PLAZA


Juan Bautista Plaza (1898-1965) nació en Caracas el 19 de julio de 1898. Fue el mayor de seis hermanos, hijo de Juan Bautista Plaza Larrazábal y Teresa Alfonzo Rivas. Inicia su educación musical en el año 1915 bajo la guía del pianista y compositor Jesús María Suárez. Cinco años más tarde, el Cabildo Metropolitano de Caracas le otorga una beca para que prosiguiera sus estudios musicales en la «Pontificia Escuela Superior de Música Sagrada», en Roma. Tres años después, en 1923, Plaza regresó al país y de inmediato asumió los cargos de organista y maestro de capilla de la Catedral de Caracas.

El 19 de julio de 1920, gracias a la beca otorgada por el Cabildo Metropolitano, Juan Bautista Plaza parte a Roma con motivo de realizar sus estudios profesionales de música. Este viaje lo realizaría a bordo de un barco a vapor que antes de llegar a Italia, hizo una parada en España, país donde tuvo un breve encuentro con musicólogo Felipe Pedrell. Tres meses después de haber partido de Venezuela, el día 25 de octubre llega a Roma e inicia sus estudios en la Pontificia Escuela Superior de Música Sagrada.

Estudió órgano con Raffaele Manari, armonía con Licinio Refice, contrapunto y fuga con Cesare Dobic, polifonía y composición con Raffaele Casimiri. Recibe su Diploma en composición el 15 de julio de 1923 y el día 24 de ese mismo mes, se embarca de nuevo en un barco a vapor con destino a Venezuela.

El Cabildo Metropolitano de la Catedral de Caracas decidió enviar a Juan Bautista Plaza a estudiar en la Pontificia Escuela Superior de Música Sacra, con el objetivo de formar profesionalmente a una persona capaz de administrar la música religiosa que se interpretaba en la Catedral. Además, el Cabildo tenía intenciones de alinear el repertorio y su interpretación con los grandes exponentes europeos que en ese momento empezaban a acatar las propuestas emitidas en el motu proprio Tra le sollecitudini del año 1903, del Papa Pio X.

Tras su regreso a Caracas el 21 de agosto de 1923, Plaza asume las labores de organista, maestro de capilla y maestro de capellanes y niños de coro en la Catedral de Caracas. El acuerdo realizado con el Cabildo en principio se había pactado en cinco años de servicio, no obstante Plaza ocupó estos cargos durante veinticinco años. Durante este periodo, la capilla de música interpretó obras de Plaza y de otros compositores como Vicente Emilio Sojo y Miguel Ángel Calcaño.

Plaza fue el primer músico venezolano en realizar estudios profesionales de órgano, sin embargo, pese a sus repetidos esfuerzos para que la catedral adquiriese un órgano que le permitiera interpretar obras de gran formato fueron en vano. Debido a esto, su labor como organista se limitó a hacer uso del órgano Cavaillé-Coll, destinado al acompañamiento litúrgico. En ocasiones puntuales tuvo la oportunidad de ofrecer pequeños recitales en la inauguración de algunos órganos en el país.

El 31 de enero de 1924 Plaza asume la cátedra de armonía y composición de la escuela de música que actualmente lleva el nombre de Escuela de Música José Ángel Lamas, el año 1931 inaugura una nueva clase en dicha escuela con el nombre de «Historia General de la Música». Siendo así, la primera asignatura formal sobre historia de la música del país. En el año 1947 crea también la asignatura de Estética.

Debido a que nunca antes se había dado este tipo de enseñanza a nivel académico, lógicamente era difícil hallar libros apropiados para este propósito, por lo que Plaza se tomó la tarea de redactar una serie de textos llamados Tesis por el propio autor, que se enfocaban en diversos tópicos relacionados, con el objetivo de cubrir las necesidades de la escuela. En 1991, Nolita de Plaza recopiló y revisó treinta y cinco de estas Tesis, y las publicó en formato de libro bajo el nombre de Historia de la Música.

En 1945, estando en el cargo de Director de Cultura del Ministerio de Educación de Venezuela, fundó la Escuela Preparatoria de Música, actualmente lleva el nombre de Escuela de Música Juan Manuel Olivares; se trató de la primera institución musical académica del país destinada a la formación musical infantil, con el objetivo de servir como nivel propedéutico para luego acceder a estudios de tipo superior.

El año 1935 se hace el descubrimiento de una gran cantidad de manuscritos musicales de la colonia. Este acontecimiento sucede en manos del violinista Ascanio Negretti, en los sótanos de la Escuela de Música y Declamación. Inmediatamente, Vicente Emilio Sojo y Juan Bautista Plaza se interesaron por el material y el 12 de agosto del año siguiente, consiguen que el ministro de Educación le comisione a Plaza el proceso de ordenar, copiar y conservar el archivo de música colonial. Plaza contó además con la colaboración de los entonces estudiantes Antonio Estévez y Víctor Guillermo Ramos.

En enero de 1939, Plaza, con la ayuda de Francisco Curt Lange (musicólogo alemán). Acordaron realizar una edición conjunta de doce de las obras más emblemáticas. Por su parte, el gobierno de Venezuela costeó la edición, mientras que el Instituto Interamericano de Musicología de Montevideo se encargó del proceso de impresión de las obras en Uruguay. Finalmente en 1943, se editaron los doce cuadernos que conforman la colección Archivo de Música Colonial Venezolana.

Su trabajo como divulgador, contó con el apoyo de José Antonio Calcaño, ambos dedicaron una buena parte de su labor musicológica a través de lecturas públicas y la prensa; dedicadas a la educación general musical de la sociedad venezolana además. Especialmente Plaza, llegó a tener su propio programa radiofónico en el que hizo 55 charlas semanales con el título Lecciones populares sobre música.

La obra musical de Plaza se compone por más de 300 títulos. Pese a que la formación como compositor de Plaza está profundamente influenciada por el Cecilianismo, rápidamente el autor toma las riendas del movimiento nacionalista, del cual destacan dos de sus obras más conocidas: la Fuga criolla, de 1931 y la Sonatina venezolana para piano de 1934.

Demostró su gran capacidad para escribir obras sinfónicas con gran aceptación por parte del público en obras como Vigilia, de 1928, Campanas de Pascua, de 1930 El Picacho Abrupto escrito en 1926, o el poema sinfónico-coral Las Horas (1930). Por otra parte su obra religiosa goza de un carácter muy refinado y enjundioso en la que destaca su Misa de Réquiem, de 1933.

Su último período creativo parece divagar por diferentes vertientes estéticas. Plaza opta por implementar una estética más vanguardista que no resultó comprendida por el público venezolano de la época. De este periodo destaca el Díptico espiritual (1952-1954) en su versión para dos pianos o para cuarteto con piano, la Sonata a dos pianos (1954-1955), el Movimiento de Sonata (1952) para piano, o la Elegía para orquesta de cuerdas y 3 timbales (1953).

Posiblemente por considerarlas piezas de juventud o de estudio, Plaza excluyó de su catálogo todas las obras fechadas antes y durante su viaje de estudio en Roma (1920-23). A este último período pertenece el vals «Teresitas» (1921) cuyo plural se debe a que fue dedicado tanto a su madre como a su hermana, ambas llamadas Teresa, para el día de su santo.

A este último período pertenece «Gino, l’enfant terrible», (1922), la tercera de las cinco piezas que conforman la suite Alma de niños. La primera de las piezas de esta suite es bastante tradicional, sin embargo las obras cuatro muestran un desarrollo más cromático y moderno.

A partir de 1926, Plaza incrementó su producción pianística, escribiendo bellas páginas como el «Minué melancólico» (1926), la «Romanza en fa» (1926), el «Preludio» (1927) y el «Estudio» (1927). Aunque son de concepción bastante tradicional, no dejan de tener interés. De carácter festivo, alegre y fresco, estas son las primeras obras pianísticas que el compositor incorporó en su catálogo.

También figuran en esa época tres piezas: Reverie, Meditando y Follaje (1926), cada una de las cuales fue compuesta «sobre un tema dado por L.E.B.». Aunque en la actualidad desconocemos la identificación de estas iniciales, el hecho que una sola persona haya facilitado los temas de estas tres obras nos ha dado pie para agruparlas aquí en forma de pequeña suite.

«El pichaco abrupto» (1926). Poema Sinfónico. Es la primera obra sinfónica del compositor. Titulada originalmente «El picacho abrupto, impresión de una excursión a Galipán», la obra fue compuesta en 1926, aunque su orquestación fue concluida en octubre de 1932. Poco después, el 7 de noviembre, la Orquesta Sinfónica Venezuela realizó el estreno. Desde joven, Plaza mostró un particular amor por la naturaleza, por la montaña, y muy especialmente por el Ávila, la cordillera que bordea el norte de Caracas, donde solía pasear por la subida a Galipán. En «El picacho abrupto», Plaza recreó las vivencias de estos paseos. En la obra se pueden sentir los incidentes de la subida, el esfuerzo y la fatiga, la llegada a la cima y el inmenso placer de la conquista. Tras el deleite visual, el disfruta de la frescura, del aire puro, del contacto con la naturaleza y la tranquilidad reinante, se emprende el descenso.

«Vigilia» es un poema sinfónico terminado el 22 de marzo de 1928, cuyo título original es «Poema lírico sobre el soneto Vigilia de Juan Ramón Jiménez». Lo compuso un mes después de conocer y enamorarse de Nolita Pietersz, su futura esposa y compañera de toda la vida. Posiblemente es la obra sinfónica de Plaza que mejor expresa sentimientos encontrados o contradictorios relacionados con el amor. Con sus momentos deslumbrantes y magníficos, es una obra sobrecogedora que invita a dejarse envolver por la maravilla de su música. Fue estrenada por la Orquesta Sinfónica Venezuela en el Teatro Municipal de Caracas el 4 de octubre de 1938.

«Campanas de Pascua» (1930). creó su poema sinfónico en 1930, un año particularmente feliz para él. El 28 de abril se había casado con Nolita Pietersz y poco después se crearon la Orquesta Sinfónica Venezuela y el Orfeón Lamas, dos instituciones fundamentales para el desarrollo musical caraqueño del siglo XX. Toda la alegría y felicidad que rodeó a Plaza quedó claramente reflejada en el espíritu festivo de «Campanas de Pascua». Se escuchan los alegres toques de viejos campanarios caraqueños en euforia navideña, con una riqueza rítmica en la que se reconocen las figuras básicas de nuestro aguinaldo. Así el compositor plasmó el sentir venezolano en esta obra. Compuesta en 1930, su rica, colorida y nutrida orquestación quedó concluida el 7 de junio de 1938 y el estreno tuvo lugar el 4 de octubre del mismo año, a cargo de la Orquesta Sinfónica Venezuela.

«Las horas» (1930). A pesar de la tiranía y opresión que ejercía en Venezuela la dictadura del General Juan Vicente Gómez, en 1930 los intelectuales y artistas de la época no dejaron pasar inadvertido la conmemoración del Centenario de la Muerte del Libertador Simón Bolívar. Para esta ocasión, el compositor venezolano Juan Bautista Plaza (1898-1965) compuso dos obras: el «Canto a Bolívar» y el poema lírico «Las Horas», para coro y orquesta. Sobre un texto poético de Fernando Paz Castillo, «Las Horas» fue estrenada el 21 de diciembre de 1930, en el Teatro Nacional, de Caracas. La audición impactó a los asistentes, en especial al Maestro Vicente Emilio Sojo, quién expresó: «debe ser considerada como una de las obras artísticas mejor realizadas por un músico venezolano. Toda ella está llena de significación, y el místico sentimiento que la anima no la dejará perecer».

«Fuga criolla» para orquesta de cuerdas compuesta en 1931. De gran viveza y gracia, el tema de la Fuga Criolla se inspira principalmente en el joropo venezolano, convirtiéndose en uno de los ejemplares más claros y representativos del nacionalismo musical venezolano.

«Fuga romántica» compuesta en 1950 para orquesta de cuerdas. Arreglada posteriormente para piano a 4 manos.

La Sonatina Venezolana, los Cuatro ritmos de danza y el Contrapunto Tuyero son los máximos exponentes de la obra pianística de Plaza que en su madurez tuvo como pensamiento estético el nacionalismo. En ellas el autor hizo gala de su más sublime empleo del elemento folklórico como fuente de inspiración, pero lejos de citar directamente el ritmo, la melodía o la forma de algún género popular en particular, el compositor creó sus propias melodías en las cuales sugirió el sentir de la música vernácula venezolana.

La «Sonatina Venezolana» (1934) es sin duda una de las obras para piano más importantes de Plaza y se ha consolidado como un hito de la literatura pianística venezolana del siglo XX. A raíz de la primera visita a nuestro país del pianista chileno Claudio Arrau, Plaza compuso rápidamente esta obra y se la entregó al célebre artista, quién cuatro días después, el 29 de abril de 1934, la estrenó de memoria en su concierto en el Teatro Nacional. Inmediatamente la obra fue plenamente acogida tanto por el público y la crítica como por los músicos. El concepto nacionalista expresado en esta obra y el tratamiento que el compositor realizó de la materia prima popular y folklórica de donde se inspiró, realmente cautivó y convenció a sus colegas.

La breve suite «Cuatro Ritmos de Danza» data de 1952, una época en la cual el compositor se adentró en estéticas y texturas armónicas más complejas y contemporáneas.

De movimiento allegro, la Danza N° 1 hace uso de la hemiola en su ritmo vivo y alegre, insinuando registros y ritmos de la quirpa aragüeña.

La Danza N° 2 contrasta con la anterior con su tempo lento y calmado. La obra gira en torno a una única célula rítmica a cargo de la mano izquierda que se combina con una idea melódica serena y apacible que se presenta reiteradamente generando un ambiente melancólico.

Nuevamente se crea un contraste cuando aparece la Danza N° 3 con una característica escala dórica griega y una estructura rítmica viva, ágil y hasta juguetona.

La última pieza, la Danza N° 4, se presenta de manera más elaborada y extensa que sus predecesoras. De carácter vivo y rítmico, este Allegro desarrolla ciertos pasajes de manera contrapuntística e imitativa. Al parecer esta suite fue estrenada en 1952 por Lía de Barberiis.

«Sonata para dos pianos» (1954-1955). En 1954, encontrándose en Roma, Plaza inició la composición de su Sonata para dos pianos, la única pieza que compuso expresamente para dos teclados. La obra fue estrenada el 1° de mayo de 1955, por Eva Mondolfi y Gerty Hass.

En 1959 se casaron Susana y Beatriz, las dos hijas de Plaza. Para esa ocasión el compositor escribió varias  obras para ser interpretadas durante las ceremonias. Además de un Ave María y dos motetes, compuso una «Marcha Nupcial» para orquesta que se interpretó en ambas bodas y que luego fue transcrita para dos pianos.

Juan Bautista Plaza Alfonso (Caracas, 19 de julio de 1898–Caracas, 1 de enero de 1965) fue un compositor, musicólogo y educador venezolano, fundador de las primeras cátedras musicológicas de carácter formal Venezuela. Además, se le considera una figura clave de la musicología venezolana gracias a su labor en la recuperación de la música tradicional.

Himno Nacional de Venezuela (1947). Orquestación oficial, en uso actualmente.

Te Deum (1947). Himno a 3 voces oscuras y orquesta.

Ave María (1959). Motete a 3 voces oscuras y cuerdas. Compuesta para la boda de Susana Plaza, hija del compositor.

Regina coeli laetare (1959). A 3 voces oscuras y orquesta. Compuesta para la boda de Beatriz Plaza.

Salve Regina (1959). A 3 voces oscuras y orquesta. Para la boda de Beatriz Plaza. Coro a Capella Sex Motetta in Honorem S.S. Sacramenti (Roma, 1921). Motetes a 4 voces

El Curruchá (1928) Pasillo para tenor solista y 3 voces oscuras. Poesía de Vicente Emilio Sojo.

Zarzuelas

Zapatero a tus zapatos (1916). Texto de A. Redescal Uzcátegui C. Estrenada en Caracas el 25 de marzo de 1916.   La Liberal (1919). Texto de A. Redescal Uzcátegui C.

Misa breve (1924). En mi menor, a 2 voces oscuras, orquesta y órgano. Misa de Réquiem (1933). A 3 y 4 voces oscuras y orquesta. «En memoria de mi madre» (Teresa Alfonzo de Plaza).   Misa litúrgica de la Esperanza (1962). A 2 voces oscuras y órgano.