Daniel Alomía Robles (1871-1942) fue uno de los compositores, musicólogos y recopiladores más importantes de la historia musical del Perú, figura clave en la valoración y sistematización de la música andina dentro del ámbito académico y de la creación musical culta. Su labor pionera sentó las bases del nacionalismo musical peruano y contribuyó decisivamente a la proyección internacional del folclore andino.
Nació en Huánuco[1] el 3 de enero de 1871. Su padre era un inmigrante de origen francés y su madre peruana. Al cumplir 13 años su madre lo envió a Lima, a casa de su tío, Antonio Robles. Estudió la escuela secundaria en el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe. Por sugerencia de su tío y benefactor, se inició en el dibujo, la pintura y la escultura, artes que más tarde abandonaría para dedicarse a la música y el canto, cuya vocación le era innata.
Desde muy joven mostró interés por la música y las tradiciones populares de los Andes, inquietud que marcaría toda su trayectoria. Inició estudios musicales formales en Lima, donde entró en contacto con los círculos culturales e intelectuales de finales del siglo XIX, caracterizados por el debate entre el cosmopolitismo y la búsqueda de una identidad nacional.
Paralelamente a su formación académica, Alomía Robles emprendió extensos viajes por diversas regiones del Perú, especialmente la sierra central y sur, con el propósito de recopilar melodías, ritmos y cantos tradicionales de origen indígena y mestizo. Esta tarea, realizada con rigor y espíritu científico, lo convierte en uno de los primeros etnomusicólogos peruanos, en una época en la que la música indígena era frecuentemente marginada o considerada de menor valor artístico.
Su obra más célebre es, sin duda, «El cóndor pasa» zarzuela compuesta en 1913 que integra melodías andinas en una estructura teatral de raíz europea. El interludio instrumental de esta obra, pasacalle y cachua[2], alcanzó fama mundial y se convirtió en una de las piezas más difundidas de la música peruana, llegando a ser considerada un símbolo sonoro del país. A lo largo del tiempo, esta melodía ha sido objeto de innumerables arreglos, versiones y adaptaciones, tanto en el ámbito popular como en el académico.
Esta zarzuela está escrita en prosa y consta de un acto y dos cuadros. El Colectivo Cultural Centenario El Cóndor Pasa, en julio del 2013, reeditó el libreto original el cual estuvo perdido mucho tiempo, acompañado de un CD donde se encuentran grabados los diálogos y las siete partes musicales. La obra fue reestrenada los días 14, 15 y 16 de noviembre de 2013, en el Teatro UNI de Lima, celebrando su primer centenario. La música fue reconstruida a partir de la partitura original escrita por el autor.
La acción tiene lugar en el asentamiento minero Yapac, Cerro de Pasco, en los albores del siglo XX Aún no amanece y los mineros se dirigen a sus labores, algunos se rezagan al oír la quena del pastor, lo ven perderse entre las nubes que rodean las cumbres y envidian su libertad.
Frank es un joven que no acepta los abusos a los que los que él y sus compañeros son sometido por parte de los dueños de la mina, algo me dice que la vida no es as,” sin embargo otros mineros lo tildan de ingrato y traidor, Frank es criado como hijo de Higinio, minero que quedo lisiado en los primeros trabajos en la mina, pero en realidad es el producto de las relaciones adulteras de María, esposa de Higinio, y Mr. Mac King, dueño de la mina.
Mac King conoce de la actitud rebelde de Frank y cómo alborota a sus compañeros, decide darle un brutal escarmiento delante de todos, María ruega por su hijo, la pasión que existe entre ambos termina por convencerlo.
Dos jóvenes campesinos pronto se casarán y los mineros deciden despedirlos con un baile. Durante la celebración el cielo se oscurece, pronto empezará una tormenta y los jóvenes no podrán llegar al pueblo para su matrimonio. Todos ruegan a la virgen y milagrosamente el sol vuelve a brillar, novios y amigos parten danzando rumbo al pueblo excepto los mineros que no pueden dejar el trabajo.
En la baile Mac King ha bebido demasiado y ha maltratado cruelmente a Higinio. Cuando se retira de la fiesta Higino lo sigue y al llegar a una quebrada hace rodar una enorme roca sobre Mac King que muere aplastado.
Un pastor ha sido testigo del crimen y lo cuenta a los otros mineros. Higinio lo admite todo, María llora desconsolada por la muerte de su amante, los mineros asustados por las represalias, temen por sus vidas. El otro dueño de la mina Mr. Cup, llega revolver en mano buscando al asesino, Frank se le enfrenta y le da muerte.
Ante estos hechos todos se llenan de horror, pero la aparición de un cóndor, el primero después de muchos años, es visto como el presagio de una nueva vida de libertad y les llena de esperanza. Terminan cantando “todos somos cóndores”
Además de El cóndor pasa, Alomía Robles compuso numerosas obras vocales e instrumentales inspiradas en temas andinos, así como música escénica y piezas de carácter pedagógico. Su catálogo, aunque no siempre sistematizado, refleja una constante preocupación por integrar el lenguaje musical europeo con los modos, escalas y ritmos tradicionales del mundo andino, sin caer en el simple folclorismo decorativo.
A partir de la década de 1910, Alomía residió durante largos períodos en Estados Unidos, donde continuó su labor de difusión de la música peruana y latinoamericana. Allí defendió activamente la autoría de El cóndor pasa y promovió el reconocimiento del patrimonio musical andino en contextos internacionales.
Aparte de esta obra, cabe mencionar entre sus obras la ópera «Illa Cori o La Conquista de Quito por Huayna Cápac», la zarzuela «Alcedo», de la que sólo queda la Sereneta, 88 canciones para voz y piano, destacando aquellas basadas en poemas de Manuel González Prada, una «Misa de gloria» compuesta en 1909, los poemas sinfónicos «El indio», «El amanecer andino», y «El surgimiento de los Andes» y numerosas piezas para piano que incluyen «Las Acllas en el Coricancha», «En el Caribe», varios valses, marineras, y foxes. Todas con el característico sabor andino que caracteriza a Robles.
Daniel Alomía Robles falleció el 17 de julio de 1942 en Lima. Su legado trasciende su producción compositiva siendo recordado como un intelectual comprometido con la reivindicación cultural de los pueblos andinos, cuya obra influyó decisivamente en generaciones posteriores de compositores nacionalistas peruanos y latinoamericanos. Hoy se le reconoce no solo como creador, sino como uno de los grandes arquitectos de la conciencia musical nacional del Perú.
[1] Huánuco es una ciudad peruana, capital del distrito, la provincia y el departamento homónimos en el centro norte del país. La ciudad tiene una población de 335 530 h. según proyecciones del INEI para 2024.
[2] La cachua (o cashua) es principalmente una danza tradicional colectiva de origen andino (Perú, Bolivia, Ecuador) de corte prehispánico, a menudo en círculo, con pasos suaves y zapateos, que se baila durante cosechas y festividades, simbolizando a veces el enamoramiento.
