahora que es la mejor sinfonía compuesta por un inglés. Por ello decidí que si compondría sinfonías serían cortas. Por ello la primera y la tercera tienen un movimiento continuo aunque las dos posean tres secciones distintas. Probablemente buscaba una buena escusa a la dificultad que experimentaba de mantener un largo movimiento lento, lo cual nunca es fácil de conseguir. 

A los 19 años un compositor joven tiene la tendencia de ser o ultra romántico o sino cínico y mundano. Siendo ultra romántico, se encuentra ampliamente una vigorosa desesperación en un tema en modo menor.

El primer movimiento, allegro con fuoco, empieza mediante un tema impetuoso que se desarrolla mediante una melodía amplia y expresiva. Después de una sección de desarrollo con bastante dramatismo reaparece el tema melódico siguiendo la recapitulación del impulsivo tema inicial que se diluye para enlazar con el siguiente movimiento.

El segundo movimiento, lento, se basa en una melodía romántica amplia y triste. Su desarrollo en forma de lied nos conduce a momentos de una gran expresividad ultra romántica.

El tercer movimiento, finale, energico, empieza mediante una fanfarria de los metales para seguir de forma brillante y llena de vida. Demuestra su afición por el empleo del metal conduciendo la música hacia una conclusión potente.

En 1935 el compositor formó junto a su padre la New English Opera Company con la intención de establecer una escuela de ópera inglesa. La primera ópera escrita por Lloyd con libreto de su padre fue "Iernin" que se estrenó en Penzance antes de pasar al Lyceum Theatre de Londres. Su segunda ópera "The Serf" se estrenó en el Covent Garden en 1938.

En 1937 George Lloyd se casa con la suiza Nancy Juvet, la cual logrará más tarde la recuperación del compositor después de sus heridas de guerra.

Durante la Segunda Guerra Mundial se alistó como músico de banda militar en la Royal Marines.  A bordo del crucero HMS Trinidad que escolta convoyes por el Océano Ártico se encarga de la estación de transmisión situada en el fondo del buque. El 29 de marzo de 1942 es sitiado por tres destructores alemanes. Después de hacer blanco en uno de los destructores lanza un torpedo que a causa de un mal funcionamiento gira en un arco de círculo y alcanza al propio barco con el resultado de 32 marinos muertos.

Lloyd fue el último hombre de escapar del compartimento, sufriendo severos traumas tanto mentales como físicos. El barco se dirigió a Múrmansk para ser reparado y el compositor conducido a un hospital.

Dado de baja de la marina británica se instaló junto a su mujer en el campo durante unos años durante los cuales se dedicaron a cultivar claveles y champiñones. Durante cuatro años solo compuso de modo intermitente cuando su enfermedad mejoraba.

Durante el otoño de 1945 después de tres años y medio de enfermedad el matrimonio consiguió marchar a Suiza instalándose en la casa de la madre de su mujer que vivía en las montañas. Allí compuso con mucha dificultad su cuarta sinfonía.

La “Sinfonía Nº 4” fue empezada en 1945 y terminada al siguiente año. Escrita en Suiza mientras se restablecía  Al contrario de sus primeras obras se trata de una extensa composición en cuatro movimientos. El compositor habla de su obra en las siguientes frases.

Bajo el título de mi cuarta sinfonía escribía un mundo de tinieblas, de tormentas, de extraños colores y de una lejana tranquilidad. Esto era para mí el Ártico. Durante el invierno 1941-42 vi aspectos terroríficos, una violencia y una inmensidad tan abrumadora que la barbarie de los hombres entre ellos parecía ser menos horrible de lo que era. En 1945 empezaba a ensayar de volver a componer, mis impresiones y experiencias en el Ártico se habían vuelto una especie de obsesión y gradualmente se transformaron en una sinfonía donde la música, el mar, una orquesta y mi angustia se mezclan.

El primer movimiento, allegro moderato, según su autor representa las tormentas, las tinieblas, con solo algunos instantes de claridad. Pues no todo en el círculo Ártico son únicamente terribles tormentas y mares rugientes.

El primer tema escrito en forma sonata empieza con una figura interpretada por madera y metal que asciende y desciende siguiendo a un potente redoble de tambor, lo cual parece señalar un conflicto pero la madera proporciona un motivo menos áspero, al estilo de Lloyd, acompañado por un ritmo punteado. Algunos violentos clímax están separados por helados planos interpretados por la cuerda.

Al final de un fortísimo clímax, la retrasada aparición del segundo tema es presentada por la primera flauta y el oboe, un remanso de paz después de la precedente pesadilla. Su dulce marcada ascensión produce un tranquilizador efecto en la música. Sigue una extensa sección de desarrollo especialmente centrada en el primer tema. El segundo tema está escrito en si mayor y lo encontramos durante la reexposición en su segunda y final aparición que nos conduce a la agitada coda. Lloyd señala que aunque el primer y el segundo tema son polarmente opuestos en carácter, viven el mismo mundo.

El segundo movimiento, lento tranquillo, está lleno de paz y mientras lo componía me veía nueve años más joven viajando por la costa noruega hasta el Cabo Norte. Entonces solo veía los magníficos colores del sol de medianoche, las soberbias montañas coronadas de nieve que descendían hasta el mar y sentía lo que entonces me parecía como un mundo totalmente alejado de todas nuestras aflicciones.

Empieza de un modo etéreo mediante la cuerda con una melodía glacial que es introducida por el clarinete. Evoca la calma y los paisajes de las heladas regiones del círculo ártico. El sereno movimiento termina con una sublime coda. El mensaje que subraya la sinfonía muestra un optimismo, una asombrosa realización para una víctima profundamente golpeada por la guerra.

El tercer movimiento, allegro scherzando, es un scherzo con su trío. Por primera vez ensayaba producir un efecto de brillantez sin utilizar ningún instrumento de metal, escribe el compositor.

El travieso duende del rítmico scherzo descubre las raíces celtas del compositor originario de Cornualles. Los motivos iniciales alcanzan su sutil encanto mediante abruptos cambios sin necesidad del uso del metal. Su pausado segundo tema posee una fantasía de viejo mundo. El tema aparece nuevamente con un carácter nostálgico acompañado por ornamentales arabescos del primer violín, antes de regresar los rítmicos temas iniciales que nos conducen a la coda.

El cuarto movimiento, lento, allegro ma non troppo, según escribe el compositor, el final empieza con una introducción lenta que nos lleva a la parte principal la cual consiste básicamente en series de melodías de marcha. No creo que estas melodías de marcha tengan nada que ver con la vida en el círculo ártico. Puede ser que ensayaba terminar esta sinfonía reafirmando las viejas convenciones, que cuando el entierro ha terminado, la fanfarria toca aires alegres para volver a casa.

Es el más extenso de los movimientos, empezando por una sección lenta con llamadas de trompa, seguida por una animada serie de temas de marcha, que sirve de contrapunto a los anteriores movimientos, produciendo un total cambio de ambiente. La situación se ha clarificado volviéndose más luminosa. Contiene una sección central más melódica antes del retorno de los ritmos de marcha, que nos conducen a una solemne coda de carácter triunfal.

La “Sinfonía Nº 5” fue compuesta en 1947 como cuenta el propio compositor. En la primavera de 1947 nos habíamos instalado en Corcellettes en las orillas del lago de Neuchâtel. Habíamos encontrado dos habitaciones encima de un granja. Por otra parte había una estrecha habitación donde podía trabajar. Allí escribí gran parte de mi quinta sinfonía. Este verano fue el más cálido que recordaba. El sol brillaba día tras día.

Empezaba a componer con más facilidad y a pensar más claramente. Estos cinco meses pasados a orillas del lago fueron probablemente los más felices de nuestra vida y creo que algo de esta felicidad se transmite en lo que escribía. La sinfonía tiene cinco movimientos y para caracterizar cada uno de ellos realicé contrastes vivos en la orquestación.

El primer movimiento, Pastorale, allegretto con tenerezza, en forma sonata nos presenta un primer tema de dulces características, que contrasta con el segundo caracterizado por amplios saltos interválicos y cromatismo. No hace uso del metal ni de la percusión y el compositor admite que es el más difícil de dirigir de todos sus movimientos sinfónicos, desde el punto de vista del director. Su ambiente de inquietud recubierto por una serenidad superficial es complicado de conseguir.

La música va aumentando su expresión dramática durante la sección de desarrollo, con profundos cambios ambientales, para regresar a la dulzura al principio de la recapitulación de forma variada, que nos conduce a una tranquila coda.

El segundo movimiento, Corale, grave, empieza con unos violentos acordes del metal antes de convertirse en una amplia melodía, simple y con cierto carácter eclesiástico. En este movimiento no se emplean violines ni violas. Clarinetes, fagots y los bajos de la cuerda interpretan el tema.

Durante la segunda aparición del motivo, el estático progreso de este tema procesional es apoyado por el staccato del clarinete bajo y fagots y el pizzicato de violoncelos y contrabajos, contrastando con material más vivo marcado por un urgente y tenso motivo de la trompa puntuado por redobles de la caja. En este punto una trompeta al estilo militar nos transporta brevemente al mundo de la cuarta sinfonía y el movimiento termina con un último aviso del motivo de la trompa.

El tercer movimiento, Rondo, delicatamente scherzando, posee la forma de un rondó pero escrito en tres tiempos. Nuevamente el sonido es ligero empleando solamente la cuerda, madera, trompas y una trompeta. Posee la impresión de una danza sensual. El trío más sosegado es coloreado mediante la celesta y el arpa y posee un carácter latino, enfatizado  por su final con apariencia de fandango. Luego se reanuda la danza terminando con una plácida coda.

El cuarto movimiento, Lamento, adagio drammatico, contrasta ampliamente con el anterior. aportando súbitamente una sombría coloración, rica y trágica y por primera vez utiliza la orquesta completa para dar toda su fuerza al grito de desesperación. Culmina con un clímax de gran poder emocional como una trágica aria operística. Este verdadero lamento emplea con fuerza los sentimientos humanos. El movimiento tiene forma de lied, lo que nos recuerda  la carrera como operista del compositor.

El final del movimiento es especialmente mágico, cuerdas en sordina alternan con las maderas apoyadas por repetidas escalas ascendentes del arpa y como dice el compositor, lo más simple de los medios musicales consigue lo más grande emocionalmente.

El quinto movimiento, Finale, vivace, demuestra que no existe una derrota final. La totalidad de la orquesta se emplea para lograr el sonido lo más alegre posible con fuertes ritmos, vigorosos contrapuntos mediante el uso de enérgicos metales y percusión. El primer tema con un carácter del Petrouska stravinskiano incluye un importante motivo interpretado por la madera que suena como cierto código de Morse.

El melódico segundo tema, presentado por la flauta y el oboe insinúa una auto burla con su vacilante marcha. Dramáticos redobles de la caja llevan la orquesta a un mayor virtuosismo. El segundo tema se transforma en una noble melodía amplia y solemne antes de la explosiva carrera final, una de las codas más impresionantes de George Lloyd, notable por su aceleración.

En 1948 después de haber pasado tres años en Suiza acompañado por su mujer Nancy retornan a Inglaterra donde empieza la composición de su tercera ópera "John Socman", una petición del Festival de Gran Bretaña 1951.

La “Sinfonía Nº 6” fue compuesta en 1956. El compositor comenta la obra en las siguientes líneas. Como mis tres primeras sinfonías la sexta también es de corta duración. El objetivo es el de ser preciso, brillante y vivo conteniendo un mínimo de desarrollo. Después de haber terminado la partitura, la enseñé a uno o dos personas que la condenaron por no poseer ninguna significación contemporánea. Supongo que pensaban que la partitura no era suficientemente seria para una sinfonía. Puede ser que fuera un poco naif, pero estaba convencido que sería posible de nuevo decir algo de verdadero, emanando de los principios tradicionales de la música occidental. Por ello era necesario que hubiera muchas melodías. porque amo la música que canta.

El primer movimiento, allegro, empieza directamente con el primer tema presentado por la cuerda y los bajos de la madera. Una figura sincopada ascendente de los bajos de la cuerda, fagots y clarinete bajo es contrapunteada por otra en los primeros violines cubriendo dos octavas, una sencilla melodía de carácter naif típica del compositor. Continúa con el desarrollo de este conjunto temático en forma de diálogo mediante una variada orquestación. Después de la recapitulación termina con una coda de un modo vacilante.

El segundo movimiento, adagio, es lo más típico de lo que intentaba realizar, consistiendo simplemente en dos melodías de gran simplicidad, una sección central muy corta y luego la repetición de las dos melodías ligeramente realzadas. A pesar de su simplicidad no deja de poseer cierta profundidad de sentimiento. Escrita en un periodo difícil de su vida contiene un primer tema de suave melancolía.

El tercer movimiento, vivace, combina elementos de scherzo y de finale. Empieza por una sección de introducción, compuesta particularmente por los pizzicatos de los instrumentos de cuerda entremezclados con rápidas florituras de la flauta. La parte principal de este movimiento reposa sobre un desarrollo de esta idea fundamental. Los pizzicatos se convierten en melodías más substanciales y las flautas desarrollan sus propios episodios muy rápidos. Un tercer motivo parece un tema folclórico de Cornualles. Después de un agitado trino de la trompeta introduce en el tuttti final el restablecimiento de este motivo folclórico. Una luminosa breve coda cierra la sinfonía con fuerza.

Una sinfonía más ligera que sus compañeras muestra unas características mozartianas, contrastando con sus sinfonías más densas y de mayor escala, tanto en duración como orquestación.

La “Sinfonía Nº 7” fue compuesta entre 1957 y 1959. La orquestó durante el verano de 1974. El propio compositor escribe unas notas sobre su obra que reproducimos a continuación.

Los antiguos griegos tenían un maravilloso talento para envolver las verdades en forma de mito y dar forma a lo que es lógicamente inexplicable. Muchas de estas leyendas parecen aún válidas, tanto si se las contempla como estados psicológicos como hechos espirituales.

                               Rapto de Proserpina. Bernini

Uno de estos mitos que se acomodaba a mis pensamientos hace una treintena de años era la historia de Proserpina. Es una historia que parece decirnos algo sobre la condición humana de tener un pie en esta tierra y otro en otra parte, donde sea. Pues Proserpina era la hija de la diosa terrestre Ceres, y del padre de los dioses el propio Júpiter. Se dice que habitaba en Sicilia entre los campos de flores y los límpidos ríos que recorren la llanura de Enna Se dice que era tan hermosa que Júpiter se enamoró de ella. Sea lo que sea, Plutón, dios de los infiernos, se la llevó y se convirtió en reina de las regiones infernales.

El primer movimiento, vivo, ma leggiero, presenta a Proserpina como el aspecto alegre y danzante de la vida, pero ella también era la diosa de la muerte. Una misteriosa introducción presenta el material temático que será totalmente explorado en la sección vivo empezando con el sonido inconfundible del xilófono.

Una austera llamada de la trompa proporciona otro significativo motivo, mientras que pasajes angulosos descendentes del clarinete preceden a un crescendo movido por envolventes cuerdas. Un pasaje en motto perpetuo es iniciado por un solo de flauta al que pronto se une el resto de la orquesta. Un masivo tutti inicia un clímax que se desvanece, apareciendo nuevamente el material inicial de donde procede.

El segundo movimiento, lento, está encabezado por una cita del poema de Algernon Charles Swinburne (1837-1909), "El jardín de Proserpina" 

Pálida, delante del porche y el portal

coronada de tranquilas hojas, está de pie,

la que acoge todas las cosas mortales

con sus frías manos inmortales

Empieza presentando desnudas líneas para clarinetes, fagots y violas. El clarinete presenta el tema principal acompañado por murmullos de la cuerda y arpa. El tema es tomado a su turno por el oboe, violines y trompa.

El tercer movimiento, agitato, presenta la desesperación de la vida, perfectamente ilustrada por otra cita del poema de Swinburne.

Y todos los años muertos allí se dibujan

y todas las cosas desastrosas;

Sueños muertos de días olvidados,

capullos ciegos que la nieve ha sacudido

hojas salvajes que los vientos han tomado

rojas huellas de primaveras ruinosas

Presenta el contraste necesario de forma dinámica con el movimiento anterior. Lo realiza mediante una impresionante presentación del material temático por el viento, que se divide en sus partes constituyentes, un tema amplio de carácter trágico y otro fundamentalmente rítmico. Sigue un trabajado desarrollo en que alternan frases lentas con gran expresividad con episodios violentos.

Las cuerdas en sordina inician un terrible acelerando, creando un clímax de tal densidad que casi se puede palpar. Un hermoso epílogo de amplitud strausiana sigue a continuación y el vacilante tintineo del xilófono abre a través del denso tejido el mágico diminuendo, que nos conduce al silencio con que termina de forma inusual para su autor.

Una sinfonía que se esconde en la historia de Proserpina para explicarnos algo más personal, las horribles experiencias vividas en la guerra en 1942, dando expresión artística a su tormento interior. Después de completar esta monumental obra el compositor deseaba morir y fue llevado al hospital.

Puede considerarse como la sinfonía más trágica de Lloyd, que explora la parte más obscura de su mente recordando a las últimas sinfonías de Mahler. Una obra abiertamente expresionista.

La “Sinfonía Nº 8” fue compuesta en 1961 y orquestada en 1965. En 1977 fue difundida por radio, interpretada por la BBC Northern Symphony dirigida por Edward Downes. Este evento marca el principio de un interés creciente por parte del público por la música de George Lloyd.

El primer movimiento, tranquillo, allegro, empieza por una introducción atmosférica de tranquilidad que contiene un motivo que se utiliza a través del primer y último movimiento. Después de unos cuatro minutos hay un abrupto cambio de este tiempo lento. Este cambio se compone de frases cortas y danzantes y de una amplia melodía interpretada por las trompas y violoncelos, que de tiempo en tiempo son interrumpidas por desarrollos del motivo de introducción.

El segundo movimiento, largo, constituye el elemento central de la obra. Según confiesa su autor es de carácter triste. Mi deseo de escribir únicamente música brillante y muy colorista fue totalmente destruido en el segundo movimiento. No tengo ni idea de lo que se trata pero la tristeza parece prevalecer en este movimiento.

Frecuentes cambios de tempo crean un ambiente inquieto como el de una mente con problemas buscando consuelo. Una especie de marcha fúnebre recorre el movimiento, un confuso recuerdo del horror de pasados tiempos.

El tercer movimiento, vivace, según confiesa el compositor, el final no es más que un saltarello fundamentado en el motivo de la introducción. Puede ser que me pasara por la mente la Sinfonía Italiana de Mendelssohn. No pido excusas por ello, un ritmo danzante siempre es un ritmo danzante y no importa el siglo que lo utilice, la excitación puede siempre estar allí.

Un tema a ritmo de tarantella cierra la sinfonía de modo triunfal, pero aparece una breve reminiscencia del movimiento lento, para recordarnos que la sinfonía da expresión tanto al lado obscuro de la imaginación del compositor como a su buen humor.

La “Sinfonía Nº 9” fue compuesta en el mes de diciembre de 1969.según nos cuenta su compositor en las siguientes líneas. Cuando un compositor ha escrito ocho sinfonías, puede tener el sentimiento de que su horizonte está ensombrecido por la figura abrumadora de Beethoven y por su particular y única sinfonía. Por ejemplo existen muy buenas quintas y terceras, ¿pero de verdad, como se puede tener la temeridad de componer todavía una novena? 

He resuelto mi problema tratándolo con ligereza. Compuse mi novena sinfonía en diciembre de 1969. Dentro de la partitura de esta obra he añadido estas palabras. Si hubiera sido un compositor serio de finales del Siglo XIX, esta sinfonía hubiera durado al menos una hora y media y su argumento hubiera hablado de la Vida, la Muerte y la Resurrección. Dado que he nacido un poco más tarde, os diré simplemente que tiene tres movimientos, que el primero trata de una jovencita, que danza y es un poco sentimental, el segundo trata de una anciana afligida por sus recuerdos y el tercero es un carrusel que gira y gira y gira.

El primer movimiento, allegro con delicatezza, escrito en forma sonata consta de dos temas que no aparecen claramente hasta que se desarrollan. El primero es de carácter rítmico una ligera música de elfos, que nos habla de la juventud y el segundo melódico nos muestra el rasgo sentimental. El movimiento termina lentamente con la cuerda dividida en once partes, incluyendo un solo de violín y violoncelo.

El segundo movimiento, largo, presenta un carácter amargo siendo una de las músicas más disonantes de su autor. Los recuerdos de la anciana de que nos habla su autor puede referirse a sus propios recuerdos.  Empieza mediante estridentes acordes, un recurso que se repetirá a lo largo del movimiento, como un recuerdo de algún terrible acontecimiento. En la sección central aparece una cita del segundo tema del movimiento anterior, en un patético solo de flauta acompañado por el arpa. Este breve recuerdo de cosas del pasado desaparece bruscamente y no se volverá a repetir. Una obscura coda cierra trágicamente el movimiento.

El tercer movimiento, allegro con brio, empieza haciendo uso de un solo de percusión de estilo minimalista antes de que el metal nos presente un tema vivo. El segundo tema es del estilo de los temas melódicos propios de Lloyd. Sigue un desarrollo donde muestra su gran imaginación para la coloreada orquestación. La sinfonía termina con una triunfal y alegre coda.

Emplea una amplia orquesta con delicadeza, con una sección de percusión con cuatro instrumentistas, utilizando más una variada paleta orquestal que dar muestras de virtuosismo técnico. Lloyd decide escribir una corta pero coloreada obra pero sin renunciar a momentos más dramáticos, especialmente en el segundo movimiento.

La “Sinfonía Nº 10” (November Journeys) fue terminada en el mes de marzo de 1981 estando escrita para orquesta de metales. El compositor nos habla de su obra. Cuando la BBC me informa que deseaba que compusiera una obra para el Northern Brass Ensemble, me encontraba aprovechando los billetes ferroviarios a precio reducido para visitar diversas catedrales que todavía no había visto.  

Recorriendo el país reflexionaba sobre los sonidos del metal y estos sonidos se mezclaron con los magníficos edificios que visitaba. Esto me llevó eventualmente a escribir en la partitura: Impresiones y reflexiones mientras visitaba algunas catedrales. Excepto el segundo movimiento que es más bien un cantico, no existe nada eclesiástico en la música. Podía elegir cualquier combinación de instrumentos y con el fin de poseer una flexibilidad teniendo sonidos dulces y brillantes, decidí componer la obra para una trompeta piccolo, tres trompetas en si bemol, un flugelhorn o fliscorno, tres trompas, tres trombones, una tuba tenor o eufonio y una tuba baja.

El subtítulo de la obra se refiere a estos viajes efectuados en el mes de noviembre. En ningún caso se trata de una obra programática y difícilmente podría ser calificada de sinfonía si no fuera por la estética en que está escrita.

El primer movimiento, allegro moderato, escrito en forma sonata modificada, posee una estructura compleja, sin el desarrollo propio de la forma sonata. Lo que sería el primer tema es expuesto directamente como una colección heterogénea de material con un carácter eminentemente rítmico. El segundo tema presentado por la tuba consiste en una amplia melodía ascendente en forma de coral que contrasta con el anterior material.

Continúa con un variado desarrollo empezando con lo que parecería una tercera idea, otro extenso tema presentado en contraste por la trompeta piccolo, formado por parte de un desarrollo del primer tema. Después de un breve potente tutti continúa con una especial recapitulación en la que encontramos una figura en staccato en forma de danza, que da inicio a la verdadera recapitulación con gran fuerza. Termina con una extensa coda en la que aparecen elementos del primer tema terminando de forma relajada.

El segundo movimiento, calma, tiene una estructura más simple correspondiendo al movimiento lento de la sinfonía. Un tema principal en forma de canción sin palabras que se repite tres veces separado por dos secciones contrastantes. La música logra una gran tensión sostenida por una pulsación lenta.

El tercer movimiento, andante grazioso, presto, andante, consiste en un doble movimiento. Presenta un tema diáfano mediante la trompeta piccolo que es repetido por la tuba. El ritmo punteado del tema alcanza gran importancia antes de desvanecerse súbitamente cuando aparece el presto. Unos tresillos nos conducen a la tercera sección, una brillante combinación de ambos tempos, escuchados simultáneamente escritos con gran fantasía e imaginación. El presto retorna sigilosamente en el mismo tempo que anteriormente y nos conduce de modo natural al tema inicial, terminando tranquilamente en un acorde final.

El cuarto movimiento, energico, empieza mediante un ostinato en las trompetas que constituye el primer tema. Es interrumpido por una amplia melodía armonizada en canon. El segundo tema en forma de coral es usado como preparación de una cadenza de la trompeta que inicia la última gran sección. La tuba y el eufonio inician la sección lentamente apareciendo la coral del segundo tema. Acordes de las trompas en sordina nos llevan a la afirmación final.

Es natural que hubiera compuesto una sinfonía para metal después de su experiencia en la composición de diversas piezas para banda de metales en las últimas décadas. Una obra de música ligera con muchos felices momentos, una música relajada que produce tanto placer escucharla como interpretarla.

La “Sinfonía Nº 11” fue terminada en 1985 a petición de la Albany Symphony Orchestra que la estrenó en la ciudad de Troy del Estado de New York, el 31 de octubre de 1986 en The Troy Music Hall, la sala de conciertos construida en el Siglo XIX encima del Troy Savings Bank y que posee una remarcable acústica. El concierto formaba parte del Merrill Lynch American Music series. La sinfonía fue recibida con gran éxito por parte del público. Algo que se repitió la velada siguiente en Albany, la capital del estado de New York.

El compositor escribe los comentarios siguientes sobre su obra. La variedad de sonidos y sentidos que se puede extraer de una orquesta sinfónica moderna me fascinan tanto que he sentido que aun faltaba una vez más escuchar con más extensión la fila de sonidos que había producido, pero siempre dentro de los parámetros que me eran naturales. Los vagos sonidos se transformaron en colores y los colores en imágenes de estados mentales que nos llevan a la emoción. Algunas veces he compuesto de este modo, aunque encuentro que mis imágenes no coinciden necesariamente con lo que otros se imaginan. 

La sinfonía consta de cinco movimientos. El primero es fuego y violencia. Para ello se utilizan todos los recursos de la orquesta. Utiliza instrumentos de viento por triplicado, además de un clarinete en mi bemol, cuatro trompas, una trompeta piccolo, dos trompetas en si bemol, un flugelhorn, tres trombones, tuba tenor, tuba bajo, arpa, celesta. Timbales, cuatro instrumentistas de percusión y cuerda. 

El segundo movimiento es un tema simple. La idea principal es una melodía para primero y segundo violín contra un fondo de acordes dulce del metal. El tercero es una danza, en el cual no se utilizan los metales graves ni la percusión. El cuarto consiste en una marcha fúnebre. En muchos lugares he utilizado dos tambores tenores sin timbre con un ritmo persistente, un sonido que se parece a un entierro militar. El final es la luz al final del túnel que uno espera ver algún día.

El primer movimiento, vivo, empieza mediante agresivos compases sobre un ritmo insistente de los bajos orquestales, que se meta morfea en una llamada de la trompa, creando un importante tema. Continúa con algo increíble para su autor, un tema dodecafónico, pero el compositor continúa dando fe a sus ideales románticos, simplemente escogiendo esta secuencia de notas por su valor de coloración más que como representativas de una teoría musical estructural.

Un fugaz apunte del Sabbath de las brujas de la Sinfonía Fantástica de Berlioz nos conduce a un masivo clímax del cual emerge el segundo tema y orgullosamente pasa a la orquesta. Cuando parece que continuará triunfalmente, el compositor vuelve a los temas iniciales dejando la conclusión para el final de la obra.

El segundo movimiento, lento, es virtualmente monotemático. El tema de carácter agitado y cromático es presentado por los violines acompañados por acordes del metal. El movimiento continúa con una extensa meditación sobre este tema. Uno de los movimientos de todo el ciclo que parece menos sinfónico.

El tercer movimiento, leggiero e brillante, corresponde al scherzo. Su sutil tema principal posee un cierto aroma español. El trío está formado por un solo para clarinete bajo acompañado por el arpa y la cuerda, una de las melodías más recordables de la obra. Luego se repite el scherzo inicial.

El cuarto movimiento, grave, consiste en una de las marchas fúnebres menos solemnes que se hayan escrito. Está casi totalmente ensombrecido por una apasionada escritura para cuerdas. Un ritmo amenazante retorna pero pronto desaparece. Parece como si su autor quisiera borrar definitivamente los demonios del pasado, que nunca llegan a dominar este movimiento reflexivo y evasivo.

El quinto movimiento, finale, con esultazione, compuesto en forma sonata, empieza con una llamada de la trompeta con un tema exultante de fuerte simplicidad. Esta alegría pronto es temperada por el segundo tema expuesto al unísono por la flauta, oboe y clarinete. Una variación de este tema es compartido entre el primer oboe y los violoncelos y después de un ritardando sobre un pedal de los timbales y contrabajos, un recuerdo del primer movimiento aparece en la madera aguda, glockenspiel y vibráfono, un efecto espectral que presagia similares pasajes de la sinfonía doce. Una recapitulación del segundo tema aparece en la coda dominada por la percusión con gran fuerza, la más potente de todas las realizadas por Lloyd.

La “Sinfonía Nº 12” fue terminada en 1989 escrita a imitación de la primera en un solo movimiento dividido en varias partes. Sobre ella el compositor escribe las siguientes frases. Durante años pensaba que debería desarrollar alguna cosa sobre las mismas líneas de mi primera sinfonía utilizando las mismas estructuras. 

Cuando la Albany Symphony Orchestra me ofreció interpretar mi Sinfonía Nº1 además de una nueva sinfonía para el mismo concierto, me puse a componerla. El resultado fue una grabación discográfica de ambas realizada los días 2 y 3 de abril de 1990 en el Troy Savings Bank Music Hall de la ciudad de Troy en el estado de New York.

La estructura de mi primera concordaba con las ideas que tenía entonces al pensar en mi doceava. Ya había escrito grandes sinfonías con finales llamativos, la onceava con cinco movimientos tenía el final más potente en orden de decibelios de todas mis sinfonías. Esperaba formular alguna cosa totalmente diferente, alguna cosa más relajada con un final en calma, alguna cosa que no tuviera de escalar las cumbres, pero que al mismo tiempo se pudiese gozar con ella. 

La forma empleada es la misma que en la primera excepto que las variaciones en la primera sección provienen de las partes A y B y están más desarrolladas, a pesar de que esta vez solo haya cuatro. La segunda sección central está formada por un movimiento lento y prolongado. El fugato de la sección finales también más libre que en mi primera sinfonía. La obra termina con ricos sonidos de toda la orquesta tocando dulcemente.

Compuesta en un solo movimiento podemos dividirla en tres partes con la primera subdividida en las cinco secciones que señalamos a continuación.

La parte primera, introduccion, tranquillo, consta de dos temas. El primero que llamaremos A es presentado por los violines en el segundo compás. Su carácter resignado y meditativo caracteriza toda la obra. Después de una típica cadenza libre protagonizaba por un solo de clarinete, aparece el segundo tema B, también presentado por el clarinete con un acompañamiento de murmullos de la cuerda y el arpa. Un gran tema melódico característico de su autor. La elegante melodía es repetida por la flauta y los violines, presentando continuas variaciones y revestida con nuevas coloraciones orquestales.

La Variation 1, comodo, es de carácter lento desarrollando el segundo tema de forma melódica acompañado de rápidas figuraciones de la flauta.

La Variation 2, grazioso,  basada en el primer tema es de rápido ritmo, con el contraste entre el rápido motivo presentado por la madera y el acompañamiento lento de los graves. Su movida coda contrasta con fuerza con la siguiente variación.

La Variation 3, grave, tiene forma de lamento basado en un grave desarrollo del segundo tema. Su aire de triste solemnidad produce un sentimental clímax, antes de terminar plácidamente.

La Variation 4, vivo, posee una atmósfera festiva de carnaval mediante su estilo alegre y también gracias a la participación del xilófono y la marimba, empleando el mismo material pero transformado de la anterior variación grave.

La parte segunda, adagio, se compone de una extensa sección lenta constituyendo el centro principal de la sinfonía. Contiene un hermoso pasaje para violoncelo que utiliza el segundo tema B sugiriendo la misma serenidad que encontramos en las últimas obras de Richard Strauss. El metal y las maderas añaden sus ecos dando más solemnidad a la melodía. El primer tema A realiza una entrada dramática en el clímax final del adagio, antes de terminar con una calmada coda.

La parte tercera, allegro, es muy imaginativa empleando rápidos cambios de ritmo. En ella interviene una extensa percusión. Desarrolla un fugato de una forma muy libre con brillantes efectos de la percusión y de los metales. A pesar de sus brillantes ritmos y complejos contrapuntos, evita el espectacular final de la anterior. En cambio termina mediante una lenta coda con su textura coloreada mediante los sonidos espaciales de la celesta y el arpa, un anticipo de las partes más celestiales de la Misa Sinfónica compuesta en 1993.

Con esta sinfonía Lloyd proporciona a su trabajo sinfónico la forma de círculo. Un destacado ciclo de sinfonías que después del climático final de la once es un alivio comprobar que la doce se mueve en un mundo diferente, más relajado y calmado.

En una entrevista para la revista BBC Music de Julio de 1993 el compositor dijo. I write what I have to write, he escrito lo que debía escribir. Verdaderamente muchas de sus obras las escribe sin ninguna remota ocasión de ser interpretadas, creadas por un impulso interno. Muchas ocultando datos autobiográficos.

Lloyd compone con éxito durante sus últimos años poemas sinfónicos y obras corales como la gran "Misa Sinfónica" de 1993 y "A Litany" en 1995, pero su mayor testamente de carácter personal es su serie de 12 sinfonías mostrando el progreso y recuperación tanto como hombre como compositor. George Lloyd muere en Londres el 3 de julio de 1998.