HOLZMANN

Rodolfo Holzmann (1910-1992) nació el 27 de noviembre de 1910 en Breslau, Polonia, pero en aquella época perteneciente a Alemania. Actualmente llamada Wroclaw está situada en el suroeste de Polonia a orillas del Oder.

Inició sus estudios de violín en su ciudad natal. Estudió además piano, teoría musical y medicina. Luego estudió composición en Berlín con Vladimir Vogel, piano con Winfried Wolf y dirección orquestal con Robert Robitschek. Más tarde siguió un curso de dirección con Hermann Scherchen en Bruselas.

En Alemania, entró en contacto directo con las corrientes musicales de vanguardia de la primera mitad del siglo XX. Su experiencia europea fue decisiva para su evolución estética, pues le permitió conocer de primera mano el expresionismo musical, el atonalismo y el método dodecafónico, lenguajes prácticamente desconocidos en el medio peruano de entonces.

Durante este periodo asimiló los principios de la música centroeuropea moderna, sin limitarse a una adhesión dogmática al serialismo, desarrollando un lenguaje personal caracterizado por el rigor estructural, la claridad formal y una expresividad contenida.

Como compositor podemos dividir su obra en tres etapas. La primera etapa se desarrolla en Europa. Al llegar al Perú en 1938, ya tenía en su poder una amplia producción musical escrita en Europa entre los años 1926 y 1937, influenciada en parte por el jazz norteamericano, entonces muy en boga, y por las tendencias neoclásicas enunciadas por el genial maestro y compositor Ferruccio Bussoni, de quien fue destacado alumno en la Academia Superior de Música de Berlín, su profesor de composición Vladimir Voguel.

El tercer factor formativo se debió a la influencia del compositor alemán Paul Hindemith, cuyo sabio empleo de la técnica contrapuntística le impresionó muchísimo y, finalmente, a ella se unió la magia de la enorme vitalidad rítmica de Igor Stravinsky, entonces en la cumbre de su fama, y de cuya influencia ningún joven compositor pudo sustraerse.

Durante su estancia en Europa, creó obras como «Due Movimenti», la «Suite a tre temi», que fue incluida en el 12.º Festival de la Sociedad International de Música Contemporánea de 1934 en Florencia, y el «Septeto para corno, flauta, clarinete, fagot, violín, viola y chelo». Recibió en 1936 el premio Henry Boauf de la Sociedad Filarmónica de Bruselas.

En 1938 se trasladó a Perú, huyendo del ascenso del nazismo en Europa. Desde su llegada, Holzmann se integró profundamente en la vida cultural peruana. Fue profesor de oboe, y posteriormente profesor de composición en la Academia Nacional de Música Alcedo, después llamado Conservatorio Nacional de Música. A final de 1938 se fundó la Orquesta Sinfónica Nacional, a la cual se incorporó como violinista. En 1945 se convirtió en su director adjunto.

La segunda etapa formativa y de producción se inicia en los primeros años de su residencia en Lima. Provisto del bagaje técnico traído al Perú, encontró en el mismo año de su llegada, un poderoso incentivo para seguir creando en la constitución de la Orquesta Sinfónica Nacional. Su estilo comenzó a cambiar poco a poco y en lugar de la característica abstracción de las obras juveniles, se introdujo en las nuevas el importante factor de la emoción humana que hace posible que se transmita al oyente un mensaje que contribuye a dar valor auténtico a la obra musical.

Rodolfo Holzmann orquesto parte de las estampas o fragmentos del ballet «Suray Surita» compuesto por Theodoro Valcárcel, en forma de una Suite Orquestal, que comprende los siguientes movimientos, Los Balseros, Ayarache, Cortejo nupcial, Ritual de los jóvenes honderos y La puna nevada,

El nombre proviene del idioma quechua. No existe una traducción literal única y cerrada, pero el consenso etnomusicológico coincide en que “Suray” se asocia al verbo suray sura- sembrar, esparcir, hacer brotar. “Surita” es un diminutivo afectivo, frecuente en cantos y danzas andinas. Suray Surita puede interpretarse como “Siembra, siembrita”, “Pequeña siembra ritual”. No describe una acción agrícola literal, sino una acción simbólica y ritual, ligada al ciclo de la tierra, la fertilidad y la comunidad.

Existe una canción o danza tradicional andina con ese nombre. Valcárcel la estiliza para el piano y Holzmann la reinterpreta como ballet sinfónico moderno. Está documentada en el sur del Perú, especialmente en el área Arequipa – Puno – Cusco. Se trata de un canto-danza ceremonial, de carácter colectivo, repetitivo, rítmico, vinculado a ritos agrícolas o comunitarios.

El ballet Suray Surita original publicado para piano en 1939, incluía muchas más piezas (por ejemplo 12 estampas como Bailan los llameros, Danza imperial, Canto de cosecha, Las tejedoras, etc. pero no todas fueron necesariamente orquestadas o incluidas en las suites que Holzmann preparó para orquesta.

La Suite Nº 1 del ballet Suray Surita orquestada por Holzmann fue estrenada en octubre de 1939 por la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú, bajo la dirección de Theo Buchwald, marcando uno de los primeros encargos de este tipo para la recién fundada orquesta. En 1940 se orquestó una Suite Nº 2 del ballet. que fue también interpretada por la Orquesta Sinfónica Nacional.

La obra de Valcárcel se inscribe en su nacionalismo indigenista, con ritmos de danza andina, perfiles melódicos modales,carácter ritual y evocador, escritura pianística muy rítmica y percutiva. El título alude a un canto o danza ceremonial, más simbólico que narrativo.

Rodolfo Holzmann realizó una orquestación amplia y elaborada de Suray Surita, concebida para uso escénico (ballet). No se trata de una simple traslación instrumental. Holzmann recompone el material, redistribuye estructuras, amplía secciones, refuerza el carácter coreográfico. Puede hablarse con propiedad de una orquestación creativa o recreación sinfónica.

En Suray Surita se aprecian rasgos distintivos del estilo de Holzmann, adaptados al lenguaje escénico. Texturas claras, pensadas para el movimiento corporal. Importancia del ritmo como motor dramático. Uso frecuente de células breves repetitivas, patrones ostinati, contrastes súbitos de dinámica y carácter. Lenguaje armónico libre, que oscila entre la atonalidad y centros de atracción sonora más estables, según la necesidad dramática. 

Suray Surita es especialmente relevante porque muestra a un Holzmann menos radicalmente abstracto, pero no concesivo. Demuestra su capacidad para escribir música dramática y corporal, no solo intelectual. Amplía el campo del ballet moderno en el Perú, un género poco cultivado en el país durante el siglo XX. La obra confirma que Holzmann no fue un compositor aislado de la realidad cultural peruana, sino un creador capaz de reinterpretar lo andino desde una óptica moderna y universal.

Desde su llegada a Perú, Holzmann se interesó especialmente por la música del país. En 1942 confeccionó la lista de las obras del compositor Theodoro Valcárcel publicada en el año 1943, siendo seguida por los catálogos de Daniel Alomía Robles, Alfonso de Silva y Vicente Stea.

La «Pequeña Suite (No. 4) para piano» 1941/42 fue la primera composición de Holzmann que fue publicada en 1944, por el Inst. Inter. de Música; Montevideo. Pertenece esta obra a la segunda etapa formativa y de producción que inició en los primeros años de su residencia en Lima. Bajo la influencia de la música tradicional peruana, confeccionó esta suite en la que aglutinó elementos folklóricos de la sierra, la selva y la costa del país.

La oportunidad de componer la música de escena para la conmovedora tragicomedia Dulcinea, del literato francés Gastón Baty, y cuya magnífica escenificación en 1942, era el mérito de la Asociación de Artistas Aficionados, dio como resultado un año más tarde a la partitura de los «Cinco fragmentos sinfónicos de Dulcinea», estrenada en 1944, el año en que obtiene la nacionalidad peruana. Las «Cantigas de la Edad de Oro», de 1944 es una suite de composiciones de autores españoles del siglo XVI.

La «Suite arequipeña para orquesta» fue compuesta en 1946, estimulado por los amigos arequipeños y fuertemente sacudido por esta música, mezcla tan curiosa de gracia y de pasión, me puse a escribir en dos semanas la Suite Arequipeña para orquesta. Así se refirió Rodolfo Holzmann a su obra, estrenada en 1946 en el día del aniversario de Arequipa por la Asociación Orquestal de dicha ciudad dirigida por Alexander Koseleff.

La música a la que se refiere Holzmann es el yaraví, un género tradicional peruano habitualmente interpretado por dúos vocales acompañados por la guitarra. Precisamente el movimiento central de la Suite Arequipeña, titulado «Yaraví», tiene como tema principal uno, titulado Picando la flor. De esta melodía Holzmann extrae un motivo generador presente en la Suite de cinco movimientos, constituyéndose en el germen musical por el cual las distintivas características armónicas del yaraví son elaboradas conduciendo a la exploración de modernas sonoridades.

                                                    El volcán Misti

El movimiento «El Misti» de la Suite Arequipeña representa la majestuosidad, protección y la identidad cultural del volcán Misti, un emblema de Arequipa, simbolizando su papel como guardián espiritual de la ciudad, capturando su fuerza volcánica y su conexión ancestral con el pueblo. 

Rodolfo Holzmann se casó con la soprano y pedagoga peruana Carmen Nano en 1947. Carmen Nano fue una colaboradora fundamental en su carrera, compartiendo no solo su vida personal sino también su dedicación a la enseñanza musical y la difusión de la cultura en el Perú. Juntos se trasladaron a la ciudad de Huánuco en la década de 1970, donde ambos desempeñaron un papel crucial en el desarrollo de la actual Universidad Nacional de Música Daniel Alomía Robles.

El «Concierto para la Ciudad Blanca», compuesto en 1949 para un concurso convocado por la Asociación Orquestal de Arequipa, fue estrenado por la Orquesta Sinfónica Nacional, bajo su dirección, el 10 de agosto de 1949 en el Teatro Municipal de Lima, con Gregorio Caro como solista en el piano. Música de influencia folclórica peruana.

Rodolfo Holzmann realizó estudios en los Estados Unidos entre 1957 y 1958. Obtuvo esta oportunidad tras ser galardonado en 1957 con el Premio a la Composición «4 de Julio», el cual consistía en una beca para realizar una estancia de estudios por un año en dicho país. A su regreso al Perú, se reincorporó a la actividad académica y cultural, trabajando en instituciones como la Casa de la Cultura del Perú y la Escuela Nacional de Música y Danzas Folclóricas.

En 1973 se radicó en Huánuco, donde dirigió la Escuela Regional de Música «Daniel Alomía Robles», transformando sus planes de estudio y elevando su nivel académico. Realizó estudios exhaustivos sobre la música tradicional y el acervo vernáculo peruano. Publicó obras clave como De la trifonía a la heptafonía en la música tradicional peruana e investigaciones sobre el origen de El cóndor pasa y una orquestación de la misma.

En su tercera etapa compositiva Holzmann incorpora la música dodecafónica. Aunque posteriormente recurrió todavía a la creación de obras basadas en la música tradicional, como en el caso de la Sinfonía Huánuco de 1974, y la Sinfonía del Tercer Mundo, de 1979, que obtuvo el segundo premio en un concurso convocado por el Patronato Popular y Porvenir Pro Música Clásica, la tercera etapa formativa se orienta finalmente hacia las incorporaciones de su estilo musical de las características del sistema dodecafónico y su derivado el serial, pero sin sacrificar el ya establecido lenguaje propio.

De esta forma llegó a una síntesis de estilo que es la característica de sus últimas creaciones, en especial las sinfonías a las que el propio Holzmann se refería como las más importantes. La «Dodedicata» compuesta en 1972 fue considerada como la obra más significativa en este sentido, nombre que constituye una unión de los términos de “dodecafonía”, “dedicatoria” y “toccata”,siendo dedicada a los hombres de buena voluntad.

La «Sinfonía Huánuco» compuesta en 1974, se estrenó el 15 de agosto de 1975,  interpretada por la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú, dirigida por Leopoldo La Rosa. Ocupa un lugar singular dentro de la producción orquestal de Rodolfo Holzmann y en general, dentro de la historia de la sinfonía peruana del siglo XX. A diferencia de otras obras del compositor asociadas a lenguajes claramente atonales o seriales, esta sinfonía revela una síntesis personal entre modernidad técnica y referencias culturales regionales, sin caer en el nacionalismo folclorista convencional.

La sinfonía lleva el nombre de Huánuco porque es un homenaje a la ciudad y a la región peruana donde el compositor se estableció y desarrolló gran parte de su labor musical en los últimos años de su vida. Huánuco es una ciudad peruana, capital del distrito, la provincia y el departamento homónimos en el centro norte del país.

Holzmann se sintió profundamente atraído por la cultura y el acervo folklórico peruano desde su llegada al país. Al retirarse a vivir en Huánuco, se sumergió en su identidad cultural y musical. Incorporó elementos rítmicos y melódicos del folklore huanuqueño en la estructura de la sinfonía, reflejando el ambiente y las festividades locales en sus movimientos, especialmente en «Rítmico» y «Feria». La sinfonía se enmarca dentro de la «vena peruanista» de su trabajo, donde buscaba integrar la música tradicional peruana con técnicas de composición académica.

El compositor pasó sus últimos años en un tranquilo y fértil retiro huanuqueño, lo que influyó directamente en su producción creativa de esa época. La obra fue estrenada en la propia ciudad de Huánuco, lo que subraya aún más el vínculo del compositor con la localidad

Es una obra que amalgama la formación académica europea del compositor con la riqueza del folklore local de la región donde vivió sus últimos años. La sinfonía se articula en varios movimientos contrastantes, concebidos como un arco expresivo unitario más que como una sucesión de formas clásicas cerradas. Holzmann privilegia el desarrollo motívico continuo y la tensión estructural antes que la melodía expansiva.

El primer movimiento, Homenaje, de carácter moderado, enérgico, establece el tono solemne de la obra. Funciona como una introducción lírica y majestuosa dedicada a la ciudad de Huánuco. Utiliza un lenguaje neoclásico con matices impresionistas para evocar el paisaje huanuqueño, integrando melodías de nítida ascendencia andina. 

Cumple una función expositiva y estructural, estableciendo los elementos fundamentales del discurso musical. El material temático se basa en células motívicas breves, generalmente interválicas, de contorno anguloso. No hay un tema cantabile en sentido tradicional, sino ideas germinales que se transforman constantemente. Predominio de intervalos tensos, típicos del lenguaje atonal de Holzmann.

El flujo es continuo, sin divisiones claras entre exposición y desarrollo. Uso frecuente de imitaciones parciales, superposición de motivos y desplazamientos rítmicos. El discurso avanza por acumulación de tensión, más que por contraste temático clásico.

Importante protagonismo de los vientos, que presentan y fragmentan el material inicial. Las cuerdas actúan como soporte rítmico y textural más que melódico. El movimiento establece un clima de austeridad y concentración intelectual. La función del movimiento es
plantear el universo sonoro de la obra y afirmar su carácter moderno y abstracto.

El segundo movimiento, rítmico, contrasta con el primero por su énfasis en el pulso y la métrica. Se centra en la exploración de las células rítmicas del folklore regional. Holzmann emplea aquí su destreza técnica para deconstruir ritmos tradicionales y presentarlos en un contexto orquestal complejo, manteniendo la vitalidad del elemento popular. Un movimiento de corta duración que aporta un respiro lúdico y dinámico. 

Es un movimiento ágil y en ocasiones humorístico. Combina la ligereza del scherzo tradicional con juegos contrapuntísticos que reflejan el «júbilo» del campesino andino, una temática recurrente en su etapa peruanista.

             Mujeres trabajadoras del campo cantando                                                              el Harawi de la siembra

El tercer movimiento, Harawi, siguiendo la estructura clásica de la sinfonía, consiste en el movimiento lento de la obra. Sus temas poseen un carácter lírico melódico y contemplativo, con referencias claras al folclore andino. Es importante señalar que en algunas referencias se invierten los nombres de los movimientos dando el nombre de scherzo al tercero en vez del segundo que le correspondería.

Harawi o jarawi es un canto lírico ancestral quechua, generalmente lento y melódico, que expresa sentimientos íntimos: amor, añoranza, tristeza, despedida, contemplación. Tiene un carácter poético y meditativo, casi elegíaco. Tradicionalmente se canta sin danza o con movimiento mínimo. Tempo lento o muy flexible Línea melódica expresiva, a menudo modal Clima introspectivo y recogido En la música académica andina el Harawi suele designar un movimiento lento, de alta carga lírica y emocional.

El cuarto movimiento, Feria, llamado también Huayno, es el clímax de la sinfonía, diseñado para ser vibrante y expansivo. Evoca el bullicio y la energía de las festividades y mercados populares, la feria. Es una estampa musical de fiesta pueblerina donde la orquesta completa, con especial tratamiento de la percusión, despliega un colorido sonoro que celebra la identidad cultural de Huánuco, uniendo todos los elementos temáticos expuestos anteriormente. 

El Huayno es una danza-canción popular andina, una de las formas musicales más vivas y extendidas del Perú y regiones vecinas. Música de fiesta, comunidad y celebración. Aunque puede tener letras nostálgicas, su función es social y vital. Siempre está asociado al baile. Ritmo marcado y repetitivo. Compás binario o ternario con acentos característicos Carácter enérgico, impulsivo y afirmativo, En una sinfonía, el Huayno suele emplearse como movimiento final, aportando dinamismo, arraigo popular y cierre brillante.

                                                      Huayno

El último movimiento funciona como síntesis de los materiales precedentes. No se trata de una recapitulación literal, sino de una integración orgánica del material. La tensión se organiza hacia un desenlace progresivo. Mayor densidad sonora. Superposición de planos rítmicos y tímbricos. Resolución estructural más que emocional, coherente con la estética del compositor. Cierra la obra reafirmando su coherencia formal y su carácter intelectual.

Desde el punto de vista formal, la Sinfonía Huánuco reinterpreta el modelo sinfónico desde una óptica moderna. Sustituye el contraste temático clásico por la unidad motívica. Propone una visión de lo regional abstracta y no folclórica.

Holzmann evita la cita directa de melodías populares reconocibles, optando por una evocación abstracta del espacio andino mediante procedimientos formales y tímbricos. En este sentido, la obra se sitúa a medio camino entre la música absoluta, heredera de la tradición sinfónica europea y una sensibilidad americana expresada de forma intelectualizada.

El «Concierto de Calicanto para arpa y orquesta», compuesto en 1975, es otra obra emblemática de Holzmann, cuyo estreno mundial aconteció recientemente, el 26 de noviembre de 2025 en la ciudad de Huánuco.

En la «Tripartita Peruana» de 1976, obra orquestal con danzas folclóricas de Ayacucho se acogen elementos folklóricos de la sierra, la selva y la costa.

Entre sus obras sinfónicas de la última etapa, algunas estrenadas, y otras, la mayoría, por estrenar, tenemos en 1974 «Introitus et Contrapunctus para orquesta»; en 1975 «Varifórmulas», que recibió el primer premio en otro concurso convocado por el Patronato; en 1977, «Tientos, para orquesta»; en 1979, «Égloga para un alma en gloria», en el mismo año 1979 «Concierto para piano y orquesta»; en 1982, «Concierto en re para violín y orquesta»; en 1983, «Binomio sinfónico: Isotonium y Politonium»; en 1984, «Prolegómenos, para orquesta» y «Concierto de Cámara para dos Violines y Orquesta de Cuerdas», entre otras.

La «Sinfonía del Tercer Mundo» compuesta en 1979 fue estrenada por la Orquesta Sinfónica Nacional del Perú bajo la dirección de Carmen Moral y obtuvo el segundo premio en un concurso de composición en Lima en 1982,.

 La Sinfonía del Tercer Mundo es, ante todo, una obra de contenido ideológico y humanista. El título no es retórico, remite explícitamente a la situación histórica, social y política de los países periféricos en la segunda mitad del siglo XX. En Holzmann, el término “Tercer Mundo” no funciona como exotismo, sino como toma de posición ética, en consonancia con su pensamiento crítico y su sensibilidad hacia los conflictos sociales de América Latina.

Escrita dentro de su estética serial, aunque no dogmática. Uso de series dodecafónicas flexibles, con fuerte presencia de bloques sonoros densos, contrastes abruptos, ritmos incisivos y tensos. La expresividad es dramática, áspera y tensa, más cercana al expresionismo centroeuropeo que al nacionalismo musical.

                                          Rodolfo  Holzmann

La «Sinfonía concertante para flauta, oboe, corno y orquesta de cuerdas» fue compuesta en 1982. No hay evidencia de que exista grabación comercial de ella. Se sitúa en la tradición moderna del género. No es un concierto virtuoso convencional, sino una integración dialéctica entre uno o varios solistas y la orquesta dentro de una arquitectura sinfónica unitaria.

El protagonismo solista no es ornamental, funciona como agente estructural y discursivo. El material temático es tratado con procedimientos seriales, contrapuntísticos y rítmicos muy rigurosos. El diálogo entre solistas y orquesta es a menudo tenso y conflictivo, evitando la idea romántica de oposición brillante.

Rodolfo Holzmann es considerado uno de los pioneros de la música moderna en el Perú y una figura central en la transición hacia estéticas no nacionalistas. Su influencia se percibe tanto en su obra como en su magisterio, que contribuyó decisivamente a la consolidación de una generación de compositores peruanos abiertos a las vanguardias internacionales.

Aunque su música no ha sido tan difundida como la de otros autores, su figura ocupa un lugar esencial en la historia de la música académica peruana del siglo XX, como introductor del pensamiento musical contemporáneo y referente intelectual y artístico. Murió el 3 de abril de 1992 en Lima. Sus restos descansan en el cementerio de Conchamarca, en Huánuco.