DVORAK 5

La “Sinfonía Nº 5 en fa mayor” Op.76, B 54 fue empezada el 15 de junio de 1875 y terminada el 23 de julio. Fue la tercera sinfonía publicada  en vida de Dvořak, por lo cual antiguamente era conocida como la tercera y con el número de opus 24. Revisada por Dvořak en 1887, antes de entregarla a Simrock para su publicación en 1888. Se estrenó en Praga el 25 de marzo de 1879 bajo la dirección de Adolf Cech y dedicada a Hans von Bülow, uno de sus mejores defensores.

Fritz Simrock era el editor de Brahms. La amistad del compositor alemán con Dvořak ayudó a que su editor se interesara por sus obras. Brahms como miembro del jurado del Premio Nacional de Austria conocía el valor musical de la obra de Dvořak y empieza a introducirlo en los ambientes internacionales. Simrock publicó la obra cuando ya había editado otras sinfonías posteriores de Dvořak, la sexta como número uno y la séptima como número dos. Debido a motivos comerciales, una obra nueva se vende mejor que una recuperada del pasado, presento la quinta sinfonía de Dvořak como una nueva obra, dándole el número tres y cambiando su número de opus del 24 al 76. Esta confusión duró hasta mediados del siglo XX, cuando las nueve sinfonías fueron numeradas conforme a su cronología.

El primer movimiento allegro ma non troppo empieza suavemente con un tema en arpegios interpretado por dos clarinetes. El segundo tema es ligero, suavemente melódico. Se respira un ambiente de bucólica paz. El desarrollo se basa en el tema principal. Termina con una placentera y pastoral coda.

El segundo movimiento andante con moto introduce el tema principal por medio de los violoncelos. La primera frase es similar a la del principio del primer concierto para piano de Tchaikovsky. El tema principal pasa a los violines y luego a la madera. Por su rasgo melancólico es parecido a una Dumka, una danza de origen ucraniano, muchas veces utilizada por Dvořak. El tema se va variando empleando una orquestación sencilla, casi siempre reducida a la cuerda y las maderas, excepto los dos reducidos momentos de clímax, en que utiliza trompetas y trombones.

El scherzo empieza con una introducción lenta que nos lleva a un vivo ritmo de danza. El trío es más calmado con intercambio de frases cortas entre la cuerda y la madera. Luego regresa el scherzo que ya posee el aire de las futuras Danzas Eslavas.

Termina con un allegro molto cuyo tema principal es agitado con variadas modulaciones, contrastando con el suave segundo tema. Pero pronto el viento vuelve a presentar el tema principal. En la recapitulación el tema principal es interpretado mediante un solo del oboe, que pasa al clarinete bajo, antes de regresar a la orquesta. Antes del final se escuchan reminiscencias del tema principal del primer movimiento en la flauta, luego en el clarinete y la trompa. La coda es brillante, con fanfarrias de las trompetas compitiendo con los trombones y con el apoyo de los timbales.

Dvořak como hemos dicho ganó en 1875 un premio del Estado Austríaco dotado con 400 florines, una pequeña fortuna en aquella época. Volvió a ganar en 1876 y en 1877, con lo cual tenía asegurada su vida y podía dedicarse plenamente a componer. Además conoció a su admirador Johannes Brahms a través del crítico Eduard Hanslick. El compositor alemán le abrió las puertas a su editor Fritz Simrock para que pudiera publicar sus obras. El verdadero éxito creador de Dvořak llegaría con la publicación en 1878 de su primera colección de Danzas Eslavas. Empezaba su etapa de música nacionalista.

Como nota complementaria haremos una pequeña aclaración sobre Hanslick, por su influencia crítica en la historia musical de la época. Eduard Hanslick (1825-1904) nació en Praga pero su formación fue germánica, ejerciendo como crítico musical en importantes periódicos de Viena. Profesor de la Universidad de Viena, entre los años 1870 y 1895, ocupó la cátedra de Historia y Estética de la Música.

Sus ideas musicales son expresadas en su ensayo “De la belleza musical. Una contribución a la revisión de la estética musical”, editado en Leipzig en 1854. Defiende la pureza en la música. Su belleza se encuentra en sí misma, sin aspirar a representar imágenes ni expresar mensajes. Combate el descriptivismo en la música, rechazando las nuevas tendencias musicales que partiendo de Berlioz y Liszt llegaban a su máximo representante Wagner. Con ello aparecían los aficionados a la música divididos en dos bandos, los seguidores de la pureza clásica representada por Brahms y los modernistas seguidores de Wagner.