LA SINFONIA EN EL SIGLO XVIII

2 - La sinfonía en Francia en el Siglo XVIII 

En 1750 París era la mayor ciudad del mundo contando con un millón de habitantes. Las familias nobles no reparaban gastos para contratar a los mejores músicos de Europa. A partir de 1720 se instauraron diversas series de conciertos. Una de las más famosas, como ya se ha nombrado anteriormente, era la de los Concert spirituel. Se fundaron en un principio para el cultivo de la música vocal litúrgica en lengua latina, pero pronto se convirtieron en el centro de la música sinfónica francesa. Las características de esta música, entre los años 1750 y 1790, estaban ligadas al gusto de un público metropolitano distinguido. Les gustaban melodías sencillas y fáciles de memorizar, un poco descriptivas y al límite de la galantería, poseyendo virtuosismo instrumental.

Francois Martin (1727-1757) fue uno de los primeros compositores sinfónicos franceses. Empezó como virtuoso del violonchelo y pronto recibió el privilegio de publicar sus obras. Por el número de veces que aparecen en los programas, sus sinfonías debieron ser muy apreciadas en su tiempo. Sus obras se distinguen por una instrumentación delicada y una predilección por el cromatismo y las tonalidades menores. Sus sinfonías están construidas en tres movimientos y carecen de minueto.

La “Sinfonía en sol menor” Op. 4 Nº 2 compuesta en 1751 está escrita para cuerdas y bajo continuo. El primer movimiento, allegro, con sus enérgicas entradas de las cuerdas, recuerda a las oberturas francesas de las que indudablemente procede. El segundo movimiento, andante, es típicamente francés, una danza ligera y graciosa con ritmo de gavota, interpretada con las cuerdas en pizzicato.  El tercer movimiento, allegro, muestra influencias italianas.