CARREÑO

Teresa Carreño (1853-1917) nació en Caracas el 22 de diciembre de 1853 y fue una pianista, mezzosoprano y compositora calificada por varios expertos como la principal pianista de América Latina de los siglos XIX y XX, así como una de las pianistas más importantes del mundo.

A pesar de la poca importancia dentro del mundo sinfónico la mencionamos en este capítulo dedicado a Venezuela por su gran relevancia en la música romántica de la nación, especialmente por su obra compositiva para piano..

Teresa Carreño comenzó sus estudios musicales desde muy temprana edad, al lado de su padre. De hecho, a los cinco años practicaba usando más de 500 ejercicios compuestos por su padre y que se paseaban por las dificultades rítmicas y técnicas más importantes. Estos estudios los continuó con el pianista Jules Hohené, Georges Mathias y más tarde, al trasladarse a Nueva York, con el estadounidense Louis Moreau Gottschalk. A los seis años publicó su primera obra, dedicada a su maestro y titulada «Gottschalk Waltz», Vals de Gottschalk, agotada en tres ediciones sucesivas en un solo año.

En 1862 la familia Carreño García debe abandonar Venezuela por la difícil situación política y económica que atravesaba el país. El 1 de agosto de 1862, la familia parte hacia Nueva York dejando a la hija mayor, Emilia Carreño Sena, por entonces de 15 años de edad, para contraer nupcias.

Teresa Carreño realizó su primer concierto en público el 25 de noviembre de 1862 en la sala Irving Hall de Nueva York. La crítica fue muy favorable a la artista, hasta el punto tal que, después de este concierto y hasta fin de año, tuvo cinco presentaciones más, recordándose en especial su actuación exitosa en la Academia de Música de Brooklyn.

En el otoño de 1863, ofreció un concierto privado en la Casa Blanca invitada por el entonces presidente estadounidense Abraham Lincoln. Como Carreño sabía que al Presidente Lincoln le gustaba la música compuesta por su maestro Gottschalk, tocó varias piezas de su autoría.

A los 9 años debuta como solista con la Orquesta Sinfónica de Boston y con la Filarmónica de Londres. A los 13 años, se encuentra con su familia en París, donde conoce a compositores famosos como Rossini, Gounod, y en los siguientes años a Maurice Ravel, Claude Debussy y Vivier. En el salón de Madame Erard tiene la oportunidad de tocar con Franz Liszt, quien queda asombrado con las facultades interpretativas de la niña. Desde esa corta edad realizó giras en Cuba, presentándose en La Habana, Matanzas y Cárdenas. También se presentó en Estados Unidos en las ciudades de Filadelfia, Miami y Baltimore, entre otras.

Con el mismo éxito, debutó en París el 3 de mayo de 1866, y a esta actividad le siguieron varias presentaciones que le permitieron introducirse en el medio musical de la capital francesa. En uno de estos conciertos, conoció al destacado compositor y pianista Johannes Brahms, al compositor italiano Gioacchino Rossini y a la cantante de ópera Adelina Patti. Estos dos últimos la motivan para que curse estudios de canto, debutando posteriormente como mezzosoprano en la ópera Los hugonotes, de Giacomo Meyerbeer.

En 1873, a los 19 años, contrae matrimonio con Emile Sauret, violinista hábil pero persona irresponsable y débil de carácter. El 23 de marzo del año siguiente nace producto de ese matrimonio Emilia Sauret Carreño. Teresa se ve obligada a dejar a su hija al cuidado de la señora Bichoff, una amiga alemana, lo que le permite iniciar su gira con su esposo. Dicha gira resultó un fracaso, y eso, aunado a la pérdida del segundo hijo de Teresa, lleva a la disolución del matrimonio.

Por esos días también falleció su padre, Manuel Antonio Carreño, lo que sumió a Teresa bajo una fuerte crisis económica, que no le permitió cubrir los gastos que implicaba la crianza de su hija. Le explicó esta situación a su «amiga» alemana Bichoff; y esta le propuso adoptar a la niña con la condición de que Teresa no la viese más. La pianista no tuvo otra opción que aceptar la propuesta.

En 1876 Teresa viaja a Boston, presentándose como cantante, y conoce al barítono italiano Giovanni Tagliapietra, integrante de la compañía con la que estaba de gira. Se casan ese mismo año y fundan una empresa de conciertos, la Carreño-Donaldi Operatic Gem Company. De este matrimonio Teresa da a luz a 3 hijos: Lulú (1878), Teresita (1882) y Giovanni (1885), a quienes Teresa dedicó buena parte de su vida y cuya crianza alternó con sus giras y conciertos por Estados Unidos y Canadá.

Su segunda visita a Venezuela se produce en febrero de 1887, atendiendo a requerimientos artísticos del entonces presidente de aquel país Guzmán Blanco. Una visita con la que, por cierto, no se obtuvieron los resultados esperados por el público caraqueño de la época. Este segundo viaje fue enturbiado por el rotundo fracaso de la compañía de ópera que trajo consigo y por el comportamiento un tanto licencioso de su esposo. Dicha compañía estaba compuesta por 49 músicos que viajaron con la artista para interpretar una ópera italiana financiada por el Gobierno Nacional en el Teatro Guzmán Blanco. La noche de la primera función, el director no se presentó y fue cuando Teresa, obligada por las circunstancias, debuta como directora para no suspender la función de la noche de estreno.

En ambos viajes a Venezuela, Teresa tuvo una permanencia de cerca de un año: de modo que, en sus 63 años de agitada vida, solo 10 transcurrieron en su país natal. Sin embargo, conservó hasta el final de su vida su identidad venezolana. También fue venezolana en sus costumbres y gustos domésticos, en muchos rasgos de su temperamento y aún en ciertos toques de su inspiración como compositora, en los que se advierten claras reminiscencias del merengue venezolano característico de su patria.

En 1889 Teresa se separa de Giovanni Tagliapietra y viaja con sus hijos a Alemania. Fue en este lugar donde se consagró como concertista de fama internacional. En 1892 contrae matrimonio con el famoso pianista Eugen d’Albert, de quien tiene dos hijas, Eugenia y Hertha. En 1895 se separa de d’Albert, y en 1902 se casa con Arturo Tagliapietra, hermano de su segundo esposo, Giovanni.

Por muchos años, en efecto, Carreño había planeado regresar a Europa y establecerse como una pianista virtuosa. El 18 de noviembre de 1889, debutó con la Filarmónica de Berlín, dirigida por Gustav F. Kogel en la Singakademie, obteniendo un rutilante éxito. Realiza, a la vez, frecuentes giras como concertista por las principales capitales europeas, donde sus presentaciones son aclamadas por el público y la crítica, siendo bautizada como la «walquiria del piano».

Siguiendo su éxito europeo, Carreño regresa a Estados Unidos en 1897 donde es recibida con inmensa expectativa. Su presentación en el Carnegie Hall de Nueva York, bajo la batuta de Anton Seidl fue unánimente bien recibida. A partir de ese momento comienza a presentarse con frecuencia en Nueva York y en otras ciudades de Estados Unidos, bajo la batuta de algunos de los más importantes directores de orquesta de la época.

En 1917, poco antes de su muerte, prepara una gira por Sudamérica y antes de iniciar el recorrido sale para Cuba, donde, después de un exitoso concierto con la Filarmónica de La Habana, sufre serios quebrantos de salud por lo que su médico le aconseja que cancele su compromiso artístico y retorne a Nueva York. Teresa Carreño fallece el 12 de junio de 1917 en su apartamento de la Residencia Della Robbia, en el 740 de la West End Avenue, en Manhattan.

Entre las piezas más conocidas compuestas por la pianista, se encuentran sus obras para piano, algunas obras para coro y orquesta como el «Himno a Bolívar» (1883 o 1885) o el «Himno a El Ilustre Americano» (1886), dedicada al gobernante venezolano Antonio Guzmán Blanco, conocido por este apodo.

Otras de sus obras para conjuntos orquestales son la «Sérénade pour cordes» (1895)  el «Quartette à cordes pour 2 violons, viole et violoncelle, en si mineur» (1896) y la «Danza venezolana» (1899).