CASTILLO

Manuel Castillo (1930-2005) nació en Sevilla el 8 de febrero de 1930. Estudió piano y composición en su ciudad natal con Antonio Pantión y Norberto Almandoz. Continúa su formación musical en el Conservatorio de Madrid con Antonio Lucas Moreno en piano y Conrado del Campo en composición.

Una de sus primeras obras es la "Sonatina para piano" compuesta en 1949, seguidora de la obra de Turina. Otras obras para piano son la "Suite" y la "Toccata" ambas compuestas en 1952.

Amplia sus estudios en París con Lazare Levy y Nadia Boulanger. Regresa a Sevilla y en 1954 es nombrado profesor de Historia y Estética de la Música del Conservatorio de Sevilla. En 1956 gana la cátedra de piano de dicho conservatorio del cual será su director desde 1964 hasta 1978.

Su vocación religiosa le impulsó a ingresar en el seminario en 1956, ejerciendo el sacerdocio hasta 1970. Durante estos años de crisis religiosa mística no abandonó la música. Siguió componiendo observándose una gran evolución en su estilo.

Estrena en 1958 el "Concierto para piano y orquesta Nº 1" con la Orquesta Sinfónica de Madrid. Una obra en que el nacionalismo es interpretado de un modo muy personal.

Con el "Preludio, diferencia y toccata sobre un tema de Albéniz" para piano escrita en 1959 gana el Premio Nacional de Música de dicho año.

El "Concierto para piano y orquesta Nº 2" compuesto en los primeros meses de 1966 marca la evolución en su música, empezada significativamente en su anterior obra. Aunque sigue la forma tradicional lo realiza de una forma mucho más cromática.

La "Sinfonía Nº 1" fue compuesta en 1969 por encargo de Radio Televisión Española. Existe una grabación realizada en el año 2003, realizada por Alexander Rahbari con la Orquesta Filarmónica de Málaga, pero no hemos encontrado ninguna copia de la misma.

Según Tomás Marco es una sinfonía francamente interesante desde el punto de vista de las soluciones formales[1]. La orquestación requiere una plantilla bastante numerosa, con maderas por triplicado, cuatro trompas, tres trompetas, tres trombones, tuba, piano, timbales, percusión y cuerda.

Siguiendo su carácter evolutivo en 1972 compone la "Sonata para piano", una personal obra de madurez, una potente obra con un lenguaje expresivo propio. También lo demuestra en su obra camerística como el "Quinteto con guitarra" compuesto en 1975.

El "Concierto para piano y orquesta Nº 3" fue compuesto entre 1976 y 1977 como trabajo de la beca Reina Sofía recibida del Ayuntamiento de Madrid. Representa la parte final de su evolución en la expresión pianística, una muestra de objetivismo ecléctico como señala Marcó.

En 1982 compone "Ofrenda" para piano como homenaje a Joaquín Turina en su centenario, en la que muestra tanto sus orígenes como la distancia estilística con su antecesor sevillano.

                              Murillo "Adoración de los Pastores"

Los "Cuatro cuadros de Murillo" compuestos también en 1982, constituyen una obra para orquesta de cuerda de carácter descriptivo. Los cuadros presentados son La Anunciación, el Niño Jesús, Virgen con el Niño, en forma de diferencias, y Adoración de los Pastores. Una pieza de carácter místico que más que una descripción de las pinturas expresa los sentimientos abstractos que le inspiran.

Su siguiente obra sinfónica es el "Concierto para dos pianos y orquesta" compuesto en 1984 continuando en la línea de su anterior concierto para teclado.

Las "Kasidas del Alcázar" es una obra para guitarra compuesta en 1984. Su nombre se refiere a la forma poética árabe qasidah que se desarrolló en la Arabia pre-islámica. El Alcázar es el antiguo palacio mudéjar de Sevilla residencia de los reyes españoles. El compositor se inspira en la poesía y en el recinto del palacio de un modo liberal, en una forma de neo nacionalismo andaluz.

El "Concierto para violoncello y orquesta" fue compuesto en 1985 para Pedro Corostola quién se ha encargado de su interpretación. A pesar de no tener ninguna referencia folclórica se puede en algunos momentos adivinar su origen.

Federico García Lorca ha tenido una importante presencia en su obra. Los "Cinco sonetos lorquianos" compuestos en 1986 para tenor y orquesta, fueron un encargo del XXXV Festival Internacional de Música y Danza de Granada, en el cincuentenario de la muerte del poeta. Su andalucismo no se hace visible a primera vista, permanece en un espacio más profundo.

Dentro de su obra para la guitarra encontramos además de la "Sonata para guitarra" de 1986, los "Tres Preludios" escritos en 1987. Obras de carácter expresivo y poco conocidas dentro de su labor. En 1990 compone el "Concierto para guitarra y orquesta" por encargo del Ayuntamiento de Sevilla, una obra de carácter neoclásico que en momentos evoca a Hindemith.

La “Sinfonía Nº 2"  fue compuesta en 1992 por encargo de la Orquesta Sinfónica de Sevilla. Se estrenó el 25 de febrero de 1993 en el Teatro de la Maestranza de Sevilla dirigida por Vjekoslav Sutej.

El primer movimiento, moderato, escrito en una personal forma sonata, empieza mediante una lenta introducción. Los temas son poco definidos, como una serie de ideas que aparecen y desaparecen. Una coda con más energía cierra el movimiento.

El segundo movimiento, scherzando, nos presentas motivos de carácter rítmico. La parte central es de carácter contrastante pero sin abandonar los motivos rítmicos, como correspondería al trío del scherzo. Luego se repite la sección inicial.

El tercer movimiento, larghetto, empieza mediante una expresiva melodía presentada por el violoncello. Una página de carácter lírico, en algunos momentos de gran serenidad y otros más apasionados, como en su parte central. Luego vuelve a recuperar la serenidad.

El cuarto movimiento, allegro non troppo, nos presenta un motivo vigoroso con diseños que se repiten. En la sección central encontramos un contrastante motivo lírico. Finalmente se retorna a la agitación inicial con vigorosos motivos rítmicos, que nos conducen hacia una potente coda.

La “Sinfonía Nº 3" (Poemas de Luz)  fue compuesta entre 1993 y enero de 1994 por encargo de la Fundación Sevillana de Electricidad, con motivo del primer centenario de la Compañía Sevillana de Electricidad.

Se estrenó el 6 de mayo de 1994, interpretada por la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla dirigida por Juan Luis Pérez. Su autor desea establecer una relación entre la obra y el motivo para el que fue creada, pero siempre de un modo abstracto. Los títulos dados a los distintos movimientos solamente reflejan unos motivos de inspiración.

Seguidamente reproducimos las palabras del propio compositor sobre su obra. Deseaba establecer alguna relación entre el contenido de la obra y la circunstancia de su creación. Inmediatamente surgió la idea de hacer un canto a la Luz, contemplada desde una perspectiva poética, lírica y expresiva. Cada movimiento de la sinfonía llevaría un título, pero no era mi intención refugiarme en la impresión o el cuadro descriptivo. Serían solo el pretexto para plasmar situaciones anímicas y sonoras que, como punto de partida o referencia, me llevarían a una construcción más atenta a lo puramente musical, Poemas de Luz que situarían al oyente ante unas determinadas expectativas no simplemente visuales o pictóricas. Interiorizar la propuesta de cada título para elevarlo a zonas más profundas del espíritu.

El primer movimiento, lento, allegro moderato, lleva el título de Resplandor. Empieza mediante una introducción lenta en la que las flautas sobre un agudo trémolo de las cuerdas, presentan el tema principal. Sigue una sección en allegro moderato, durante la cual el tema es protagonista, en episodios llenos de contrastes luminosos y brillantes. En la parte final se retorna a la introducción inicial, que nos conduce mediante intensos acordes de las seis trompas a un intenso final.

El segundo movimiento, adagio, se titula Transparencia, siendo de carácter estático y contemplativo como sugieren los rayos de la luz atravesando diferentes superficies. Escuchamos transparentes melodías interpretadas por la flauta, el corno inglés, el oboe y el violín solista. Ecos del vibráfono y la marimba alternan con arabescos de la celesta y el arpa. Campanas lejanas nos muestran la luz del atardecer con que termina el movimiento.

El tercer movimiento, scherzo, lleva por título Luminarias, dando a la luz todo su carácter festivo. Desde tiempos antiguos las antorchas y velas se colocaban en ventanas, balcones, calles y almenas como manifestación lúdica, nos dice su autor.

Se inicia mediante un motivo rítmico en la cuerda al que se unen los distintos grupos de la orquesta. La parte central correspondiente al trío está interpretada por la percusión y los metales, en sorprendentes y contrastados motivos tímbricos. Luego se retorna a los motivos rítmicos iniciales.

El cuarto movimiento, passacaglia, se titula Arco iris. El propio compositor nos ofrece una detallada descripción que no podríamos mejorar y que reproducimos a continuación. La antigua forma de passacaglia o chacona se estructura como la insistente repetición de un tema, predominantemente en el registro grave, sobre el que se construyen sucesivas variaciones. Arco  Iris es la refracción y reflexión de los rayos del sol en las nubes que se descomponen en los diversos colores del espectro, rojo, amarillo, azul, verde, etcétera. 

El tema es expuesto en su forma original por violoncellos y contrabajos. Primeros, segundos violines y violas van incorporándose en una marcha ascendente. El bajo se va ornamentando, y las maderas se unen al discurso orquestal. El tema básico aparece en su disposición invertida. Siguen variaciones más transparentes en las que los solistas de las maderas son envueltos por armonías repetitivas de arpa, celesta y vibráfono. Campanas y marimba nos hacen oír de nuevo la inversión del tema. Poco a poco se va integrando el resto de la orquesta hasta culminar veintinueve secciones, seguidas de una coda en la que penetrantes trompas y trompetas al unísono nos hacen oír el característico tema, tantas veces utilizado, BACH, derivado de sus letras componentes, si bemol, la, do, si y que aquí quiere cerrar esta sinfonía simbolizando un homenaje a este nombre como Luz de la Música.

La “Sinfonietta Homenaje" fue compuesta como encargo para la celebración del cincuentenario de Falla entre el verano de 1995 y el mes de enero de 1996. Se estrenó en el mes de junio del mismo año en el Auditorio Manuel de Falla dentro del Festival de Granada, interpretada por la Orquesta Ciudad de Granada dirigida por Josep Pons.

El primer movimiento, allegro molto moderato, está escrito en la clásica forma sonata. Los dos primeros compases del primer tema están tomados del Retablo de Maese Pedro de Falla. Este motivo interpretado por la trompeta estará presente en todo el movimiento. El segundo tema de la exposición es presentado por la flauta, acabando en un crescendo con el motivo de Falla en las trompas. El desarrollo se mueve entre el cromatismo y el diatonismo, rasgo peculiar en el compositor. En la reexposición el segundo tema es interpretado por los oboes. Termina mediante una breve coda de carácter brillante basada en las notas de Falla.

El segundo movimiento, adagio espressivo, empieza con la presentación del tema principal mediante el oboe. Luego sigue el desarrollo de dicho tema empleando diversas formas y variadas instrumentaciones. Desde momentos más expresivos a formas más delicadas.

El tercer movimiento, allegretto ma non tanto, toma su inspiración en las sonatas dieciochescas de Scarlatti y Soler. Dividido en dos secciones que emplean temas monotemáticos, la primera con enérgicas repeticiones y una segunda con mayor delicadeza.

Una de sus últimas obras sinfónicas es la "Obertura Festiva" compuesta en 1996 de unos valores puramente musicales, nos muestra un carácter despreocupado. Termina su producción con el "Concierto Sacro Hispalense" con motivo de los actos conmemorativos del 800 aniversario de la Giralda.

En los últimos diez años de su vida padece una fuerte depresión, que le hace permanecer en su domicilio y abandonar tanto a sus amistades como progresivamente a sus familiares. Su enfermedad se agrava con la muerte de su última hermana el 22 de junio de 2004. No asistió a ninguno de los homenajes que recibió en su ciudad natal, ni a ninguno de los conciertos que fue invitado.

Todos queríamos ayudarle pero no se dejaba, quería estar solo, comentó uno de sus familiares. Murió el 1 de noviembre de 2005 en su casa sevillana de Los Remedios. El cadáver fue encontrado por una de sus sobrinas días después, extrañada por no tener noticias de él desde hacía días y de llamadas sin respuesta. Castillo no tenía hijos y todos sus hermanos habían fallecido.

Manuel Castillo es el compositor andaluz más importante de la llamada Generación del 51. Su obra guarda un equilibrio entre la vanguardia y la tradición, creando un lenguaje propio y original. Según las palabras de Tomás Marco, fue un compositor de gran talento con un seguro toque profesional que alcanzó un lenguaje individual capaz de renovación, sin necesidad de recurrir a la música experimental o de vanguardia.

[1]  Tomás Marcó. Historia de la música española. Tomo 6 pag. 247