Joaquín Orellana (1937- ) nació el 5 de noviembre de 1937 en el Barrio San José de la Ciudad de Guatemala. Sus primeros años los vivió en la casa de sus abuelos maternos, una familia muy católica. Su abuelo era comerciante de sombreros de palma, camisas de manta y otros productos para los campesinos que arribaban de Palencia y Chinautla.
El gusto musical, según cuenta él mismo, proviene de su familia paterna, y durante su infancia también aprendió a improvisar versos con ritmo exacto y a utilizar estas palabras para crear ritmos. De la misma forma, tuvo inclinación por la lectura y desde niño se volvió un lector voraz. También mostró interés por los ritmos y sonidos de la naturaleza.
Sus primeros estudios musicales formales fueron en el colegio de San Sebastián, donde ingresó a la banda aprendiendo solfeo elemental y también conoció música de ópera, en especial de Verdi. Debido a sus intereses musicales, dejó el bachillerato en el Instituto Nacional Central para varones para entrar al Conservatorio Nacional de Música Germán Alcántara’ graduándose como violinista en 1959. Su primera obra fue compuesta entre los 17 y 19 años, titulada «Exorcismo para piano», el cual está motivado por su interés en lo místico y lo demoniaco.
Más tarde, fue uno de los compositores becados para estudiar en el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales del Instituto Di Tella en Buenos Aires entre 1967 y 1968. En el CLAEM, pudo estudiar con Alberto Ginastera, Francisco Kröpfl, Luigi Nono, Fernando von Reichenbach, Gerardo Gandini, Cristóbal Halffter, Román Haubestock Ramati y Vladimir Ussachevsky. Durante esta época también pudo tomar cursos de lingüística estructural, técnicas audiovisuales y filosofía del arte.
En 1973, Orellana, así como otros compositores guatemaltecos como Enrique Anleu Díaz, comienzan a experimentar con la música electroacústica con tecnología análoga. Sin embargo, como él mismo señala, tras su estancia en el CLAEM, sufrió una crisis a la inversa en su país natal, pues la música de vanguardia que era escuchada en Europa y otros países, no tenía ninguna recepción en Guatemala; sin embargo, tampoco quería hacer música basada en música criolla pues se convertiría en un compositor trasnochado. Sin embargo, a través de una mezcla de las técnicas compositivas que había aprendido y los sonidos propios de su país pudo encontrar su propio estilo, el cual se materializó con las «Humanofonías», obras musicales que capturaban el paisaje sonoro guatemalteco y las técnicas de música concreta y electroacústica.
En 2012, el artista plástico mexicano Carlos Amorales y Julián Lede fueron comisionados para crear una versión audiovisual de una partitura de Orellana para una película animada de Walt Disney. Dicho filme estaba realizado con sombras proyectadas en una pantalla junto con las formas de los instrumentos del compositor, así como las notaciones de sus obras.
A partir de los años 60, Orellana comenzó a introducir la técnica electroacústica en su música; sin embargo, su producción se caracteriza sobre todo por utilizar instrumentos acústicos creados o transformados por él mismo. Uno de los instrumentos que suele transformar es la marimba.
La obra de Orellana, aunque retrata el mundo sonoro autóctono de Guatemala, no intenta estilizar a las culturas indígenas o mostrar su carácter folclórico, sino presentarlas desde la opresión que han vivido a partir de la conquista.

Los útiles sonoros son instrumentos musicales escultóricos creados por el compositor Joaquín Orellana. Son piezas únicas diseñadas para generar sonidos que la orquesta tradicional o los instrumentos convencionales no podían producir.
Estas creaciones surgieron principalmente de la deconstrucción y transformación de la marimba, el instrumento nacional de Guatemala, con el objetivo de expandir sus posibilidades sonoras y reflejar la realidad social y el paisaje acústico del país.
Orellana utiliza tanto elementos tradicionales como cotidianos, teclas de marimba, caña, bambú, metal, caparazones de tortuga, cuerdas de piano, hule y hasta filtros de cigarro. No son solo objetos artísticos, cada uno está diseñado para llenar vacíos acústicos y evocar temas como el hambre, la guerra civil, el caos urbano y la naturaleza. Combinan la ingeniería acústica con una estética surrealista y escultórica. Muchos de ellos requieren movimientos específicos del intérprete para funcionar.
Ejemplos destacados son la Sonarimba, su primer invento (1971), que conserva la esencia de la marimba pero con una estructura modificada para nuevas texturas. El Circumar, una adaptación circular de la marimba que permite una interpretación continua y envolvente. Burbuxa, un útil que utiliza materiales no convencionales para crear sonidos que simulan burbujeos o texturas líquidas.
El Tortucir, basado en caparazones de tortuga para generar sonidos percusivos de origen orgánico. Sinusoido, caracterizado por sus líneas de sonido ondulantes, fabricado con materiales como cuerdas de piano.
A continuación presentamos algunas de sus numerosas obras en las que emplea algunas de sus técnicas compositivas y algunos instrumentos poco convencionales.
«Contrastes» es un ballet para orquesta y cinta, de carácter abstracto, compuesto y estrenado en Guatemala en 1963, cuya parte de electroacústica fue hecha en un estudio de grabación comercial en la ciudad de Guatemala. Consiste en un tema y nueve variaciones escrito en un estilo tonal combinado con fragmentos atonales y electroacústicos. Se interpretó en los Estados Unidos el 29 de noviembre de 2021, en el Sottile Theatre de Charleston, interpretado por la orquesta del College of Charleston bajo la dirección de Yuriy Bekker.
«Híbrido a Presión» compuesta en 1982, para dos flautas, instrumentos especiales y cinta. La obra es una de las piezas que reflejan con mayor claridad su estética experimental y su interés por la creación de nuevos instrumentos sonoros y por la transformación del lenguaje orquestal tradicional.
«Ramajes de una Marimba Imaginaria» fue compuesta en 1990, pero su difusión internacional se consolidó con la edición en formato CD lanzada en 1996 por el sello discográfico francés Inédit. En esta obra Orellana recrea el sonido de una marimba idealizada o abstracta. Utiliza sus famosos útiles sonoros para expandir las posibilidades tímbricas del instrumento nacional guatemalteco, alejándose del uso convencional para explorar texturas contemporáneas y microtonales.
La pieza simboliza una marimba que se desintegra y se vuelve a armar en el espacio sonoro, integrando sonidos que evocan tanto la naturaleza como la identidad cultural de Guatemala desde una perspectiva electroacústica y experimental.
«Antes del Paraíso» (Ante-Par III). Aunque su proceso creativo suele ser continuo, la obra consolidó su presencia pública y versiones definitivas hacia finales de la primera década de los 2000, siendo 2012 un año clave para su difusión masiva. Se presentó como una versión final en febrero de 2012 en el Conservatorio Nacional de Música de Guatemala.
Está escrita para coros y orquesta. En el recital de 2012, la obra incluyó la interpretación de nueve piezas distintas bajo el concepto de Ante-Par III. En su ejecución han participado agrupaciones como la Orquesta Juvenil Municipal, el Coro Nacional y el Coro Victoria.
«Evocaciones de una ignota heroína» fue compuesta en 2013. Orellana la escribió por encargo para la Orquesta Sinfónica Juvenil Femenina Alaíde Foppa. La obra está dedicada simbólicamente a las mujeres víctimas de la violencia y la represión durante el conflicto armado en Guatemala. El título alude también a la poeta y activista desaparecida Alaíde Foppa, figura emblemática de esa memoria histórica.
Seguidamente presentamos dos obras que posteriormente el compositor reutilizará en su Sinfonía para el Tercer Mundo. Esto es bastante característico del lenguaje de Orellana, reutiliza bloques sonoros de obras anteriores, los re orquesta o re contextualiza dentro de piezas mayores.
«Fantoidea» fue compuesta por Joaquín Orellana en el año 1981. La obra se presentó al público a principios de la década de los 80, consolidándose como una de sus piezas fundamentales para sus útiles sonoros.
«Sacratávica» (Las Voces del Rio Negro) para coro, tres flautas de pico, instrumentos especiales y marimba compuesta en 1998, se estrenó en Guatemala el 25 de noviembre de 2015, fecha asociada al Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en el atrio de la catedral de la ciudad. La obra está escrita para voz y cuerdas, con un carácter evocativo y memorial, muy acorde con la estética tardía de Orellana, que combina lenguaje contemporáneo con referencias culturales y sociales guatemaltecas.
La obra está dedicada in memoriam a las víctimas de la masacre de Río Negro (1982) ocurrida durante el conflicto armado interno en Guatemala. Orellana concibió la pieza como una obra coral de gran densidad, pensada para alrededor de 80 voces, además de utilería sonora y participación ocasional de marimba. Utiliza fragmentación de fonemas de lenguas indígenas y texturas corales complejas para crear una atmósfera ritual y colectiva.
Se refiere a la destrucción de la comunidad maya de Río Negro como consecuencia de una serie de masacres ejecutadas por el ejército de Guatemala y miembros de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) entre los años 1980 y 1982.
El pueblo indígena maya fue considerado un enemigo interno por su potencial para convertirse en base social de la guerrilla. Por ello, fue el grupo étnico más afectado por violaciones a los derechos humanos durante esa época, sufriendo desplazamiento forzado y la destrucción de las comunidades. Mujeres y niños/as fueron víctimas especialmente seleccionadas por el efecto simbólico que la violación de sus derechos representaba.
El término Sacratávica es un neologismo del compositor que combina Sacro, lo ceremonial o ritual con Atávico, la memoria ancestral y las fuerzas profundas de las culturas indígenas centroamericanas.
La «Sinfonía desde el Tercer Mundo» compuesta en 2017 se estrenó en el Teatro Megarón de Atenas el 26 de junio de 2017 en el Festival Documenta 14, dirigida por Julio César Campos Santos. Su orquestación comprende además de la orquesta, 22 percusionistas de útiles sonoros creados por Orellana, coro de niños, coro mixto de adultos, 7 marimbistas, sonidos pregrabados y declamador. El 27 de septiembre de 2018 se presentó en la Gran Sala del Teatro Nacional de Guatemala el reestreno de la Sinfonía, interpretada por la Orquesta Sinfónica Nacional.
Aunque se denomina sinfonía, no sigue la estructura clásica en cuatro movimientos. Está organizada como una sucesión de cuatro grandes secciones dramáticas derivadas de obras anteriores del propio Orellana y articuladas en un discurso continuo.
El primer movimiento, Introducción, empieza con una sección sinfónica que interpreta el tema principal de la obra mediante la flauta, pasando después a la orquesta y al coro. Presenta el universo sonoro de la obra. Aparición gradual de la orquesta, la marimba y los útiles sonoros en modo atonal. Intervención del coro mediante trágicos lamentos Texturas densas y atmósferas que evocan la realidad social del Tercer Mundo. Funciona como planteamiento dramático del discurso sinfónico.
El segundo movimiento, Fantoidea, es un episodio de carácter experimental y tímbrico. Predominan los instrumentos inventados por Orellana y efectos sonoros no convencionales. Se desarrollan superposiciones de masas sonoras, murmullos corales y sonidos pregrabados.
El tercer movimiento, Homenaje a María Tiú, posee carácter memorial y elegíaco. Evoca la figura de María Tiú, símbolo de las víctimas de la violencia en Guatemala. Uso expresivo del coro y la declamación, con una dimensión casi ritual. El tema principal aparece nuevamente en la orquesta. Lamentos expresados por el coro mixto con intervención del coro infantil.
María Tiú es una figura simbólica de la memoria histórica guatemalteca asociada a las mujeres indígenas víctimas de la violencia, durante el conflicto armado interno de Guatemala (1960–1996). Su nombre aparece en el contexto artístico y memorial más que como el de un personaje histórico ampliamente documentado.
El cuarto movimiento, Sacratávica, es la culminación de la obra. Inspirado en una composición previa del autor que refleja misticismo y ceremonial maya. Incluye cantos rituales, marimba y coro, con una fuerte carga simbólica y colectiva.
Orellana incorporó parte del material sonoro y conceptual de su anterior obra dentro de la composición. En la sinfonía, estos elementos aparecen transformados orquestalmente, manteniendo el carácter ritual y la evocación de memoria histórica vinculada a la tragedia de la Masacre de Río Negro. No se trata de una cita literal completa, sino de motivos rítmico-vocales derivados de Sacratávica. Texturas corales o masas sonoras trasladadas a la orquesta. Idea dramática y memorial ligada a Río Negro.
Empieza con una intervención solista de los útiles sonoros y la marimba. Después de una melodía tonal interpretada por la marimba el narrador declama el llamado Poema de Orellana que transcribimos a continuación.
“El infame destierro arrancado de mi sangre en helada mordente soledad. Desde el giro automático de un disco, rumoraba amorosa una marimba, incrustando en el instante frío, pululante llamado, tibio, cruel, dislocando el presente endurecido.
Acariciaba el ronroneo mi tristeza de solitario. Acallaba su blando ulular mi corazón destituido. Ondulaba su caricia por mi piel, mis ojos, mis recuerdos.
Era entonces barrio huyendo en mis oídos. Yo detrás de su imagen, jadeando como perro perdido. Ciudad entre mis huesos. Ciudad huyendo de mis ojos, escapando de mis manos.
Brazo llamando, brazo despidiendo. Despidiendo, llamando. Llamando, despidiendo.

Ahora, en el pecho, en la garganta. Sonido crepitante. Bueno y cruel. Fuego y bálsamo. Esperanza batiendo sones, y esperando.
Pausa con intervención de las marimbas.
Avanza, marimba. Lanza, grita, penetra, sacude la selva. Ahonda la voz del gigante, que azusa el galope y aloca la jauría. Avanza, marimba, lanza, grita, penetra, batiendo sonido asediarte, marimbala señalando, midiendo, marimbalando el sol, pulsando en el aire de la luna, penetrando el cielo. Golpeteando en las ramas de la noche. Avanza, marimba. Lanza, grita, penetra, desgarra la tierra, danza feroz, inventa, destruye las vallas y despierta el sonido de los sementales. Ahora, en el pecho, en la garganta. Sonido crepitante. Bueno y cruel. Fuego y bálsamo.
La sección final empieza con una nueva intervención de los útiles sonoros y con la entrada de los coros mediante invocaciones y declamaciones varias. La melodía de la marimba nos conduce hacia la coda con la recapitulación del tema principal y el recitativo final del poema. Esperanza batiendo sones, y esperando.
La sinfonía está construida en una forma narrativa continua más que en movimientos clásicos, integrando la poesía declamada dentro del discurso musical. Uso de útiles sonoros. Concepción socio-política y testimonial, reflejando la historia de Guatemala y la desigualdad del tercer mundo.
En resumen, la obra funciona como una sinfonía-oratorio contemporánea, donde las secciones funcionan como capítulos dramáticos de un gran fresco sonoro sobre la realidad social guatemalteca.
Esta obra nace en Guatemala y es de Guatemala, y lo que envió a través de su música coral orquestal e instrumental, constituyó un mensaje de Guatemala al viejo Mundo. Así se expresó el músico y compositor, Joaquín Orellana, creador de la Sinfonía.
En la narrativa del compositor estaba el deseo desesperado por lograr encontrar y transmitir el sonido del hambre. Pero la obra expresa además la violencia genética y estructural que da paso al hambre, y el hambre como violencia misma. La Sinfonía desde el Tercer Mundo nos habla de un tercer mundo construido como tal desde la violencia. Violencia que abarca incluso, el ninguneo de la creatividad musical de su gente por parte del Primer Mundo y ante lo cual representa esta obra, de nuevo, una especie de liberación o corte, con la búsqueda de un lenguaje original, de sonidos propios.
Nos presenta un Tercer Mundo quejoso, doliente, confuso, entremezclado con sonidos marciales fanfarrones y crueles, los sonidos marciales de la desaparición forzada y la tortura, de la violencia sexual, de la tierra arrasada, del despojo continuado, pero también de la terrible corrupción, causante en buena medida del hambre.
El tercer mundo suena también a esperanza, a baquetazos de guerreros entonando el son alzado, para erradicar la peste del vampiro, como Orellana lo ha expresado de forma hermosa, de ese vampiro que sigue sediento de poder y ambición. Por eso, es tonal y atonal; es disonante. Es aleatoria y con la coexistencia de distintos ritmos. No puede ser de otra forma, porque en palabras de Joaquín Orellana, La obra salió de un pueblo empotrado en el pecho.
El Bicentenario de la Independencia de Guatemala, celebrado el 15 de septiembre de 2021, conmemoró 200 años (1821-2021) desde que la Ciudad de Guatemala, como sede de la Capitanía General, firmó el Acta de Independencia del Imperio español. La celebración marcó dos siglos de soberanía centroamericana con actos cívicos y actividades conmemorativas. Entre ellas un concierto sinfónico.
«Inframundo» de Joaquín Orellana fue compuesta alrededor de 2020–2021, como parte del conjunto de obras que integran la Sinfonía de los 200 años. Dentro de ese proyecto aparece como sección titulada Inframundo (Descenso / Ascensión), concebida para orquesta de cuerda formada por violoncelos y contrabajos, coro oculto y útiles sonoros.
Se estrenó el 15 de septiembre de 2021 dentro del concierto del Festival Cultural del Bicentenario en la Ciudad de Guatemala interpretada por la Orquesta Sinfónica Juvenil Municipal, coros y el Colectivo Orellana, con dirección musical de Julio Santos.
Forma parte de su producción experimental vinculada al uso de útiles sonoros y a una estética profundamente ligada a la cosmovisión mesoamericana. “Inframundo” se relaciona con el concepto del mundo subterráneo de la mitología maya, conocido como Xibalbá. En esta tradición, el inframundo no es simplemente un lugar de muerte, sino un espacio de tránsito, transformación y pruebas espirituales. Orellana utiliza este simbolismo para construir un paisaje sonoro oscuro, ritual y profundamente dramático.
La obra se caracteriza por texturas densas y graves, que evocan profundidad y oscuridad, el uso de útiles sonoros creados por el propio Orellana, ritmos pulsantes y repetitivos, cercanos a lo ritual y sonoridades cercanas a resonancias metálicas, fricciones, golpes percusivos, glissandi vocales o instrumentales. El resultado suele ser un paisaje acústico casi teatral, más cercano a una escena sonora o ritual escénico que a una obra sinfónica tradicional.
Podría describirse como una música de atmósfera abismal, dramaturgia sonora, ritualidad precolombina reinterpretada. No sigue necesariamente una estructura formal clásica, sino más bien procesos sonoros que evolucionan por acumulación y transformación.
La «Sinfonía de los 200 años» (Guatemalada Guarimbeante, Sinfominina Popular) fue compuesta para el bicentenario de la independencia de Guatemala (1821-2021). El estreno mundial tuvo lugar el 15 de septiembre de 2021 en la Gran Sala del Teatro Nacional Miguel Ángel Asturias, dentro del Festival Cultural Paseo de la Sexta organizado por la Municipalidad de Guatemala.
Interpretada por la Orquesta Sinfónica Juvenil Municipal, la Camerata Vocal Zona 21, el Coro Victoria y la Marimba Ramajes, dirigidos por Gabriel Paredes Gil. En el mismo concierto se estrenó la obra “Inframundo: descenso/ascensión”.
No se trata de una sinfonía clásica en cuatro movimientos al estilo europeo; más bien es una estructura continua o en grandes bloques, cercana al poema sinfónico contemporáneo. La obra puede verse como una síntesis de varias ideas presentes en otras composiciones de Orellana, su visión histórica y política de Guatemala, ya presente en la Sinfonía desde el Tercer Mundo, el uso de sus instrumentos propios desarrollado desde los años 70 y su interés por integrar cosmovisiones indígenas dentro de la música contemporánea.
La sinfonía se basa en el tema Miguelita de Acatán, inspirado en un personaje de la novela «Hombres de maíz» del Premio Nobel de Literatura 1967, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias. Ese motivo sirve como núcleo generador de toda la obra, que va transformándose hasta desembocar en la guarimba, un ritmo festivo urbano guatemalteco estilizado por el compositor.
En Guatemala, guarimba es un término del folclore urbano festivo, relacionado con un ritmo muy vivo de carácter popular, cercano al ambiente de fiesta callejera. En el uso que hace el compositor Joaquín Orellana, el término no se refiere a un género formal codificado, como el son, otro de los dos géneros tradicionales de Guatemala, sino más bien a un ritmo festivo y agitado, con fuerte acento percusivo asociado a celebraciones populares y ambiente carnavalesco caracterizado por repetición rítmica insistente y energía colectiva.
Orellana utiliza la palabra guarimbeante para sugerir un proceso musical, que se va contagiando de ese ritmo festivo, hasta culminar en una especie de celebración sonora. Es un concepto más poético que musicológico, algo típico en los títulos de sus obras.
El tema Miguelita de Acatán procede en realidad de la literatura guatemalteca y luego pasó a la música. El origen se encuentra en la novela «Hombres de maíz» (1949) de Miguel Ángel Asturias. En esa obra aparece el personaje Miguelita de Acatán, una costurera indígena que adquiere un carácter casi mítico dentro del imaginario popular.
Acatán alude al municipio San Miguel Acatán en Huehuetenango, Guatemala. El personaje representa una figura popular indígena evocada con un tono poético y nostálgico. El tema musical no es originalmente una canción folklórica, sino que deriva del personaje literario creado por Miguel Ángel Asturias en Hombres de maíz, que Joaquín Orellana convirtió después en motivo musical.
La obra de Orellana configura un paisaje sonoro de las fiestas locales con diversidad de variantes y contrastes entre coros, orquesta y marimba. El coro interviene en una musicalidad dirigida a lo fantástico y al paisaje aéreo donde suena la Miguelita y su maquinita de coser, todo esto le confiere a la obra profundo lirismo y un ámbito poético que al irse transformando desemboca en la guarimba, estilizada por el coro, que se torna un poco triste, como una evocación o recuerdo.
La sinfonía empieza con texturas suspendidas de la orquesta y apariciones fragmentarias del motivo Miguelita de Acatán en un ambiente casi ceremonial, de carácter contemplativo y poético.
El tema interpretado por la cuerda aumentando su carácter festivo, va pasando por las maderas hasta llegar a la trompeta y trombones. En la parte central comienza una parte más poética, cantada por la sección femenina del coro con el siguiente texto:
En las sombras de la noche
Por los cielos de Acatán,
Suena extraña maquinita,
Maquinita de coser
Dicen que es la Miguelita
La que cose sin cesar.
La parte masculina del coro responde a continuación cantando el siguiente texto:
Refleja en lontananza su rumor,
Suena como un llamado de ilusión,
Con su rodar eterno seguirá.
Después de una breve sección orquestal la parte femenina del coro continúa con las palabras siguientes:
Entre nubes para siempre se oirá
Para siempre por los cielos de Acatán
Suena extraña maquinita,
Maquinita de coser
Continúa el coro cantando fonemas indígenas. Posteriormente la marimba empieza a tener protagonismo enlazando con la sección final, el episodio guarimbeante en ritmo festivo secundado por el coro mediante fonemas indígenas y luego cantando con el texto siguiente:
A las doce Miguelita
Cose y cose en Acatán
Cuando cose, Miguelita,
Son las doce en Acatán.
En los sueños
Su fantasma surgirá
Y así,

Continúa el coro cantando fonemas indígenas que nos conducen a la coda.
El término sinfomínima es un neologismo creado por el propio compositor. No es una categoría formal reconocida en la musicología, responde más bien a su forma personal de nombrar las obras. La palabra combina dos ideas, sinfo- aludiendo a sinfonía, es decir, una obra para gran conjunto orquestal y mínima que indica brevedad, condensación o economía de material. Por tanto, sinfomínima significa una sinfonía condensada o reducida, una especie de sinfonía breve concentrada en un solo movimiento.
El subtítulo completo Sinfomínima popular sugiere además otra intención, unir la tradición sinfónica con ritmos populares guatemaltecos, como la guarimba. Así la obra funciona como una síntesis breve de identidad nacional, adecuada para el bicentenario de 2021.
La obra fue concebida como una reflexión musical sobre los dos siglos de historia centroamericana, especialmente de Guatemala. Orellana, conocido por su lenguaje experimental utiliza en esta sinfonía una mezcla de: orquesta sinfónica tradicional instrumentos autóctonos o inspirados en la tradición guatemalteca con algunos de sus instrumentos experimentales.
Otras obras del compositor son «Humanofonía I» (1971), para orquesta y cinta, obra electroacústica testimonial, la cual a través de recursos microfónicos relata la violencia cotidiana que se institucionalizó en Guatemala por el poder militar, retratando el hambre y la miseria de la dictadura.
«Evocación profunda y traslaciones de una marimba» (1984), para marimba, instrumentos especiales, coro mixto, cinco flautas dulces, recitador y cinta.
«La tumba del Gran Lengua» (2001), cantata escénica.
«Historia del niño que se llamaba Espejito con Ojos» (2010), cantata para niños, para orquesta de solistas, instrumentos especiales y coro de niños.
