JESÚS CASTILLO

Jesús Castillo Monterroso (1877-1948) nació en San Juan Ostuncalco, departamento de Quetzaltenango, el 9 de septiembre de 1877. Se formó en Guatemala con los maestros pianistas Miguel Espinoza y Rafael Guzmán. Desde temprano mostró un interés especial en la música indígena de Guatemala, algunas de cuyas características incorporó a sus propias piezas.

Su familia lo apoyó con estudios especializados en Quetzaltenango y Europa. Al finalizar su formación, se dedicó al magisterio musical en Quezaltenango, actividad que mantendría hasta 1929. A la vez, recopiló música de los indígenas en varias regiones de Guatemala.

Su «Obertura indígena Nº 1» (1897) es la primera obra de su época de estudiante que basó en motivos musicales autóctonos. Mientras estudiaba con Rafael Guzmán, Castillo compuso una segunda obertura de esa naturaleza, beneficiándose de la asesoría de su maestro. Fruto de sus investigaciones etnofónícas es también el libro titulado La música Maya-Quiché, Región de Guatemala.

Entre sus obras originales basadas en la música autóctona sobresale la ópera «Quiché Vinak» (1917-1923), que se puede traducir como El pueblo Quiché, sobre un libreto de Virgilio Rodríguez Beteta. Fue estrenada en 1924 en el Teatro Abril de la Ciudad de Guatemala.​

Es una de las primeras obras musicales y escénicas sobre temas indígenas autóctonas en las Américas, con la proyección de elementos de música autóctona. La obra se ubica en la tradición de las óperas latinoamericanas con temas históricos y tendencias nacionalistas.

La obra está situada en la víspera de la invasión de Guatemala por los españoles en 1524. Para evitar que el dios Tohil[1] destruya el mundo con hambre, pestes y terremotos, el sumo sacerdote quiché decide sacrificar a los prisioneros kaqchikel[2], pero elige a la princesa kaqchikel Alitza, por ser la muchacha más hermosa de su pueblo.

A la salida del sol Alitza está a punto de ser sacrificada, pero un instante antes de que el sacerdote le extraiga el corazón mediante su cuchillo de obsidiana, desciende del aire el príncipe quiché Amalchi, dotado de poderes mágicos. Ante el asombro del pueblo congregado libera a la víctima, llevándola consigo en vuelo para esconderla en la montaña.

Los sacerdotes sin embargo están determinados de recapturar a la princesa y sacrificarla para evitar la ira de Tohil. Con ese propósito designan a uno de ellos para que vaya en búsqueda de la víctima. Convertido en coyote, el brujo encuentra a los dos jóvenes, que se han enamorado profundamente, despoja a Amalchi de sus poderes y captura a la pareja, conduciéndola de nuevo hacia el templo para sacrificarlos, donde son condenados a ser quemados vivos.

En la hoguera, se juran amor eterno, y en el dolor del holocausto les sobreviene el poder de la adivinación, prediciendo el ocaso del pueblo Quiché ante los Hijos del Sol. En ese instante hacen su aparición los españoles con sus yelmos, corazas, lanzas y caballos, dejando al pueblo Quiché sumido en el terror.

Como compositor, Jesús Castillo inició la valoración de la música autóctona, mostrando el camino a varias generaciones de compositores en su país. Algunas de sus obras fueron publicadas por la Unión Panamericana de Washington D. C. Muchas de sus piezas para piano fueron adoptadas por las grandes marimbas de Quetzaltenango, y se escuchan a menudo hasta entrado el nuevo milenio.

Sus obras para piano abarcan alrededor de 25 composiciones, incluyendo colecciones de piezas y obras de varios movimientos, entre ellas «Del Ocaso», «Procesión Hierática», «Minuet Maya», «Obertura indígena Nº 1», «Obertura indígena Nº 2» también conocida como Tecún Umán,  «Obertura en Sol» y «Obertura El Quetzal».

Otras de sus obras son los poemas sinfónicos «Guatemala» y «Vartizanic», el «Preludio Melodramático», «Oda a la Liberación de Guatemala»«Las telas mágicas».

El marimbista Julio Taracena explicó que una de sus notables melodías es la composición «Fiesta de pájaros», creada en 1930 para ser interpretada por piano y orquesta, cuya inspiración fue la naturaleza, ya que acostumbraba a pasar sus vacaciones en una finca de su familia ubicada en San Martín Sacatepéquez.

Sus composiciones y su labor pedagógica mantienen a Jesús Castillo como referente de la música guatemalteca, cuyo trabajo trascendió fronteras y continúa influyendo en intérpretes y estudiosos del arte musical. Jesús Castillo murió el 23 de abril de 1946 en la ciudad de Quetzaltenango.

[1]  Tohil es una divinidad maya del periodo postclásico tardío y el dios patrón de los Quichés. Se trata de una divinidad del fuego.​ También era asociado a las montañas y a las deidades de la guerra, así como a los sacrificios.

[2]  Los kaqchikeles son uno de los principales pueblos mayas del altiplano central de Guatemala, especialmente en los departamentos de Chimaltenango, Sacatepéquez y Sololá.