Ricardo Ulloa Barrenechea (1928-1999) nació el 16 de abril de 1928 en San José. Hizo los estudios primarios en la Escuela Metálica y los secundarios en el Colegio Seminario. Luego empezó sus estudios musicales con Guillermo Aguilar Machado y Carlos E. Vargas. Continuó su formación como pianista en el Real Conservatorio de Música de Madrid entre 1953 y 1959, donde obtuvo el Diploma de Capacidad del Curso Superior de piano.
Inició su educación en pintura con María Julia Ulloa. Posteriormente realizó un curso de acuarela con Leonardo Tejada. En España siguió el curso libre del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Después volvió a Costa Rica donde formaba parte del grupo Taller.
Ha sido profesor del Conservatorio de Música en la Universidad de Costa Rica y en la Escuela normal. Participó en diversas revistas como crítico de arte y en la sección crítica del periódico La República y la Nación.
Ganó varios premios, en 1963 el Primer premio en Música, Segundo en Pintura y Tercer premio en Poesía, de los Juegos Florales y en 1981 ganó el Premio Aquileo Echevarria en música.
La «Sinfonietta para cuerdas» fue compuesta en 1946 siendo una de las primeras aportaciones sinfónicas de Ulloa. Escrita en su juventud, lo que la sitúa dentro de un contexto formativo. Escrita para orquesta de cuerdas, plantilla más accesible en el medio costarricense de la época. Ha sido interpretada por la Orquesta del Sinart (Sistema Nacional de Radio y Televisión) dirigida por Arnoldo Herrera en 1980.
Hemos podido escuchar una pequeña parte de la obra, sus movimientos Pequeña canción y aire de minueto. De carácter clásico tonal escrita en una época inicial de su evolución musical que posteriormente lo llevó hacia obras más experimentales.
Representa una fase intermedia clave en la evolución del sinfonismo en Costa Rica. Ricardo Ulloa es un compositor poco difundido, cuya importancia es más histórica y contextual que discográfica. Es especialmente interesante como uno de los primeros intentos sinfónicos del país.
Fue un compositor que destacó especialmente en la creación de canciones artísticas o Lieder y piezas para piano. Ulloa fue sumamente crítico con su propio trabajo, llegando a considerar sus Lieder como sus únicas composiciones verdaderamente profesionales. A continuación, se detallan sus obras musicales más representativas.
«Poesía y cristal» (1958/1971). Una de sus series más importantes de canciones artísticas para voz y piano. Incluye piezas como «Mi mar perdido».
«Ángel del camino» (1970). Obra compuesta para voz y piano, considerada por el propio autor como parte de su producción más profesional.
«Cantar del campesino». Una de sus piezas vocales grabadas y difundidas por instituciones como el Sistema Nacional de Bibliotecas (SINABI).
La «Suite para piano» compuesta en 1979 es una obra de corte neoclásico que utiliza disonancias y bloques sonoros recurrentes. Aunque es para instrumento solo, muestra la complejidad estructural que también aplicaba a sus obras de mayor formato.
El «Cuarteto indio» es una obra de cámara destacada en su repertorio, que ha sido interpretada en importantes recintos como el Teatro Nacional de Costa Rica.
«Pieza para flauta y orquesta» compuesta en 1986.
Su música de carácter ecléctico es descrita como heterogénea, combinando lenguajes tradicionales con elementos de vanguardia y técnicas contemporáneas. Al ser también poeta, Ulloa solía musicalizar sus propios textos, creando una conexión profunda entre la lírica y la melodía.
Recientemente, la Editorial UCR ha publicado partituras de sus obras para asegurar su estudio y ejecución por parte de nuevas generaciones de músicos. El legado se encuentra bajo el resguardo del Archivo Histórico Musical de la Universidad de Costa Rica, institución que se encarga de la digitalización y preservación de su obra.
Fue una figura vinculada al desarrollo de la música académica en Costa Rica, en una generación posterior a pioneros como Julio Fonseca. Ulloa pertenece a una generación de compositores que trabajan dentro de un lenguaje neoclásico y tonal ampliado, con influencias del siglo XX. Incorporan en ocasiones elementos nacionales, aunque sin caer necesariamente en un nacionalismo explícito. Desarrollan su actividad en un entorno donde la infraestructura sinfónica era aún limitada, lo que explica la escasa difusión de muchas obras.
