RUEDA

Jesús Rueda (1961-) nació en Madrid en 1961. Estudió en el Real Conservatorio Superior de Música de la capital española, abandonando unos estudios iniciales de Arquitectura. Entre sus maestros se encuentran Joaquín Soriano en piano y Emilio López en armonía. Entre 1980 y 1984 realiza estudios de composición con Luis de Pablo que lo inclinan hacia la práctica de la música atonal. También estudia con Francisco Guerrero Marín.

Becado por el Festival de Granada amplia estudios entre 1985 y 1988 con Manzoni, Gentilucci y Luigi Nono, que lo reafirman en su estilo modernista. Trabaja en el campo de la música electroacústica con Horacio Vaggione en el gabinete de Música Electrónica de Cuenca.

Una de sus primeras obras para piano es la Sonata para piano Nº 1("Jeux d'eau") compuesta en 1991 con influencias de Ravel. Del mismo año es "Sinamay" para piano y conjunto musical. Para orquesta compone "Fons Vitae" en 1994, de carácter atonal.

Compositor en residencia de la Joven Orquesta Nacional de España durante la temporada 1997-1998. Durante este período compone el "Viaje imaginario" (Francisco Guerrero in memoriam), terminado en el mes de enero de 1998. Un recuerdo para su maestro que había fallecido hacía tres meses. Un viaje a través de un mundo sonoro con un marcado tono fúnebre, que termina sin respuesta.

La “Sinfonía Nº 1" (Laberinto) fue empezada a principios del 2000 en la "Casa de Velázquez", donde permaneció como becario. Fue completada en julio del mismo año, en un encargo como compositor residente para la Joven Orquesta Nacional de España, (JONDE), estrenada por la misma orquesta en el Concertgebouw de Amsterdam el uno de agosto del mismo año, dedicada a la artista danesa Mette Perregaard.

La sinfonía, como la mayor parte de la producción de Rueda, es un viaje sonoro en el tiempo. Dividida en ocho movimientos que se interpretan sin interrupción. Cuatro son los principales, precedidas de un proemio que funciona como anacrusa (anakrousis) y encadenados por tres pequeños puentes llamados Esfinges. Cada una de estas Esfinges (como en el Carnaval de Schumann Op.9) contiene la clave críptica de cada uno de los movimientos.

El primer movimiento (Proemio) es una breve introducción. Comienza con un acorde oscuro del piano y las cuerdas en un gran glissando. El corno inglés presenta una melodía sombría, antes de que un tutti disonante de la orquesta nos lleve al siguiente movimiento.

El segundo movimiento (Acceso) es el primer movimiento principal. Se basa en la repetición obsesiva de la nota Mi, que crece como la puerta de acceso al laberinto. La nota aparece en las trompas, antes de que toda la sección de metales la tome. Las cuerdas entran en una sección ambigua, en la que cada instrumento agrega su propio color. Los metales retoman la nota y los instrumentos de viento se unen más tarde, creando una densa masa de sonidos. Toda la orquesta se eleva en un lento crescendo, volviéndose cada vez más disonante, culminando en un gran clímax que enlaza con la siguiente parte.

El tercer movimiento (Esfinge I) es el primer puente. Una breve melodía, similar a un himno, es presentada por los metales en una sección meditativa. Los ecos fragmentarios de dicha melodía nos llevan al siguiente movimiento.

El cuarto movimiento (En el laberinto) es el segundo movimiento principal. Comienza con un acorde de piano. Las cuerdas presentan un tema desolador, una larga melodía ascendente que paulatinamente se contrae y diversifica, dando lugar a eventos sonoros que abren nuevas avenidas. Los caminos se multiplican y proliferan a través de paisajes sonoros diferentes y contrastantes. La música cambia constantemente, adoptando nuevas formas y colores.

El quinto movimiento (Esfinge II) es el segundo puente. Abre con toques del glockenspiel, acompañado de las cuerdas en un suave trémolo. La entrada del arpa transforma el ambiente en un estático sueño de extrañas sonoridades. Los glissandos de las cuerdas son interrumpidos por breves interjecciones de los metales y las maderas. Un decrescendo nos conduce al siguiente movimiento.

El sexto movimiento (Nowhere Now-here) es el tercer movimiento principal y el corazón de la sinfonía, en él, el tiempo se detiene dentro del laberinto. Plasmación en música de un espacio virtual en una fuga de los referentes rítmicos. El tempo se cancela, se congela. Capturado en el horizonte, el punto de fuga (como algunas de las pinturas de Patinir). Comienza con las cuerdas presentando un ambiente estático sobre el que se eleva una melodía austera, que se transforma y se desarrolla lentamente, casi de manera imperceptible. Estamos perdidos en el laberinto, encerrados y envueltos en una música que evoluciona sobre sí misma. Breves solos de violín son pequeños destellos en medio de una música vaporosa y difusa. Termina con la música desapareciendo en su propio laberinto.

El séptimo movimiento (Esfinge III) es el último puente de la obra. Comienza con la intervención de las trompas presentando un misterioso motivo rítmico ascendente, volviendose más denso y disonante. Los fuertes golpes de la percusión nos conducen al movimiento final.

Mosaico de Teseo luchando contra el Minotauro

El octavo movimiento (Minotauro) es la cuarta y última parte principal de toda la sinfonía. Representa el centro del laberinto del mítico personaje del Minotauro (hombre con cabeza de toro), símbolo de los orígenes de la cultura mediterránea. Una apertura percusiva nos lleva a una lucha dentro de un ritmo frenético, casi una danza de vida o muerte. Una sección empieza mediante unos aplausos que nos indican ritmos mediterráneos. Sigue con motivos mas melódicos y contrastantes, que nos sugieren elementos árabes. La obra termina en completo silencio, después de un gran glissando descendente de las cuerdas. Finalmente se ha logrado salir del laberinto.

Una sinfonía compleja que nos demuestra la evolución del género. Totalmente separada de los principios básicos que la regulan, nos demuestra que a pesar de todo, el género no muere. Se transforma pero el fondo es el mismo que en la época clásica, una obra sinfónica en varios movimientos que muestran una cierta unidad y coherencia. Variaciones temáticas y elementos contrastantes marcan la línea de una sinfonía.

Como curiosidad, indicamos el uso de una parte de ésta sinfonía (en concreto de Esfinge II, junto con la pieza orquestal Viaje Imaginario) en la película americana de Ricardo Islas "Frankenstein: Day of the Beast".

"Hyperion" compuesta en 2000 es una pieza para orquesta que se estrenó el 15 de noviembre de 2001 en la sala Verdi del Conservatorio de Milán.

La “Sinfonía Nº 2" (Acerca del límite) fue compuesta por encargo en 2001 para la Orquesta Nacional de España, siendo estrenada por George Pehlivanian el 1 de marzo de 2002. Está dedicada a Ángela Azcuaga, madre del compositor.Esta sinfonía ha representado a España en la Tribuna Internacional de Compositores de la UNESCO.

La obra se divide en cinco movimientos continuos, y evoluciona desde los sonidos más bajos de la orquesta hasta el final en los registros más altos. Como en un viaje, la pieza pasa por distintos mundos sonoros, de contenido muy contrastado, pero manteniendo la unidad de los elementos iniciales a lo largo de los veinte intensos minutos de su metamorfosis sonora. El subtítulo no se refiere a un límite en el sentido físico, sino entre metafísico y astrofísico. Es la metáfora romántica de la atracción del abismo representado en el acantilado, trasladado al vértigo temporal y abismal de los agujeros negros, según las lecturas de Stephen Hawking.

El primer movimiento (Spaziale) abre con suaves toques del gong. La presencia de trompas y campanas tubulares crean un ambiente extraño y místico. Se forma un coral atonal con los metales como voz principal, doblado por el resto de la orquesta en sotto voce. Las cuerdas entran, intensificando la naturaleza alineada del paisaje creado. Un crescendo desde el pianissimo inicial conduce a un final en fortissimo, que es, a su vez, un aumento del registro bajo al medio-alto. Termina en un decrescendo que conduce a la siguiente parte.

El segundo movimiento (Misterioso) recrea, como indica su título, una atmósfera llena de misterio. Comienza con glissandos de las cuerdas acompañados de toques de la percusión. Densas líneas y oleadas de ritmos y colores convergen y se separan hasta llegar a un cuarteto de trompas, al cual se une el resto de los metales. Más cerca del final, la percusión corta fragmentos inestables de las cuerdas. La música cambia al registro agudo antes de llevarnos, sin pausa, al siguiente movimiento.

El tercer movimiento (Ostinato) consiste en un breve ostinato. Se presentan motivos rítmicos, en constante metamorfosis y modulación armónica. La agresiva intervención de los metales acaba en una sección de transición, que recapitula la célula repetitiva hasta llegar a una coda agitada, enlazándose con la siguiente parte.

El cuarto movimiento (♩ = 104) nos sumerge en un mundo expresivo en el que la música retoma los gestos e intervalos de los dos primeros movimientos. Los materiales son tratados ágilmente, con profusión de gestos ascendentes y descendentes, que se multiplican en carreras frenéticas hasta exponer un tema melódico, primero en las maderas y luego en las cuerdas. Un episodio de sonoridades casi electroacústicas concluye con la reexposición de las escalas rápidas.

El quinto movimiento (Intenso) es más tranquilo en tempo, pero no en intensidad. El primer violín nos presenta frases líricas en un clima de misterio. Esta atmósfera emotiva pero enrarecida, sostenida por el violín solista, lleva el movimiento a un clímax final sostenido en el vacío, disolviéndose en la nada, el silencio.

Jesús Rueda obtiene en el año 2004 el Premio Nacional de Música concedido por el Ministerio de Cultura de España. También compuso "El viaje múltiple" (2004-5) e "Hyperion II" (2006), ambos para orquesta. Es también en estos años cuando Rueda escribió su única ópera hasta el momento: "Fragmento de Orfeo" en 2005.

La “Sinfonía Nº 3" (Luz) fue esbozada en otoño de 2004, pasó a ser un encargo de la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias y su director titular Maximiano Valdés. Se estrenó en febrero de 2007, aunque uno de sus movimientos, "La Tierra", aún no había sido escrito. Dicho movimiento fue estrenado en junio del mismo año, formando parte de la suite "Los Planetas" de Gustav Holst, interpretado por la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla bajo la dirección de Pedro Halffter. En agosto de 2008, el compositor revisó la obra, incluyendo "La Tierra".

Cada movimiento tiene un título que hace referencia a los elementos básicos de la antigüedad: fuego, agua, tierra y aire. En este último se lleva a cabo la síntesis que dará lugar a la vida representada como luz. Estos son algunos de los pensamientos del compositor sobre este viaje musical y simbólico:

“La sinfonía se compone de cinco movimientos y, en términos generales, es una respuesta a la atracción magnética que siento en mí desde el patetismo de la forma orquestal que fluye libremente y el estímulo visual y gráfico del arte de los siglos XIX y XX. Debo admitir que me gustan las grandes fuerzas orquestales, una especie de orgía de sonido con múltiples líneas en juego; me atraen texturas densas y deslumbrantes, llenas de color y dinamismo, proliferaciones rítmicas y límites sonoros que llevan al borde del el abismo."

“Como ocurre con la mayor parte de mi música, la intención expresiva de esta obra va más allá de lo estrictamente musical. Su objetivo es trascender la dimensión especulativa y estructural para representar un mundo sonoro ligado a lo sensorial, en todas sus manifestaciones. Formalmente, estos son viajes que fluyen a través del sonido, caminos infinitos sin retorno: una metáfora del río que fluye inexorablemente a lo largo de su curso natural, pasando por paisajes en constante cambio en su ruta hacia el océano ".

“En este trabajo he tratado de estirar y endurecer el discurso más que en mis sinfonías anteriores, desafiando el proceso de escritura, en cierto modo, tanto en la estructura de los diferentes movimientos como en su orquestación. Se podría decir que la sinfonía ha crecido hacia arriba y hacia afuera. Empujando los materiales involucrados al límite de su resistencia también genera el nivel de tensión que estaba tan ansioso por lograr."

El primer movimiento (El Fuego) es de carácter agitado, consiste en un ostinato enérgico de las cuerdas, superpuesto con rápidas figuraciones para madera y notas más sostenidas para los metales. Este agitado dinamismo nos ofrece una visión musical del primer elemento, el fuego. Sin pausa, enlaza con el siguiente movimiento.

El segundo movimiento (El Agua) es de naturaleza rítmica. Trata un tema diatónico como base para una serie de variaciones, a través de las cuales sufre inversiones, retrogradaciones e imitaciones. También hay un patrón numérico en el tema que genera el ritmo que caracteriza a todo el movimiento. En la sección final, el ritmo se acentúa terminando con una sugestiva sección lenta con intervención de la percusión y las maderas, con glissandos de los timbales, que sirve como puente hacia el siguiente movimiento.

El tercer movimiento (La Tierra) empieza con la intervención de las cuerdas en un ritmo frenético. Los distintos instrumentos se van incorporando en una vorágine de sonidos. La segunda sección tiene carácter rítmico marcado por los metales y la percusión. Mientras, las maderas intervienen mediante arabescos con influencias del jazz. Continúa con un estrepitoso tutti orquestal, con intervención de una sirena y variados glissandos. La última parte vuelve a la calma, con trinos en el piano, pero pronto retorna la intensidad sonora. Una breve y tranquila sección enlaza sin pausa con el siguiente movimiento.

El cuarto movimiento (El Aire) contrasta con los anteriores por su calma. El violín y el violoncelo se convierten en solistas en su registro agudo, arropados por una atmósfera orquestal como si flotaran en una nube. La entrada de la orquesta en un crescendo parece cambiar las cosas, pero pronto se convierte en un plácido adagio, hasta que la música se disuelve. La última sección hace de puente hacia el último movimiento. Emplea las campanas tubulares y otros elementos metálicos para iniciar una coral de los metales que acaba en un crescendo, llevandonos al último movimiento.

El quinto movimiento (Hacia la Luz) empieza con sonidos misteriosos, que sugieren un tiempo muy antiguo en el que vuelan pájaros desconocidos. Un crescendo nos eleva hacia las alturas hasta alcanzar un clímax de carácter heroico. Luego la música se disuelve en una línea aguda de los violines que pasa a los clarinetes. Empieza un descenso, una carrera hacia el vacío que atraviesa diversas densidades sonoras. En la parte final comienza un crescendo ascendente, como una intensa luz que va invadiendo todo el espacio, recordando el tema heroico anterior. Termina con una disolución sonora sobre un acorde de la cuerda en armónicos. Hay un sentido místico en este final, con sus ecos de la imaginería blakeiana: el concepto de moverse hacia la luz, una fuerza magnética y purificadora de la vida y su viaje final.

La primera grabación de la obra integral se efectuó el 21 de noviembre de 2008, interpretada por la Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias dirigida por Maximiano Valdés. La tercera sinfonía puede considerarse como una de las obras más importante escritas por el compositor. Una música que intenta plasmar en imágenes sonoras estímulos visuales, llegando a formas de gran expresividad, empleando un lenguaje moderno en el que ha sabido integrar las formas del pasado.

A partir del año 2007, se inicia una etapa de silencio en Rueda, en la que su producción se reduce a unas pocas obras que se sitúan en una línea experimental. Obras como "Sex machine" (2007), "Extreme voice" (2008) o "Requiem" (2012) ejemplifican esta búsqueda de nuevos caminos. Este periodo coincide con sus años de docencia y enlaza con una preocupación por la creación de obras pedagógicas, que se había iniciado con "Cinco Miniaturas" (1995) y que encontró continuación en "Invenciones" (1999-2003) o en el cuento musical "Los dos amigos" (2009). Rueda ha sido miembro fundador del conjunto Música Presente. Compositor en residencia con la Orquesta de Cadaqués. También ha sido Profesor de Composición del Conservatorio Superior de Música de Zaragoza y del Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Así como director artístico del Premio Internacional de Composición Reina Sofía.

Es en 2014 cuando Rueda vuelve a la composición, momento en el cual se puede situar el comienzo de una última etapa en la que ya no se oculta la búsqueda decidida por la claridad y la simetría, con la repetición como elemento fundamental. Esta nuevo periodo incluye una tetralogía de cámara formada por "Your story" (2014), "Absolute!" (2015), "The Messenger" (2016) y "Persiles" (2016), en donde es notable la influencia de la música minimalista a partir de módulos que son sometidos a todo tipo de variaciones. El eclecticismo musical de esta fase reciente está también presente en "Holstebro Quintet" (2017), obra en la que se explora una vertiente más expresiva, o en la Sonata para piano Nº3, “Upon a ground” (2016) en la que destaca la preeminencia del jazz.

La “Sinfonía Nº 4" (Julio) fue un encargo de la Sociedad de Conciertos Ibermúsica, con motivo de ser nombrado compositor residente durante la temporada 2017-2018. La obra fue escrita entre febrero y julio de 2017, estrenada en noviembre del mismo año por la Orquesta Sinfónica de Castilla y León dirigida por Andrew Gourlay. Está dividido en tres movimientos interpretados de forma continua. El compositor reflexiona sobre su obra en los siguientes párrafos:

"No recuerdo si fue primero la música o el título. A veces en una extraña sincronía, (una iluminación repentina del lugar al que uno quiere llegar) se resuelve todo de un plumazo: memoria y deseo, realidad y deseo. O no. Revuelto en las sábanas, entre nubes y pesadillas, intento trazar la imaginería, el artificio, un extraño objeto sonoro que vincule las diferentes experiencias en un único destino común. Aunque al final da igual, el edificio se construye, lo intentas resolver del modo más convincente, pero la pulsión está ahí, permanece, no te abandonó desde el principio, desde el origen de esta extraña epifanía. Y es ahora que miro hacia atrás e intento descifrar la pregunta, la contingencia. Y aun así sigue dando igual."

"Llama la atención la numerosa nómina de autores que han plasmado sus sensaciones y experiencias ante la extraordinaria dimensión del verano: Coetzee, Berlioz, Mendelssohn, Pavese, Camus, Hesse... Acaso porque el periodo de estío materializa en sí todo un cúmulo de sensaciones fértiles y productivas, en el extremo opuesto a la oscuridad y el frío. Es lo contrario del enigma y su sombra, por ser luz y claridad; es el sueño de la posibilidad y de la plenitud. Representa el acmé griego, el momento de máximo esplendor del hombre; los cultivos crecen y maduran, la temperatura atmosférica se alza a su cota más alta; los seres humanos detienen la actividad laboral y sus sueños se reproducen como las esporas del mundo. Origen y plenitud, sueño y tiempo, luz y detención, color y calor, julio y vida. “July” se articula en tres movimientos sin solución de continuidad y si en algo me representa, es en que representa todo lo que para mí tiene significado desde su principio."

"Alegoría de la Primavera" por Sandro Botticelli

El primer movimiento se abre con un motivo cálido en las cuerdas, acompañado de suaves golpes de los timbales y las campanas tubulares. Este motivo, utilizado como célula repetitiva, es el elemento básico de todo el movimiento. Las maderas intervienen en hermosos arabescos hasta que llega el metal, infundiendo cierta sensación de actividad. Los diálogos entre los instrumentos de viento crean un ambiente más estático. Luego, la célula reaparece transformada en los violonchelos, que pasa a varios instrumentos. Sigue una sección más tranquila y misteriosa, como el ambiente de un profundo bosque. La célula siempre está presente de alguna forma o variación. Una sección alegre comienza con nuevos arabescos de las maderas e interjecciones de los metales. Luego, la música se vuelve lentamente más apasionada pero no hay un clímax formal, en cambio, la música se calma y la celda es recapitulada en una orquestación variada. Concluye con una coda disonante.

El segundo movimiento es la parte lenta de la sinfonía. Comienza con las cuerdas presentando una melodía ambigua, no siendo lo suficientemente disonante como para ser oscura pero tampoco alegre. Esta melodía pasará por varias variaciones. La entrada de las trompas da un tono dramático y amenazador a la música, que crece cada vez más hasta alcanzar un gran clímax. Las cuerdas vuelven al ambiente ambiguamente estático del comienzo, con suaves toques del arpa. Después de un largo silencio, la melodía se recapitula de una forma más esperanzadora. Concluye con una coda suavemente edificante.

El tercer movimiento se abre con una serie de motivos animados de diferentes instrumentos, todos arrojados en medio de un torbellino, creando una densa textura musical. Luego, se presenta un tema completo en un tono alegre. Nuevos arabescos de los instrumentos de viento se pueden escuchar junto con las frases de las cuerdas. De repente, aparece una sección estática, tras la cual los motivos iniciales reaparecen de forma más atrevida, volviéndose más salvajes. Una nueva sección estática viene como contraste. Finalmente llega un gran crescendo, en el que la música se eleva, pero en lugar de resolverse, simplemente desaparece, concluyendo así la sinfonía.

La “Sinfonía Nº 5" (Naufragios) comenzó como un encargo de la Orquesta Nacional de España, especificando una pieza orquestal breve, de unos doce minutos. En el verano de 2018, Rueda escribió "Naufragios" para dicho encargo, la cual iba a ser estrenada en 2019. Desafortunadamente, la pieza se dejó de lado después de una reestructuración del programa de la orquesta.

El compositor, que ya había concebido la pieza como una sinfonía, propuso al director Afkham transformar la obra en su quinta sinfonía. Afkham estuvo de acuerdo y "Naufragios" se convirtió en el primer movimiento, escribiendo Rueda los tres restantes en el verano de 2019. La sinfonía finalmente se estrenó en el auditorio nacional con la misma orquesta y director el 17 de enero de 2020, con un gran éxito entre público y crítica.

La obra se divide en cuatro movimientos, siendo los tres últimos ejecutados de forma continua. La naturaleza de la pieza no es programática, pero cada movimiento tiene un título de los cuales se pueden extraer referencias extramusicales. El propio compositor comentó: "Lo he titulado Naufragios, como resumen de lo que nos está pasando. Y para capturar algo de rabia. Sí, rabia, rabia, ¿por qué no?"

Busto de Álvar Núñez Cabeza de Vaca en Houston (Texas).

El primer movimiento (Entre dos océanos) tiene una forma muy libre y fluida. Rueda se inspiró en el viaje a América del conquistador español Alvar Núñez Cabeza de Vaca, en busca de la mítica fuente de la juventud. Escribió sus aventuras en el libro "Naufragios y comentarios". Naufragó frente a la costa de Florida, donde fue en una misión en 1527 con cinco barcos y 600 hombres. Allí se mezcló con los indios y terminó como chamán antes de regresar a la civilización en 1535.

Comienza con amplios glissandos en los violonchelos, seguidos de los suaves arabescos de la madera y la marimba, creando así una atmósfera vaporosa e impresionista. La música se desarrolla y crece a medida que se cruzan y superponen varios motivos simultaneamente, en lugar del tradicional contraste de temas. Un breve motivo, más melancólico y meditativo, nos lleva al desarrollo, donde la música adquiere un tono decidido, como un barco surcando las grandes olas del océano atlántico. Un suave contramotivo se presenta con las cuerdas en pizzicato. La música crece lentamente crece, alcanzando un masivo clímax realzado por los metales y la percusión. Entonces comienza una recapitulación de los motivos ya presentados. Un nuevo crescendo nos conduce a un luminoso pasaje que culmina en un lírico clímax. Las cuerdas presentan una sección más disonante y ansiosa. La entrada de los timbales hace que la música alcance un anticlímax, tras lo cual se vuelven a recapitular los motivos. La coda se disuelve en el silencio después de suaves toques del arpa y el glockenspiel.

El segundo movimiento (El orden del mundo) apela a la ruptura del orden, "a esa ruptura que nos atormenta con el cambio climático", como dice Rueda. Consiste en un scherzo breve y poco ortodoxo. Comienza con un tema de jazz ligero presentado a través de una orquestación variada y colorida, mostrando influencias del free jazz de Ornette Coleman. A medida que el tema pasa de un instrumento a otro, cada uno agrega su propio color y ornamentos. Después de un breve clímax, enlaza directamente con la siguiente parte.

El tercer movimiento (De Profundis) es una suerte de passacaglia. Está dedicado a ese cementerio marino del mar mediterraneo, símbolo de otro de nuestros naufragios colectivos: "El de las víctimas que quedan bajo el mar cuando fracasan en busca de una vida mejor". Se abre con un tema melancólico presentado por las cuerdas. La madera entra, desplegando hermosos ornamentos a medida que se desarrolla el tema. La música, a través de un complejo contrapunto, se vuelve cada vez más densa y apasionada. La entrada masiva de los metales marca un nuevo clímax, con la cuerda en el registro alto. Tras una pausa, el tema se recapitula de forma desolada. Una nueva pausa nos lleva al movimiento final.

El cuarto movimiento (Europa) está dedicado a Europa. "Ese sueño en el que todavía creo, hoy amenazado". como dice el compositor. Al igual que el primer movimiento, tiene una forma muy libre, pero se pueden detectar elementos de rondó. Comienza con unos trémolos amenazantes de las cuerdas. Se presenta un motivo amargo y ansioso, con violentas interjecciones de la percusión. Una poderosa fanfarria despeja el oscuro ambiente. Los ritmos y tempos cambian continuamente. Luego, el motivo inicial se transforma en un tema brillante, lleno de energía y alegría, pero aún pleno de un sentido de urgencia. Después del clímax, una sección lírica contrastante se presenta a través de las cuerdas. Dulces solos de la flauta y el violín dan a la música un lírico respiro. Luego, pizzicatos de las cuerdas nos lleva a la recapitulación del tema principal. Después de un gran clímax, la música se eleva en un final brillantemente poderoso, al ritmo de una marcha. Finalmente, la sinfonía concluye con una coda brillante y optimista.

Si estás más interesado en ésta sinfonía, puedes leer ésta entrevista con el compositor.

En éstos últimos años, Rueda ha estado enfocado en torno a tres géneros: La sinfonía, el quarteto de cuerdas y la sonata para piano. En 2017 escribió la sonata Nº4 ”Night Thoughts”, seguida por las Nº5 "The Butterfly Effect” y Nº6 ”On the Edge” en 2018. Así mismo, Rueda ha escrito varios quartetos de cuerda en los últimos años: El Nº4 ”Still Life” (2018-19), Nº5 ”Fragments” y Nº6 ”The Glare” en 2019 y el Nº7 ”The Journey” en 2020, el cual, según su autor, es el más extenso y ambicioso hasta la fecha actual.

La "Sinfonía Nº 6" (Diálogos en el limbo) se encuentra actualmente en composición. El título (de momento provisional) está inspirado en una de las obras de George Santayana, el que fuera profesor de T. S. Eliot y uno de los grandes filósofos de origen español, madrileño naturalizado estadounidense, que vivió sus últimos años en Roma. Hasta que la obra sea estrenada o grabada, nos vemos imposibilitados de describirla musicalmente.

De ésta forma, concluimos provisionalmente este artículo, que será necesario actualizar en un futuro próximo debido al intenso ritmo de trabajo del compositor. Podemos estar seguros de que, en los próximos años, Rueda nos mostrará un buen número de nuevas e interesantes sinfonías y obras en general.